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Vivir de lo que amas… a toda velocidad

Me ha costado muchos años darme cuenta de que mi excusa estrella para postergar mi proyecto ideal era en realidad un híbrido mortífero (vale, es una exageración, pero es que acabo de enterarme y ando un poco sensible…).

He leído que somos muy creativos a la hora de justificarnos para no hacer lo que amamos; y parece que hasta están catalogadas las excusas más comunes.

Fíjate si te suena alguno de los pretextos que te muestro a continuación. Los encontré en el libro de Raimón Samsó El código del dinero. Lo leí hace un año más o menos y me rompió la cabeza (por cierto, lo puedes encontrar en Internet).

  • A mi edad, ya es tarde para tener un negocio
  • Aún soy demasiado joven para emprender
  • No tengo experiencia ni conocimientos
  • Se necesita mucho dinero para empezar
  • Primero me formaré
  • Esperaré a que llegue la oportunidad
  • No tengo tiempo
  • Es muy arriesgado
  • Necesitaría mucha suerte
  • Ahora no es un buen momento
  • Tengo una hipoteca que pagar
  • Tengo una familia que mantener
  • Necesito tener un sueldo estable

¿Qué te parece? ¿Viste la tuya?

¿Y si de repente descubrieras que todas las excusas son falsas? ¡A mí me pasó! Y tuve que empezar a responsabilizarme de todos esos años en que decidí creerme las patrañas de mis mazmorras internas.

¡Juan Naranjo!

Y ahora sí: ¡te presento a Juan Naranjo! 😊 En este vídeo charlamos sobre cuáles son las principales excusas para no emprender. Y Juan describe el circuito más usual que seguimos a la hora de estamparnos. La hoja de ruta de nuestro fracaso plagada de justificaciones. ¡Ver para evitar!

Mi excusa

Al principio creía que mis puertas de emergencia preferidas para abdicar eran: “no tengo dinero” y “no tengo tiempo”. Estas frases han resonado decenas de veces en mi cabeza: cuando quise escribir un libro, crear una revista, impartir un curso… Al abandonar el proyecto, en todos los casos, me esperaba un batacazo emocional igual de heavy que el subidón inicial. Qué frustración. ¿En serio, Ana Claudia, otra vez?

Hasta que, hace apenas unos días, descubrí cuál es mi excusa estelar de los últimos años. Es un argumento insoportable: TENGO PRISA. Prisa por materializar un proyecto y así hacer “check” en mi lista de cosas por hacer en la vida – ¡Dale, que vamos tarde en esto de realizarse en lo laboral! Y prisa además por conseguir que sea rentable y así poder ganarme la vida con lo que realmente disfruto.

Correr, correr, correr. Sin paciencia ni constancia, y mucho menos sin planificación, ¿qué pretendía conseguir? Aceptaba siempre proyectos insulsos que me tranquilizaban a corto plazo, pero que nunca me llenaban.

¿Te suena?

Si hubiera sido un poco honesta conmigo misma hubiera descubierto el miedo que se escondía detrás de esa prisa (que viva el PNL y la conjugación en pasado 💪). Pánico a enfrentarme a lo desconocido… o a no ser suficiente.

La contracara de la velocidad

A lo mejor el rollito slow no es lo tuyo, pero todos sabemos que correr no suele ser la opción más inteligente. Y Juan estuvo allí para demostrarme muy gráficamente por qué mis ganas de resolver todo al instante eran igual a estrellarse contra un muro. A toda velocidad y quizás con un coche de primera, pero estrellarse al fin y al cabo.

A Juan le encantan las metáforas. Yo de ésta, no me olvidaré nunca:

El diálogo ficticio sería más o menos así:

—Vamos a correr la maratón de Nueva York, 42km. ¿Lo preparamos para mayo de 2019?

—¡No! —diría yo— ¡Vamos a hacerlo ya! ¡Mayo de 2018!

—Vale, pues mañana nos levantamos temprano para ir a correr, 20km.

—Pero si no me he entrenado…

—No te preocupes, lo importante es ir rápido, como has dicho.

“Será un milagro si llegas viva al kilómetro 10, sin vomitar, sin rampas…”, sigue Juan con su historia. “¡Pero lo estaremos haciendo rápido, como tú quieres! Aunque estarás destrozada, sin energía, sin foco”.

—Ana Claudia, vamos a correr— me diría a la mañana siguiente. —Bien temprano mejor, porque estarás más fresca. Venga, desayuna fuerte y vámonos. Pero hoy no haremos 20 km, sino 30. ¡Porque tenemos prisa!

“No vas a llegar ni al tercer día”, dice Juan. Y sonríe. “Me dirás que corra la maratón con mi padre. Y abandonarás”.

❤ La entrevista la hicimos en el Bed&Breakfast Ca la Maria, que está en Barcelona, y que es irresistible por su comida, por su terraza gigante, por el estilazo de su decoración y, sobre todo, por su amor. ¡Gracias chicas por compartir vuestro espacio con nosotros!

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