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Ana Claudia Rodríguez

¿Por qué algunas personas se reponen antes que otras? 6 hábitos para alcanzar la resiliencia

Cuarentena y resiliencia

Hace unos días mi pareja me preguntó “¿y si subimos la hamaca al terrado?”. Y, un rato después, cuando me vi balanceándome en lo alto del edificio, me di cuenta de que hacía menos de un año yo descansaba sobre otra hamaca, en otra parte del mundo, rodeada de naturaleza, libre y feliz.

Y entonces comprobé cómo durante el confinamiento hemos sido capaces de adaptarnos e improvisar con los recursos que teníamos a mano. Sin quererlo, mi pareja había seguido uno de los principios básicos de la resiliencia: ingeniárselas con lo que hay. Hamacarte sobre el cemento, hacer pizza con harina de maíz o soplar las velas a través de la pantalla. Construir con lo que tienes a tu alcance para recomponer poco a poco tu normalidad.

Luego la curiosidad fue a más. ¿Qué otras habilidades puedo entrenar para recuperarme más fácilmente de las dificultades? Y lo que encontré son un montón de estrategias y de buenas noticias. En este artículo te cuento lo que averigüé.

Resiliencia: el palabro de moda

Hace años que el mundo empresarial nos pide ser más resilientes: saber recobrarnos mejor de las adversidades. La diferencia ahora, tras la cuarentena, es que la vida en todos sus ámbitos parece demandarnos esta cualidad.  La resiliencia es un concepto en auge, la puerta que debemos abrir para superar un despido en el trabajo, una ruptura amorosa o la muerte de un ser querido.

Al indagar, lo primero que me pregunté fue: ¿Por qué algunas personas se recuperan de los malos momentos con más rapidez y facilidad? ¿Qué hace que algunos caigan y otros se levanten con más fuerza?

La respuesta es simple: la resiliencia y la genética se llevan bien.

Y eso es cierto, pero a la vez, no lo es. Porque si bien nuestros genes marcan una predisposición inicial para que nos recuperemos mejor, dicen los estudios que esta ventaja natural no es demasiado importante porque, básicamente, la resiliencia se puede aprender y se puede entrenar.

Hay dos formas de ser más resiliente, una es hablándote a ti mismo, la otra es reeducando tu cerebro

Daniel Goleman

De hecho, aunque de nacimiento tengas una predisposición más favorable, si no trabajas el músculo no habrá nada que hacer: serás probablemente un peso pluma de la resiliencia. Según la especialista Diane L Coutu, las personas con mayores dificultades en la vida son proclives a ser más resilientes que aquellas otras que siempre han tenido una vida confortable y sin preocupaciones.

Así que, si estás con problemas, resulta que puedes convertirte en el ninja de la recuperación. Las dificultades serán estimulantes para ti. Solo deberás entrenar para estar en forma.

¿Y cómo ejercitar la resiliencia? Vamos allá.

Por si prefieres, aquí tienes el vídeo 👇

1. Burbuja protectora

¿Cuál es uno de los colectivos más resilientes por antonomasia en nuestra historia reciente? Eso es: los supervivientes sanos de los campos de concentración. Por eso el Instituto Psicoanalítico de Boston realizó una investigación para descubrir qué tenían en común. Descubrieron que durante el Holocausto todos ellos supieron construirse una especie de burbuja protectora que más tarde les haría más fácil la recuperación. Era una armadura formada por tres elementos:

El humor

“¿Que tienen en común las zapatillas deportivas con los judíos? Que es más fácil encontrarlos en 39 que en 45”. Los chistes –sobre todo con humor negro- se han usado como estrategia de supervivencia en todas las desgracias.

(Después del tsunami destructivo de 2011 se leían tweets como éste: “En Japón son realmente avanzados. Ellos no van a la playa, la playa viene a ellos”. O, después del 11S: “¿En que se parecen las torres gemelas a los Kinder Sorpresa? En que los dos tienen un avioncito dentro”).

La risa nos sirve para conjurar nuestros miedos, para manejar el terror, hacer catarsis y relajar el estrés emocional. ¿Te acuerdas de los memes de los ataúdes en pleno auge de la cuarentena?

Los vínculos

La capacidad de formar vínculos con otras personas es una fuente de fortaleza.

Para saber qué efectos tienen las relaciones sociales en las personas, la Universidad de Carnegie Mellon expuso a más de 200 voluntarios sanos al virus del resfriado y descubrió que cuanta más diversa era la red social del individuo, menos posibilidades tenía de desarrollar la enfermedad.

Además de ser más saludables, el estudio concluyó que los que más lazos generan, más emociones positivas tienen.

Espacio interior

Otro de los puntos clave para la resiliencia entre los supervivientes del Holocausto era que tenían un espacio psicológico interior que les ayudaba a protegerse de las intrusiones externas: pasara lo que pasara afuera, les blindaba su refugio íntimo y personal.

2. Visión realista 

(Otro mito bombardeado)

La resiliencia suele asociarse con una visión optimista de la vida. Y eso es cierto, siempre y cuando ese optimismo no te impida ver la realidad tal como es y te empuje a tomar decisiones equivocadas.

¿Quién no se ha encontrado enfangado hasta el cuello después de realizar un pronóstico demasiado positivo de su situación? Un amigo artista, por ejemplo, se tuvo que poner a fregar platos en un restaurante de un día para el otro, porque la esperanza de que apareciera el comprador de un cuadro “cuando menos te lo esperes” nunca se hizo realidad.


¿Estoy completamente seguro de entender y aceptar qué es lo que me está ocurriendo?

Y es que a menudo la negación es un mecanismo del que nos servimos los seres humanos para sobrellevar situaciones que son muy complicadas de ver y asimilar. Sin embargo, los estudios señalan que las personas resilientes son aquellas que tienen una visión muy serena y realista de los aspectos más críticos o estratégicos de la vida.

Decía George Ward que “el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”.

Para estar seguro de que el optimismo no lo distorsiona todo, puedes recurrir a esta pregunta: ¿Estoy completamente seguro de entender y aceptar qué es lo que me está ocurriendo?

3. Resiliencia e improvisación

Hace poco vi una foto en la prensa de una propietaria de un piso de alquiler en AirBnB que, visto lo visto, decidió arremangarse e irse a recoger fruta para pagar las facturas. En la imagen aparecía en medio del campo y con una mascarilla. Sonreía.

Resiliencia es recuperarse, no es aguantar

No es que la buena mujer vaya a contracorriente: en realidad la capacidad de improvisar soluciones es innata en los seres humanos. Lo que ocurre es que, al hacernos mayores, y a fuerza de repetir los mismos hábitos y tareas, nuestro margen para imaginar y romper moldes se va estrechando.

La propuesta es que ensayemos la flexibilidad y la acción fuera de lo planeado, sobre todo ante situaciones inesperadas. La consigna es: Improvisa, improvisa, improvisa. No te olvides que resileincia es recuperarse, no aguantar.

4. Un sentido mayor

“Si quieres sobrevivir, tienes que encontrar un sentido a tu vida”. Se lo dijo a sí mismo Victor E Frankl, un psiquiatra austríaco que sobrevivió a Auschwitz, un día especialmente duro en el campo de concentración. Sentía que su vida carecía de valor. Entonces, Frankl se esforzó en visualizarse a sí mismo después de la guerra dando clases para ayudar a antiguos prisioneros en su proceso de recuperación.

Ya en libertad, publicó una veintena de libros (entre ellos El hombre en busca de sentido), dirigió una clínica neurológica de Viena, recibió numerosos galardones y, hasta sus 87 años, dio clases en varias universidades, Standford, Viena, Harvard.

La advertencia, según los expertos, es que este nuevo sentido no siempre será fácil de encontrar: a veces será escurridizo y otras veces se deberá renovar con frecuencia. En cualquier caso, redescubrir una nueva misión, un nuevo objetivo, te servirá para entrenar la resiliencia, recuperarte de un tropiezo desastroso y reavivar el entusiasmo.

5. Your best friend

“Hay dos formas de ser más resiliente, una es hablándote a ti mismo, la otra es reeducando tu cerebro”. Así describe Daniel Goleman, el crack estadounidense de la inteligencia emocional, las dos vías que, según él, existen para ser más resiliente y sobreponerse de los fracasos.

Su primera invitación consiste en que te hables a ti mismo como si fueras tu mejor amigo. Es decir, que te facilites una versión de los hechos que contrarreste los pensamientos negativos. Es el viejo truco de contraatacar a la mente tremendista con una perspectiva positiva de la realidad. “Pronto encontrarás un trabajo y será mejor que el anterior” o “todo período de crisis tiene una fecha de caducidad”.

6. Altera tu cerebro

La segunda propuesta de Goleman para tener más resiliencia tiene que ver con cambiar nuestros circuitos cerebrales. ¿Hace falta? Parece que sí.

Según datos del neurocientífico Richard Davison de la Universidad de Wisconsin, cuando estamos alterados aumenta la actividad del área derecha de nuestro cerebro prefrontal. Y la salvación viene de muy cerca: del área izquierda, que es donde se encuentran todos los circuitos que nos permiten volver a un estado de concentración y energía. A la derecha, el descontrol; a la izquierda, la vía para la recuperación.

La resiliencia y el mindfulness

Para pacificar la zona derecha de nuestro cerebro, expertos de la Universidad de Massachusetts experimentaron durante ocho semanas con los empleados de una empresa. Los participantes debían practicar el mindfulness durante 30 minutos. Y al finalizar el experimento dieron con el resultado feliz: todos registraban mayor actividad en el área izquierda de su cerebro, tenían más energía y más capacidad de restablecerse ante el estrés.

Si quieres probar, las instrucciones eran sencillas (aparecen en el libro Resiliencia, de la Harvard Business Review Press):

  1. Encuentra un lugar tranquilo y a solas donde puedas evitar las distracciones durante unos minutos.
  2. Siéntate cómodamente, con la espalda recta pero relajada.
  3. Concentra tu experiencia en el acto de respirar, permaneciendo atento a las sensaciones de la exhalación y la inhalación.
  4. No juzgues tu respiración ni intentes cambiarla de ninguna manera. Considera todo lo que venga a la mente como una distracción (pensamientos, sonidos, cualquier cosa). Deja que se vaya y presta atención nuevamente a tu respiración.

Nota para exigentes: Ser una persona resiliente no significa que no sientas dolor ni angustia en una situación enredada. Es, más bien,aceptar ese dolor y adaptarse a las nuevas condiciones de la mejor forma para salir reforzado. En este sentido, la cuarentena ha sido el escenario ideal para practicar. Por eso cuando volvamos seremos distintos y, aun sin quererlo, también seremos mejores.

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Cómo dar esquinazo a la preocupación: el circuito salvador

—¿Te has fijado que siempre tienes una preocupación en mente?

La frase que me dijo David me cayó como un bombazo. Me dio vergüenza verme reconocida al instante, pero esa misma vergüenza me impulsó a investigar: ¿De dónde viene y cómo funciona la preocupación? ¿Cómo podemos esquivarla? ¿Qué estudios existen y cuáles son las últimas propuestas? Y al final de la indagación hubo premio: descubrí que el cerebro es un laberinto del que, por suerte, podemos salir a través de un circuito salvador (Gracias Borkovec, Covey y Carlson).

Pero vayamos al inicio de esta historia de descubrimiento. Todo empezó hace unos cinco años, cuando David, el amigo de una amiga, estuvo en casa pasando unos días mientras encontraba un piso de alquiler. Durante su estancia, solíamos encontrarnos en la cocina al acabar el día para repasar qué tal había ido la jornada. Nos contábamos, nos desahogábamos y nos dábamos ánimos. Todo bastante previsible hasta que un día David (David, a quien casi no conocía; David, un mocoso veinteañero) soltaría la frase lapidaria que flagelaría mi corazón.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Ya sabes, el sol que entra por la ventana, el mantel de flores, la temperatura perfecta. Y David de pie, que de repente y sin apenas pestañear, apreta suavemente el botón asesino: “¿Te has fijado que siempre tienes una preocupación en mente?”. Boom. Mi reacción fue inclinar la cabeza y abrir mucho los ojos. “Enlazas un tema con el otro y siempre andas preocupada”, remató, como si no hubiera quedado claro.

Yo, en el espejo de la preocupación

Tras el cuchillazo, lo peor es que me reconocí. Me preocupaba por mi futuro laboral, por la gravedad en mis carnes, por llegar a fin de mes, por mi miopía galopante, por la relación con mi prima, por mi vecino ruidoso, por las vacaciones, por la salud de mi madre, porque se me caía mucho el pelo. Y así. El mocoso veinteañero tenía toda la razón.

Así que me puse a indagar. “A ver, esto de la preocupación, ¿qué es?”.

Lo primero que hice fue buscar en el diccionario. Preocupación. Estado de desasosiego, inquietud o temor producido ante una situación difícil o un problema. “Está muy bien”, me dije, “pero no puede ser que tenga el mismo malestar si no encontré aún zapatos para la boda de mi amiga, que si mi abuelo está grave en el hospital”. No, no, no.

Borkovec: las tres sendas de la preocupación

La confusión se fue aclarando gracias al psicólogo John Borkovec, que indica los tres caminos que toma la preocupación:

a. Pensar de forma recurrente

El azote clásico es el pensamiento insistente y negativo (lástima: no nos aferramos con tanto ahínco a lo positivo). Por ejemplo: “Le caí mal”, “no me va a dar tiempo”, “al final me van a echar”.

b. Evitar los resultados negativos

La obsesión llega porque hay una situación que no queremos que ocurra por nada del mundo. “No quiero suspender”, “no quiero que se enfade”, “no quiero quedarme sin trabajo”.

¿Por qué tanto terror? En nuestra cabeza no nos damos permiso para ese fracaso, porque pensamos que será el inicio de una concatenación de desgracias que nos llevará a estados extremos. Siguiendo el ejemplo: “no quiero que me echen, porque entonces me quedaré sin dinero, estaré insoportable y mi relación de pareja no lo va a sostener. Me quedaré pobre y sola”. Es la bola de nieve en su máxima expresión (con taquicardia incluida).  

c. Inhibir las emociones

Es decir, cuando te haces el despistado con un problema a resolver, te empeñas en “esconder” la preocupación, pero tu cuerpo se encarga de acumular toda la tensión. Tu cabeza se hace la sueca y tu cuerpo anda más duro que un palo.

Liberarse de la preocupación: las claves

Uno de los experimentos realizados sobre la preocupación demostró que el mindfulness o la meditación son herramientas eficaces porque ayudan a llevar a la mente hacia otro lugar. Es simple: te permiten distraer conscientemente la atención. Si estás clavado en el “qué será de mí” puedes deslizar tus neuronas con facilidad hasta el “qué receta se me ocurre para la comida de hoy” o, en el mejor de los casos, hasta el silencio.

También te puedes ayudar de recursos externos: fíjate en las modas que surgen para “apagar el cerebro”, como aquellos acuarios gigantes donde hipnotizarse mirando peces o los libros de colorear para adultos.

Pero, ojo, no todo el monte es orégano. Esta evasión es un remedio momentáneo, una tirita de primeros auxilios. Lo ideal, dicen los expertos, es plantarle cara al problema (y el experto Kerkhof dirá luego cómo).

Preocuparse es como una adicción. Necesitas tiempo para enseñarte a deshacerte de ella

Ad Kerkhof, psicólogo de la Universidad Vrije en Ámsterdam, e investigador del fenómeno hace tres décadas

Al tormento, hay que mirarlo a los ojos y cogerlo por los cuernos, siempre y cuando se trate de aspectos y circunstancias sobre los que tenemos influencia y podemos modificar. Steve Covey, en su libro Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, lo llama “círculo de influencia” y son todas esas cosas que sí podemos cambiar (voy al oftalmólogo para frenar la miopía, busco otro trabajo para completar mis ingresos, me apunto al gimnasio para delimitar bien mis bien mis contornos de mujer madura).

En el otro extremo Convey distingue el “círculo de preocupación”, que engloba a todos aquellos aspectos que no dependen de nosotros, como por ejemplo la crisis económica o el índice de paro.

Después de leer esta distinción, me interesé: ¿en qué tipo de preocupación invierto la mayor parte de mi tiempo y mi energía? ¿en las cuestiones de mi círculo de influencia o de mi círculo de preocupación? Y caí en la cuenta de mi naufragio con el recuerdo de David: “Enlazas un tema con el otro y siempre andas preocupada”. Más tarde, el psicólogo Richard Carlson me rescataría del hundimiento con una pregunta que me partiría en dos.

El circuito salvador

Tres pasos para alejarse de la preocupación:

1. La pregunta clave

Hace un tiempo entrevisté al autor Sergi Torres, y el momento álgido del encuentro fue cuando escuché: “Los seres humanos somos felices pero no nos damos cuenta”. Nuestra mente está tan abocada al pasado y al futuro que, sencillamente, decía Torres, no nos percatamos de que nuestro presente discurre con total normalidad.

Pensé en ello al dar con la propuesta del psicólogo Richard Carlson en el libro No te ahogues en un vaso de agua. Cuando la encontré, cerré los ojos, di dos respiraciones profundas y me concentré en mi cuerpo. Cuando estuve focalizada totalmente en mí, entonces me hice la gran pregunta: ¿ESTOY BIEN AHORA? Es decir, ¿alguien te está incordiando?, ¿tienes algún dolor o molestia en este preciso momento?, ¿estás incómoda, Ana Claudia?

Si te animas a hacerlo y la respuesta a todo es no, ¡good news! Tu preocupación ahora mismo es virtual: está solo en tu mente. Y la batería que la alimenta son tus recuerdos del pasado o tus pensamientos proyectados a futuro.

Y aunque la teoría nos la sabemos, cuando caí en la cuenta en que ahora-estaba-bien fue curioso notar que de inmediato sentía un gran alivio y que mi cuerpo se relajaba.

Si esa pregunta no es suficiente para ti, puedes continuar con esta otra: “¿esto que me preocupa es realmente importante?”. Para dimensionar mejor lo que te ocurre, vuelve a interrogarte: ¿de aquí a un año esto seguirá siendo tan importante? ¡Ah, estas preguntas no fallan! Comprobarás que con la distancia somos mejores evaluadores.

2. Lo peor

¿Y luego, qué va a pasar? Eso me preguntaba yo hacía muchos años, cuando quería dejar mi trabajo fijo y no me atrevía. La preocupación por el futuro no me dejaba en paz. “Quizás me quedo sin dinero, no me contrata nadie… me sale mal”. Y entonces decidí seguir tirando del hilo del razonamiento y ver qué ocurría. Me hice la segunda pregunta clave: ¿qué es lo peor que te puede pasar?

Por entonces, lo peor consistía en tener que volver a vivir con mis padres, yo y mis bolsillos pelados. O, un paso más, que mis padres me echaran de casa por cualquier motivo. Y barajando escenarios tétricos me di cuenta de que la última ficha de ese efecto dominó imaginario era la muerte. Es el punto final de cualquier drama moment: la preocupación hace tope allí.

¿Me fui demasiado lejos? Creo que sí.

Pero escucha esto: mucho antes de llegar al cementerio ocurre algo genial. Cuando imaginas escenarios fatalistas, encuentras de repente una gran fuerza para hacerles frente. Es una certeza que surge del interior y que dice: “no es para tanto, de esa situación también podrías salir”. Cuando hablas con los monstruos de frente, es así. La autoconfianza se pone de pie, reconoce tus capacidades y tus recursos y, ante el reto, lanza una carcajada feliz.

3. Ahora no

La preocupación va envenenada, y no solo porque trae mucho malestar, sino porque sus efectos te merman la capacidad de responder a los únicos problemas que sí puedes atender: los del presente.

Entiéndeme: ¿qué ocurre si estoy todo el tiempo inquieta con la cabeza como una olla de grillos? Absorbida por mis pensamientos negativos, cae en picado mi eficiencia cognitiva, mi flexibilidad o mi capacidad para empatizar con el otro. “Afecta a la productividad laboral y a las relaciones personales”, dice Graham Davey, profesor de psicología de la Universidad de Sussex, Reino Unido.

La clave es tener la confianza en que en el futuro (en tu presente del futuro) tendrás todos los recursos necesarios para hacer frente a lo que se te ponga por delante.

La preocupación no quita los problemas de mañana, te quita fuerza para los problemas de hoy

Otro experto es el psicólogo clínico Ad Kerkhof, de la Universidad Vrije de Ámsterdam, y lleva más de 30 años investigando este fenómeno. Kerkhof recomienda delimitar un tiempo determinado para manejar las preocupaciones: En concreto, dos períodos de 15 minutos al día, uno por la mañana y otro por la tarde, y nunca en lugares de descanso como la cama o el sofá. “Debes dedicar únicamente ese tiempo a preocuparte. De esa manera estableces una misión y después puedes desconectar hasta el próximo tiempo de preocupación”, dice el psicólogo.

Y si la preocupación insiste, hay que repetirle: “Ahora, no. No es el momento de preocuparse”.

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Pensamientos negativos: desactívalos con estas 5 técnicas probadas

Los pensamientos negativos suelen ser muy pesados porque durante mucho tiempo “les hemos dado de comer”. Es decir, los hemos alimentado a través de la repetición y del permiso: son pájaros negros a los que les hemos dejado deambular a su antojo por nuestra mente y poco a poco se han convertido en verdaderos King Kongs.

Cuando los pensamientos son así de poderosos se permiten muchas licencias. Por ejemplo, aparecen de repente, casi sin que te des cuenta, y toman el control de cualquier tipo de situación. Sobre todo aparecen cuando al fin te has decidido a salir de tu zona de confort o cuando tu ego detecta una inseguridad. Y allí, ya lo sabrás, son como un pulpo en la cara: se adhieren y no te dejan ver.

Para quitarles fuerza y recuperar las riendas de tu mente, aquí te dejo cinco ejercicios muy eficaces. Como bonus extra, he incluido una reprogramación muy peculiar, inventada por Milton Erickson, considerado el padre de la hipnosis moderna. No te la pierdas 😉

[Si prefieres, encontrarás todo esto en un vídeo, abajo del todo]

1. ¡STOP!

La técnica de parada.

La Universidad de Yale, a través de su curso The Science of Well-Being, difunde un recurso muy útil para mantener lejos el pensamiento oscuro: conocida como “técnica de parada”, es una técnica cognitivo-conductual que consiste en parar los pies a los pensamientos negativos, literalmente, y sustituirlos por otros mejores y más adaptativos.

La propuesta sería así:

Puedes seguir estos pasos:

  1. Identifica el pensamiento negativo.
  2. Di “stop” o “basta”, si puede ser en voz alta, en cuanto los hayas visto.  
  3. Acompaña la palabra elegida con un estímulo físico que ayude a interrumpir este martilleo interno. Puede ser un pellizco o una palmada.
  4. Cambia de actividad, en lo posible.
  5. Intenta contrarrestar el pensamiento negativo, por ejemplo, con una afirmación positiva.

Para que el pensamiento recurrente entienda que se tiene marchar, insiste con la práctica de esta técnica. Al poco, tu mente cederá y se alivianará.

2. La inversión

Dale la vuelta al pensamiento negativo.

Un pensamiento es inofensivo a menos que creamos que es cierto. Cuando sufrimos con nuestros pensamientos es porque asumimos que son verdad. La mayoría de las veces no indagamos ni un poquito, y sin embargo les damos todo el poder.

Como tantos maestro señalan, los pensamientos son como la brisa o las hojas de los árboles: aparecen sin más, y mediante la indagación, hasta podemos amistarnos con ellos. Decía Byrton Katie en su libro El trabajo: “Yo no dejo ir mis pensamientos: los recibo con comprensión. Luego ellos me dejan ir a mí”.

Preguntas indagadoras

Cuando te acechen los pensamientos negativos, hazte estas preguntas en cuatro pasos:

  1. ¿Es verdad? (Sí o no. Si es no, continúa con la pregunta 3).
  2. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza? (Sí o no).
  3. ¿Cómo reaccionas? ¿Qué sucede cuando crees en ese pensamiento?
  4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

3. La química

Muévete y cambia tu cerebro.

El movimiento del cuerpo afecta a tus pensamientos. Entre otras cosas, ponerte en marcha aumenta los niveles de serotonina y reduce el cortisol, es decir, reduce el estrés y aumenta tu sensación de bienestar. La neurociencia ha puesto en evidencia millones de veces que practicar algún deporte actúa de manera directa sobre el funcionamiento del cerebro porque altera su química.

Así que si tus pensamientos empiezan a hacer de las suyas, baila, haz yoga o indaga en las propuestas que tiene Internet para moverte (¿tango?, ¿aikido?, ¿zumba?). Si pones al cuerpo al control, obtendrás buenos resultados y podrás salir de ese callejón mental sin salida. 

4. Disco rayado

Repite afirmaciones positivas.

Si tu mente está en modo disco rayado y no la puedes hacer parar, dale material del bueno para que repita. No olvides que el pensamiento negativo suele ser un hábito aprendido y que le puedes dar una vuelta de tortilla ayudándote de afirmaciones positivas.

Es decir: puedes programar tu mente para que trabaje en base a una idea determinada.

Cuando prepares tu mantra particular (“mantra” quiere decir “libertad de la mente” en sánscrito), recuerda hacerlo en positivo y en tiempo presente, como si lo que estuvieras diciendo ya estuviera ocurriendo; y sé breve y específico.

Aquí te dejo algunos ejemplos:

  • Soy una persona muy capaz y puedo hacer frente a cualquier cosa
  • Todos los cambios que tengo ante mí en la vida son positivos
  • Me libero de antiguos patrones.  Me deshago de ellos sin esfuerzo.
  • Soy talentosa y aprendo cada día nuevas formas de apreciarme.
  • Soy perfecta y completa tal y como soy.
  • Soy única y soy muy valiosa.
  • Confío en mi fortaleza interior y me supero a mí misma.

Cuando lo tengas listo, puedes apuntarlo y dejarlo en un lugar bien visible: en el fondo de escritorio de tu ordenador, en una pared que mires a menudo o en tu móvil. Si quieres, puedes hacerte una rutina diaria, repitiendo tu afirmación cinco minutos tres veces al día por ejemplo.

5. Cambia el estímulo

Evita los disparadores y potencia lo positivo.

En muchas ocasiones, sin darnos cuenta, llamamos a los pensamientos negativos: aparecen después de elegir determinada canción, un libro concreto o una serie demasiado gris. También pueden aparecer después de hablar con ciertas personas negativas. Evita estos estímulos y, por el contrario, potencia lo positivo en tu vida.

Un ejemplo de cómo influye el “alimento interno” que elegimos cada día, es el del pintor catalán Joan Miró. El artista, en su madurez, vivía retirado y sus inputs eran la naturaleza, la música clásica y la poesía. Las obras que generó fueron excepcionales.  

👉 Aquí te dejo un link con entrevistas estimulantes para que nutras tu interior con motivación:  https://www.ysiderepente.com/inspirate/

*Reprográmate. 5+4+3+2+1

El aquí y ahora de Erickson.

Milton Erickson (1901-1977) fue un médico y psicólogo estadounidense muy reconocido por difundir la hipnosis como herramienta terapéutica.

Al contrario que Freud, Erickson no le daba demasiada importancia al pasado, y reinvidicaba el lugar del presente, precisamente donde los pensamientos negativos nos atenazan. Por eso hizo importantes aportes para poder neutralizarlos: la programación neurolingüística, por ejemplo, o la terapia breve centrada en soluciones.

(El vídeo)

A continuación, te explico en el vídeo su técnica conocida como el Aquí y Ahora – 5+4+3+2+1. Es perfecta para calmar la mente, enfocar la atención hacia otro lado y lograr que los pensamientos negativos no nos atrapen como una telaraña.

(Si quieres cortar camino es en el minuto 8:55).

¿Conocías estas técnicas? Cuéntame si te animas a probarlas y qué resultados te dan. Me encantará leerte.  🙂

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Cuarentena: ¿qué nos salva de nuestras emociones? (según veteranos del encierro)

La cuarentena y las emociones

Necesitamos una cirugía social. La cuarentena nos acaba de lastimar en el órgano más sensible, el de la libertad, y andamos desperdigando emociones, desangrando furias y tristezas, en un gota a gota en contra del calendario.

La buena noticia es que, como casi siempre, sobre este pasto otros caminaron antes: otros se han visto en la tesitura del encierro, y la experiencia les ha llevado a encontrar antídotos precisos.

Un ejemplo es el de José O’Gorman, un paleontólogo de 35 años que visitó la Antártida hasta en nueve ocasiones. Imagínalo en una expedición a -23 ºC, con un temporal que de repente le para los pies, y obligado a pasar días y días recluido entre las cuatro paredes finas de su tienda de campaña.

Mientras esperaba que el clima le liberara de esa cuarentena tirana, O’Gorman descubrió cómo controlar la montaña rusa de sus emociones y descubrió sobre todo que después de un tiempo de encierro, las emociones no solo crecen, sino que se distorsionan y todo nos molesta más.

Y yo… doy fe.

Dice la psicóloga traspersonal Virgina Gawell que si estos días de pandemia sientes caos, es normal. Si estás perdido, es normal. Si sientes esperanza, desesperanza, esperanza, desesperanza… es normal.  “Uno está casi loco cuando las variables se rompen tanto. Hay que tenerse paciencia”. 

“En esta cuarentena las emociones son muy extremas y profundas”, dice Aníbal Marrón, terapeuta gestalt. “Por eso no podemos sostenerlas por mucho tiempo y, por eso, la rutina nos salva. Los quehaceres autoimpuestos nos distraen de alguna manera y nos permiten distanciarnos de tanta intensidad”. Así que durante el confinamiento, el horario se convierte, por así decirlo, en el colchón más fiable donde dejarse caer.  

Autocuidados de cuarentena: ¿Qué hacen los veteranos del encierro para no decaer?

Para esquivar la negrura, el paleontólogo O’Gorman usaba un recurso infalible: se repetía incansablemente la fórmula “esto pasará”. Así hackeaba su mente y evitaba el desborde. Además, aprovechaba para crear pensamientos generativos: ¿qué es lo que me gustaría cambiar de mi vida una vez finalice la reclusión?

Para ver cómo otros frenaron el desespero, te presento tres ejemplos más. Son personas que pasaron muchas veces por la limitación del espacio, clausurados por algún motivo durante días y días. Unos verdaderos veteranos del encierro.  

1. Una celda de 2,1 metros

En total, Nelson Mandela estuvo 27 años detrás de los barrotes. En la Isla Robben fue el preso 46664 y cuando entró, el carcelero le dijo: “Esto es una isla, aquí morirás”.

Pero Mandela no tenía intención de creerle. Así que para mantener el temple y los pensamientos oxigenados, durante todo ese tiempo se levantó a las 5 de la mañana. Corría en ese espacio diminuto 45 minutos y ejercitaba los músculos con 100 flexiones, 200 abdominales y 50 sentadillas. De lunes a jueves, la misma rutina sin excepción.

“El ejercicio disipa la tensión, que es el enemigo de la serenidad”, decía Mandela, que antes de entrar en prisión ya había descubierto, corriendo y boxeando, que tenía más claridad de pensamiento si mantenía la forma física.

2. Años de clausura

Véase aquí un aislamiento voluntario, pero no por eso menos difícil de domar. Las monjas de clausura de varios conventos españoles aparecen estos días en los diarios dando consejos sobre cómo lidiar con la cuarentena. Son, podríamos decir, expertas en el arte del encierro.

“Bordar, limpiar, orar”, dice una de ellas sobre cómo ocupa su día. Y todas coinciden en la fórmula del éxito: Hazte un plan, créate una rutina. Sobre todo levántate, come y acuéstate a la misma hora. Y protégete de lo que te pueda oscurecer los pensamientos, como los comentarios pesimistas, las discusiones o las películas de terror. Y no mates el tiempo –dicen- porque matar el tiempo es matar la vida.   

Para subir la energía hay diferentes estrategias: bailar, por ejemplo, o (como nuestro paleontólogo de la Antártida proponía) reflexionar sobre qué puedo cambiar en mí para ser mejor después de estos días. La introspección en una liana firme que nos puede sostener.

3. Cuarentena en la Antártida, otra vez

El Director de la Dirección Nacional Antártica, Mariano Memolli, decía en un reportaje para la revista Brando, que cuando permanecían recluidos muchos días en una base, y todos perdían hasta la noción del tiempo, él convocaba la reunión semanal los lunes a las 7.30h. Levantarse temprano era el antídoto para que su equipo no acabara deprimido.

Primero empiezas descuidando tu imagen –dice Memolli-, luego la actividad física, luego la intelectual, hasta que te desesperas y te rindes. Él propone realizar una rutina que canse el cuerpo, y leer o escribir como ejercicio mental para estirpar la tentación de pensar en bucle.  

Y si en esta cuarentena estás solo y te angustias, la recomendación de Memolli es que eches mano de un cable a tierra emocional: elige una canción que te guste, una película con final feliz o contacta con una persona positiva.

También en la Antártida, el buzo Fernando Cumil, llegó a otra conclusión: “Hay que identificar lo que yo llamo caprichos del ser humano. En la Antártida pasa mucho que uno quiere un huevo frito o verdura fresca y piensa meses y meses en eso y cuando vuelve al continente come ensalada durante una semana y después se olvida. Ahora, todos se quieren abrazar: la pregunta es si antes, cuando podían, también lo hacían o si es algo que uno quiere porque sabe que no se puede hacer”.

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Cambiar el mundo para vivir mejor: ¿por dónde empezamos?

Mi última charla durante las vacaciones fue con una pareja que vivió el mayo del 68 en París. Todo ese esplendor. Entre sidra y sidra, les pregunté “¿Cómo hacemos para vivir mejor, para cambiar el mundo, para estar más satisfechos con nosotros mismos?” La respuesta llegó al día siguiente, en el tren de vuelta a casa. Al abrir un folleto en inglés, leí esta entrevista y respiré. El camino es por aquí.

Scilla Elworthy, nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz: La receta de una experta

Scilla Elworthy tiene una respuesta firme sobre cómo la humanidad puede cambiar. No es un argumento repentino ni improvisado: Elworthy, activista nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz, consiguió entre otros logros reunir a los científicos más importantes responsables de las bombas nucleares de Rusia, de China y de Occidente. Quería saber qué les impulsaba y qué tenían en común. Y ellos le dieron la respuesta.

[Este texto es un extracto de la entrevista que apareció en la revista “Transform” (2019), editada por la fundación escocesa Findhorn.]

Pregunta: Es algo raro entre los activistas, pero usted enfatiza la importancia del trabajo interno de cada persona para cambiar el mundo. ¿Cómo puede nuestro trabajo personal contribuir a la paz?

Respuesta: Desde mi punto de vista, el trabajo interno es absolutamente esencial si queremos cambiar el mundo. Porque si intentamos cambiarlo mientras estamos dominados por el miedo o la ira, lo que haremos será proyectar, incluso inconscientemente, todo ese miedo y esa ira aquellas personas que vemos como responsables. Y así será imposible que se abra un diálogo constructivo: nada va cambiar.

P: ¿Alguna experiencia en primera persona?

R: En 1982 yo estaba furiosa porque se empezaban a desarrollar nuevas armas nucleares sin haber consultado al parlamento británico. Entonces empecé a investigar, averigüé quiénes habían tomado las decisiones e intenté entablar un diálogo con ellos. No hubo éxito. ¿Por qué? Porque estaba proyectando en ellos lo que yo llamaría “mi sombra”: dirigía mi oscuridad, mi ira, mi miedo, directamente sobre aquellas personas con la que deseaba hablar. Por supuesto, aunque lo intenté, la respuesta fue “no queremos hablar contigo”.

Si estamos dominados por el miedo o la ira será imposible que se abra un diálogo constructivo: nada va a cambiar

P: ¿Cómo consiguió finalmente reunirse con ellos?

R: Tuve que aprender a enfrentar mi propio lado oscuro; creo que todos deberíamos hacerlo si de verdad queremos ser efectivos y cambiar el mundo. Se trata de hablar con la otra persona sin juzgarle, y comunicarse con ella con el deseo profundo de que con esa conversación aparezca una nueva una clave, abra una nueva vía. Esa apertura, esa conexión amorosa, ¡es vital!

Elworthy fundó Peace Direct (2002) para promover los procesos de paz en áreas de conflicto, así como Rising Women Rising World (2013), and FemmeQ (2016)

P: ¿Con quién logró reunirse finalmente (e implicar en los diálogos por la paz)?

R: Hablé con militares muy destacados y también con los científicos que construyeron las ojivas nucleares, en todos los países nucleares: Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China, y luego también India y Pakistán. En realidad empecé a entrevistarlos por mi doctorado, y por eso les pregunté muy abiertamente por qué hacía lo que hacían. Porque la posición que ellos ocupaban era de mucha responsabilidad.

Y mientras ellos hablaban yo dibujaba mapas cognitivos, y eso me permitió identificar el lugar donde salían sus ideas, “la fuente”. En 12 de los 13 casos, esa fuente se sentía amenazada. Estas personas (hablaron sobre su infancia) crecieron sintiéndose amenazadas. Por eso las armas eran, en su opinión, la forma más potente de protegerse, a ellos mismos y a sus respectivos países.

P: ¿Y qué consecuencias tuvo ese encuentro?

R: Fue muy importante para mí poder escucharles con atención. No me convencieron de lo que estaban haciendo, pero esa escucha abierta les hizo sentir que yo no era solamente una objetora o una persona crítica. Así pudieron abrirse a otros encuentros posteriores muy fructíferos.

* Scilla Elworthy trabaja a través de varias organizaciones internacionales por la paz y es consejera para corporaciones mundiales, así como para estudiantes y jóvenes emprendedores sociales. Su último libro es The Business Plan for Peace: Building a World Without War (2017). Su creencia más sólida es que tanto el trabajo interior como el exterior son esenciales en la caja de herramientas de cualquiera que pretenda cambiar el mundo.

(Te puede interesar el artículo: ¡¿Por qué me cuesta tanto cambiar?!)

💡 “Hasta que no gestiones tu tiempo no podrás cambiar nada más” Para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas. ¿Nos ponemos en marcha ya?
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Decir que no: claves, disfraces y rebeldías

Cómo, cuándo y por qué bajarte del carro del sí – Entrevista a Raquel Ballesteros

Durante muchos años no pudo decir que no. Por eso Raquel Ballesteros se encontraba con demasiada frecuencia en situaciones extrañas. Como aquella vez que acabó organizando la fiesta de cumpleaños de alguien con quien, más bien, tenía poco contacto. Para ella, eso era el pan de cada día.

“Asumía responsabilidades que no eran las mías, simplemente porque no sabía decir que no”, me dice ahora Raquel, que es psicóloga y coach, y a quien conocí hace unos años por su libro ¡Camarero, este café está frío!

Del libro “¡Camarero, este café está frío!”, de Raquel Ballesteros

Es un libro encantador en el que, a través de viñetas, se ejemplifica cómo comunicar mejor en el día a día de nuestras relaciones personales. Con la pareja, los padres, los amigos o el jefe. Y decir que no, naturalmente, está en el índice:

  • ¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?
  • Estrategias para aprender a decir que no
  • Qué es lo que ocurre cuando de nuestros labios sale un “no”

En esta entrevista indagamos a fondo con Raquel. Y hablamos sobre algo más:

  • El coste que pagamos cuando no somos capaces de negarnos ante el otro. O ante nosotros mismos.

Decir que no: las consecuencias

¿Quieres ayudar en la mudanza de tu amiga pero también quieres ir a ese curso que tanto llevabas esperando? La mayoría de las veces, hay que elegir porque no tenemos suficiente tiempo para todo. Tus necesidades o las del otro. No hay salida: tienes que decir que no.

Como decía mi madre, no se puede ir a misa y repicar. Y yo juro que durante años intenté llevarle la contraria, hasta que un comentario subterráneo lo transformó todo, como cuando cambias de canal en la tele. Antes, corría como una loca para llegar a todo. ¿Qué me pasó?

  1. Cansancio. Estiraba el día al máximo e iba de un lado a otro para no perderme ni una. No dormía demasiado y arrastraba unas ojeras antológicas (siempre correctamente camufladas, eso sí).
  2. Ansiedad. Ya sabes, estar en una actividad pensando en la siguiente. El futuro, esa habitación que ocupas el 90% de tu día.
  3. Mediocridad. ¿Cómo haces para repartir tus 24 horas en setenta y siete planes? Fácil: lo haces todo por encima, para salir del paso. Pim-pam fuera.
  4. Dispersión. Lo bueno, es que recorres muchos caminos; lo malo, es que no le das la importancia necesaria a “tu camino”. Como no puedes elegir, probablemente tienes abandonado tu talento, al que en realidad deberías ocupar la gran parte de tus horas (si quieres estar pleno).
  5. Poca satisfacción.  Entiéndeme: si vas hecho polvo, taquicárdico y haciendo cosas que no te inflaman de pasión, y si además no hay pena ni gloria porque tu desempeño es regulín, pues la vida no es una senda de alegría y gozo, la verdad.

Así seguiría yo misma si no hubiera hablado con aquella argentina que, una tarde apacible de primavera, me noqueó con un golpe seco de sinceridad. 

Cuando hice el clic

Los primeros años de mi treintena yo andaba en Buenos Aires, probando cosas por aquí y por allá, siempre dentro del periodismo. En esa época, de algún modo, conseguí hacerle llegar mis textos a la redactora jefe de una revista y días después nos citamos en una cafetería.

—¿Qué te parecieron?—le pregunté, ya sentadas y con dos tazas delante.

Ella bajó la mirada.

—¿Querés que te sea sincera?— me dijo.

Yo abrí más los ojos. Tragué saliva y escuché el silencio que precede la tormenta. Entonces, ahora sí, ella me miró fijamente y pronunció solo tres palabras:  “Me esperaba más”.

Y lo que pasó a continuación fueron un montón de cosas relacionadas con la rabia, la vergüenza, la vanidad. Esa tarde cerré la boca para que no se viera cómo supuraba la herida por dentro. Pero más tarde conmigo misma reconocí que llevaba demasiado tiempo caminando con cierta inercia y que estaba muy alejada de lo que realmente quería hacer con mi vida.

¿Triste? Un poquito sí.

Por eso desplegué un plan para centrarme en lo que de verdad deseaba. Y la consecuencia fue que di tantos “no” como nunca antes. Y no solo fue decir que no a los otros, sino también a aquellos planes que yo misma urdía para evitarme focalizar.

Dice Raquel en la entrevista: “Cuando te conoces bien sabes establecer tus prioridades, sabes hacia dónde vas y no tienes dificultad en decir que no a todo aquello que se aparta del sentido de tu vida”. Y yo creo que tiene mucha razón.

Causas del “sí” culposo y soluciones para dejarlo atrás

A continuación, en la primera parte de la entrevista con Raquel Ballesteros, te dejo un repaso de las causas principales que nos alejan del no, así podrás identificar mejor a tu monstruito.

Aquí, el índice jugoso:

01:37 – ¿Decir que no? Los dos perfiles de personas
04:01 – “Lo que quiero es ayudar”
05:35 – ¿El conflicto es natural? La herencia familiar
06:50 – “No me quiero perder nada y arrepentirme”
08:17 – El miedo, la emoción central
10:43 – El escaqueo o cómo ahorrarse el fracaso
12:18 – ¿Cómo funciona la gente insistente? Sus trampas
13:50 – Sí se puede defraudar

Y a todo esto, en el segundo vídeo, le ponemos solución: hablamos de cómo aprender a decir que no (hay varias estrategias) y, alerta, de qué pasa cuando empiezas a hacerlo. Sobre todo, qué es lo que ocurre en tu entorno.

En el segundo vídeo encontrarás:

01:03 – El tipo de respuesta que juega a nuestro favor
(el “truqui” del vaso de agua)
02:03 – “Oye, tú, organízate mejor”
03:47 – El quid de la cuestión: ¿miedo o amor?
05:54 – Amable, honesto y claro (y sin justificación)
08:49 – Practica así posibles respuestas
10:07 – Lo que pasa cuando empiezo a decir que no
11:27 – Reconoce las manipulaciones
16:05 – Cómo lidiar con el miedo (sin hacer nada)

Perdón de antemano por el sonido de ultratumba: parece que Raquel y yo estamos en una nave. La próxima, forro las paredes con material anti-eco 😉

Para compensarte, te dejo aquí algunas frases de la conversación que me encantaron:

  • “A veces no podemos decir que no porque tenemos miedo al conflicto. Quizás de pequeños no nos enseñaron la idea del conflicto sano. ¿Hemos desarrollado habilidades para recibir una crítica y responder a eso?”.
  •  “Cuando decía todo el tiempo que sí mi vida se convertía en lo que querían los otros: mis planes, mi tiempo… siempre pensaba en los demás. Mi vida pasaba a un segundo plano”.
  • “Habrá momentos en los que compensará decir que sí. Lo que ocurre es que generalmente no lo hacemos libremente: lo hacemos desde el miedo”.
  • “Yo puedo con todo. El perfeccionismo nos impide decir que no. Es un patrón que hemos adoptado desde niños. Indica un miedo a renunciar”.
  • “Al decir que sí sistemáticamente, te desconectas de ti mismo para encajar”.

👉 Si quieres ir más profundo, en el workshop “Hackea tus horas, alcanza tus objetivos y sé feliz” nos centraremos en trabajar: 1) cuáles son tus metas 2) cómo superar las barreras que te separan de ellas 3) ¡alcanzar lo que quieres hacer en tu vida! Será en noviembre y solo para 10 personas. ¡No te quedes fuera!

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¿Tu proyecto laboral está parado? Descubre cuál es tu bloqueo (emocional)

Tengo un bloqueo, un bloqueo emocional, que no me deja avanzar en mi proyecto. Crisis en mayúscula o minúscula (da igual). Llevo mucho tiempo atascada, paralizada, hecha un mar de dudas. Días y días preguntándome: ¿qué me pasa? ¿cómo hago para destrabarme y continuar?

Supongo que todo esto te sonará. A mí me ha pasado la tira de veces. ¡La tira! Verdad que te preguntas “¿hay salida para esto o tendré que recular y planteármelo todo de cero?”.

Pues entonces give me five, porque somos del mismo club. 😉 Y fíjate lo contenta que me puse con lo que descubrí el otro día:

➡️ Descubrí que a veces nos confundimos y recurrimos a las soluciones equivocadas. Quién sabe por qué, acabamos tirando de bufanda en pleno agosto y creando corrientes de aire en casa cuando el termómetro está en negativo. Mec. Error. Aunque le pongamos mucho empeño, hasta la lana más cool acaba siendo un desastre a 35 grados. ¿A que sí?

➡️➡️ Por eso, para no cortocicuitar hay que saber antes de nada en qué estación estamos. Saber, por ejemplo, si en nuestro proyecto es primavera y hay flores por todos lados, y entonces hay que salir a pasear y tirarse en el césped con los amigos. O si es invierno y toca estar más calmo, junto al fuego, leyendo un libro en soledad.

¿En qué elemento estás tú?

Y ahora vamos al grano, que ya tengo ganas de contarte esta maravilla del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra. Los cuatro elementos te ayudarán a descubrir en qué momento estás para que puedas salir galopando de la crisis y sacarle máximo provecho a tu situación.

Dime: ¿en cuál de los cuatro elementos estás tú?


💡¿Qué vas encontrar en este post?💡

El mapa para deshacer el bloqueo emocional

  1. EL FUEGO O EL DESEO DE AVANZAR
  2. EL AGUA PARALIZADA Y LAS EMOCIONES
  3. CUANDO SE TRABA EL AIRE
  4. ¿TIENES UN BLOQUEO EMOCIONAL CON LA TIERRA?
  5. TIRAR ADELANTE UN PROYECTO: EL QUID
  6. * NOTA O LA FUENTE ESTELAR DE ESTE TEXTO

1. El fuego o el deseo de avanzar

  • ¿Cómo se manifiesta el Fuego a nivel creativo?

Es inconfundible: si estás fogoso, andas motivado hasta el infinito, tienes pasión a raudales y muchas ganas de llevar tu proyecto adelante. Como cuando empecé a pensar en crear Y SI DE REPENTE y una fuerza volcánica me empujaba a avanzar, expresarme y crecer.

Y aunque esa inspiración todavía no había tomado forma, no existía en el mundo entero bombero capaz de apagar ese furor. Palabra de motivada ✌️

  • ¿Qué hacer cuando estoy con energía Fuego?

Canalizar, canalizar y canalizar. Buscar un buen lugar donde volcar toda esa efervescencia ardiente. Yo me encerré con una amiga en una casa rural y durante tres días no paré hacer brainstormings, esquemas y borradores. Era eso o morir calcinada 😉

Y no te olvides: hay que encontrar un lugar donde volcar ese calor. El Fuego es solo la llama, la fuerza motora. (Mira esta imagen y alucina)

bloqueo emocional en el elemento fuego
  • ¿Qué pasa cuando el Fuego se apaga?

Voi-là, bloqueo emocional. Seguramente te sentirás descentrado, sin motivación ni espontaneidad: es el miedo a avanzar el que te pone palos en las ruedas. Hay una resistencia a traspasar una barrera, a romper un hábito antiguo, y la inseguridad le está ganando la partida a las ganas.

(Aquí te contaba lo que me pasó a mí y lo que tuve que hacer para poder seguir haciendo vídeos)

Pero si tenemos que encontrar la parte positiva de esta falta de Fuego (no hay mal que por bien bla bla) es que este enfriamiento te previene de tomar demasiados riesgos, pues seguramente hace rato habrás dejado de tomar iniciativas.

Y es que cuando nos subimos por las paredes de la emoción somos un poco kamizakes. Corremos hacia adelante a zancada limpia sin reparar demasiado en la realidad ni en el otro (más consideración, por favor). Sin contención, nos convertimos en un fogoso radical que al que lo único que le interesa es avanzar.

  • ¿Qué hago para recuperar el Fuego?

Con este bloqueo emocional los juicios campan a sus anchas y te limitan el ritmo. El Fuego activo permite el movimiento con plena confianza, pero si estás frenado, no irás ni para adelante ni para atrás. ¿Lo reconoces, verdad?  

Yo, que conste, estuve un tiempo laaaargo para grabar el segundo vídeo 😅 Tuve que echar mano de todos estos recursos para reactivar:

🔥 La palabra: es una gran aliada porque te echará una mano a la hora de identificar de dónde viene el miedo. Para tener más objetividad sobre tu bloqueo, pregúntate: ¿A qué le temo?

🔥 El juego: a veces expresar algo con palabras es demasiado fuerte y necesitamos un paso previo. Y en estos casos te recomiendo que pongas el cuerpo, literalmente: apúntate a todas aquellas actividades expresivas corporales que no impliquen juicio, como el juego o la danza. (Yo me apunté a clown y no sabes cómo llegué a hacer el saltimbanqui).

🔥 Un hobbie: para desbloquearte y volver a arder, necesitas hacer algo que te guste y que te permita recuperar la confianza en ti mismo. A veces no tenemos ni idea, ¿verdad? Pregúntate qué es lo que harías si no tuvieras ninguna obligación o si lo tuvieras todo, y ponte en marcha.

🔥 Un canal: una amiga valenciana me dijo un día “Si no saco este fuego, me voy a quemar por dentro”. Y yo estoy totalmente de acuerdo: hay que encontrar una actividad que le dé salida a tu énfasis. Analiza en qué posibles ámbitos te interesa concretar y, entonces, sí: ¡a arrasar se ha dicho!

¿Eres fogoso o pasas por un período on fire? Te vas a desenvolver a la perfección como líder, iniciador, inventor o emprendedor.

2. El agua paralizada y las emociones

¿Y si tengo el bloqueo en el Agua? Vamos allá:

  • ¿Cómo se manifiesta el Agua?

La característica clave del Agua son las emociones. Es decir, prepara los kleenex, porque estarás sensible, empático y muy emotivo. Yo digo “¡agua!” cuando recibo un comentario cualquiera y me desparramo de la emoción; cuando veo una película y siento e-xac-ta-men-te lo que siente el protagonista; o cuando se me pone la piel de gallina con un geranio. Ay.

También tendrás la imaginación a flor de piel y no será difícil para ti abstraerte y fantasear.   

  • ¿Qué pasa cuando el Agua desaparece?

Es el bloqueo por excelencia. Lo identificarás porque te sentirás como una piedra, frío y sin fluir ni en la bañera. “¡¿Por qué me pasa todo esto?!”, te preguntarás. Tres palabras: miedo a sentir (todo lo que tienes dentro).

  • ¿Y si estoy siempre en el Agua?

Si estás sumergido siempre en tu emocionalidad, lo más seguro es que acabes por evadirte para no estar en el presente y no sentir. Una de las probabilidades es que te pongas a imaginar otras realidades.

  • ¿Qué hago para salir del bloqueo del Agua?

🌊 Sentir. El agua puede atascarse por un shock. Por ejemplo, lo has dejado con la pareja y ya no puedes escribir más. Entonces lo más indicado es no presionarte ni querer encontrar la solución de inmediato. (¡De verdad! ¡No busques la salida ahora!).

Antes que nada tienes que ocuparte de sentir. ¿Eso cuesta, verdad? Para ponértelo más fácil, prueba a dar un paseo por la naturaleza, conectar con entornos de agua (nadar sería genial) o ponerte música relajante (¡nada de electrónica! Busca mejor un bit suave suavecito). Sea como sea, grábate esta frase: “Para salir del bloqueo emocional lo primero es aceptar lo que me está pasando por dentro”.

🌊 Postergar la palabra. Si bien analizar lo que te pasa es muy positivo, en tu caso primero tienes que sentir sí o sí. ¡Inmersión! Y es que a veces racionalizamos las emociones para evitar contactar con ellas. Ya sabes: si intelectualizas demasiado, desconectas. Fíjate que detrás de tu rabia, tu tristeza o rencor hay información muy valiosa, porque podrás descubrir dónde está tu dolor y qué lo despierta.

🌊 Intimidad. La soledad y la intimidad son buenos aliados para sentir y así disolver tu parálisis. Si quedas con una amiga (remember) no es para debatir mentalmente lo que ocurre, sino simplemente para sentir la cercanía del otro y que te sea más fácil contactar con tu interior.

Si estás en un período Agua, además de sensible y perceptivo, estarás muy creativo y te relacionarás muy bien con todo el mundo. Tu conexión con el otro es de 10 sobre 10.

3. Cuando se traba el Aire

  • ¿Cómo se manifiesta el Aire? ¡Serás el rey de las ideas y la imaginación! Pero no como en el elemento Agua (donde las ideas son más fantásticas o líricas), sino más bien en relación con los conceptos. El Aire es de naturaleza mental y te impulsará a organizar datos e información.
  • ¿Cómo aprovechar el Aire? Cuando estoy en un momento Aire siento que lo aprovecho al máximo con cualquier actividad que ponga en palabras y estructure los pensamientos. Todo es propicio para sentarse a pensar, hacer mind mappings, brainstromings, paneles de inspiración…
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  • ¿Qué pasa cuando el Aire desaparece? Que te va a costar pensar y tomar perspectiva de tu situación. Un bloqueo emocional en el Aire nos convierte en un caballo con la mirada cerrada que avanza con determinación y fuerza pero sin saber hacia dónde. Caminas pero no te hace preguntas: cero reformulación. ¡Ay, cuántas veces llegamos a una meta y descubrimos muy tarde que en realidad no nos interesaba en absoluto!

En un momento muy Aire, por el contrario, estás en la cabeza al 100%. Pero no te despistes porque el nervio intelectual te puede jugar malas pasadas: a veces preferirás más la estimulación del ejercicio mental que la propia materialización de sus ideas. (En este posts sobre la procrastinación, hablábamos de cómo preparamos eternamente un proyecto para no ejecutar). ¿Te ha pasado alguna vez?

“Nuestra sociedad es muy Fuego y Aire, porque es puro impacto rápido y poca profundidad” – MARTA LLEONART *


  • ¿Qué hacer para recuperar el Aire? Si bien el Aire empuja a elegir y a ordenar los propios pensamientos para poder plasmarlos, cuando está en bloqueo se queda paralizado y no hay acción.

Será el momento indicado para que te detengas y te preguntes: “¿Cuál es el objetivo de esta insistencia mental?” Así verás si tus ideas ya pueden aterrizar a la realidad. ¡Deja de pensar en cómo será la casa y empieza a dibujar el plano!

Y una consideración: Si bien cultivar el intelecto es espléndido para tu trabajo, la energía del Aire debe ir acompañada de otros aspectos como la operatividad, la empatía, la emocionalidad. Cerebro sí, pero en compañía. 👌

El pensamiento y el análisis serán tu terreno perfecto en momentos Aire. Sin duda serás el dominator de las ideas abstractas.

4. ¿Tienes un bloqueo emocional con la Tierra?

  • ¿Cómo se manifiesta la Tierra? Si tienes al elemento Tierra a tu favor, estarás consistente, seguro de ti mismo y muy práctico. Tendrás todo el flow para dar forma a la materia y concretar. Vamos, un crack. Y seguramente estarás tranquilo y paciente como una montaña en primavera. No te faltará la perseverancia.
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  • ¿Qué hago cuando la Tierra está a tope?  

Pues que vas a ser un hacha en esto de planificar, organizar horarios concretos, pautas fijas y útiles. Yo mi planning actual lo construí en un momento Tierra total en el que la agenda se rindió a mis pies. 😎

  • ¿Qué pasa cuando la Tierra se bloquea?

Lo que más cuesta en estos momentos de crisis es tomar iniciativa y arriesgarte. Tu capacidad de estar aquí y ahora la has llevado al extremo y estás demasiado fijo y un poco rígido. Te reconocerás bloqueado si le das mucho a la cabeza pero después del análisis no hay movimiento ni acción.

También puedes sentirte más lento, sin imaginación y con la llama de la pasión marchita. No te asustes: es la Tierra que se ha trabado porque se ha hecho demasiado sólida. 🗻

Vamos a ponerle remedio:

“Me cuesta lanzarme” es el bloqueo emocional típico del elemento Tierra

  • ¿Qué hacer para recuperar la Tierra?

Yo me cojo un buen libro y aparco mi cuerpo el sofá. Porque la Tierra se estimula al sentirse tranquila: por eso te recomiendo que te recluyas donde te sientas muy a gusto, para que te puedas relajar. Bajo presión, la Tierra no funciona. Demasiada tensión solo te agobiará más.

También podrás desbloquearte con las herramientas del Fuego (a través del juego, por ejemplo) y con actividades manuales o que te den placer corporal. Y para que te cueste menos moverte, prueba a marcarte objetivos pequeños. Good luck my friend!

En momentos Tierra hay que darle alas a la gestión, al liderazgo (desde la dirección y el orden) y a la organización. El perfil Tierra no es un gran protagonista; al contrario, prefieren la eficacia en un segundo plano.

5. Tirar adelante un proyecto: el quid

En mis sueños más intensos, soy una mezcla entre Einstein, Marilyn Monroe, Batman y Mafalda. O algo así. Logro combinar sin dificultad la potencia de los cuatro elementos para mi proyecto. ¿Te imaginas siempre con entusiasmo, imaginación, realismo y nuevas ideas? Yes!

Pero a veces, cuando me despierto, uno de estos personajes se ha ido y me siento débil porque no puedo avanzar sin él. Ahora me sale mejor: respiro y me doy cuenta muy rápido de su ausencia. Y entonces pienso en la mejor manera de traerlo de nuevo a casa, le llamo en voz alta y cuelgo guirnaldas en todas las habitaciones para cuando decida volver. ✨

6. Nota o la fuente estelar de este texto

Todo el conocimiento de este post está extraído de una bella conversación con Marta Lleonart, astróloga de la escuela Cosmograma. Dos días antes de la entrevista tropecé con su Facebook live sobre astrología y creatividad, y allí fue cuando descubrí que a cada elemento le corresponde un saber hacer. Y que todos, sin excepción, pasamos por todos los estadios. Gracias, Marta 💛  

Para los perspicaces, el Fuego es Aries, Leo y Sagitario; Agua es Cáncer, Escorpio y Piscis; el Aire es Géminis, Libra y Acuario; y Tauro, Virgo y Capricornio son signos de Tierra. Que vivan los astros. 
 
Por cierto, yo me atasco siempre en el agua, y tiendo a hiper-analizar mis emociones porque muchas veces me abruman. Tú, cuéntame, ¿con qué elemento te topas más a menudo y cómo lidias con eso?  
💡 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.


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Adictos al móvil. Desengancharse es más fácil de lo que pensamos

La propuesta del minimalismo digital para amar sanamente a tu smartphone

A veces las normas que nos hacen civilizados, sensatos y seguros saltan por los aires. Tarda demasiado en activarse nuestra alarma interna, y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde: ya te comiste esos tres bombones de más, fuiste sincero en exceso, o te estás tomando una cerveza extra que será, probablemente, la que triture tu promesa de fidelidad.

A mí me pasó el otro día. Me di cuenta demasiado tarde, cuando la tentación ya me había atrapado como arena movediza.

La escena del desliz fue simple:

Viernes. 23.30h. Yo, en el sofá. Mis ojos pegados a la pantalla del móvil. Estoy viendo el perfil de una chica irlandesa, que es la prima del novio de un “amigo” de Facebook.

Ya estamos otra vez.

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo puedo llevar una hora vagando por Facebook sin rumbo ni gozo? Me lo merezco. Me expuse demasiado: el sillón, la soledad y el teléfono. Un triángulo maldito que te lanza de cabeza al infierno digital.

Y es que todos corremos el riesgo de caer en las garras de la adicción al móvil: cuando dejamos de hacer tareas importantes por prestarle atención, cuando estamos nerviosos si no lo tenemos cerca, cuando nos quitamos horas de sueño, tenemos problemas con la pareja o lo miramos en situaciones peligrosas (cruzando la calle o montando en bici). El universo cuadrado nos somete y, a veces, sin que nos demos cuenta.

Minimalismo digital para desengancharte

Cal Newport, que es autor del libro Digital Minimalism: Choosing a Focused Life in a Noisy World dice que cuando estás desenganchándote de esa compulsión con el teléfono hay que ser más cuidadoso. Adictos al móvil warning: hay que substituir la atención a la pantalla por otra actividad y evitar en lo posible el vacío, porque si no llenas ese agujero negro digital con otra acción, irremediablemente sucumbirás. Sobre todo cuando eres un novato en esto de la desconexión.

Newport, que es profesor de informática de la Universidad de Georgetown y al que han bautizado como “la Marie Kondo de la tecnología”, dice más cosas. Esta es una selección de lo mejorcito:

Cinco eurekas sobre minimalismo digital

1. PROFECÍA

Según los vaticinios de Newport, a esta ansiedad que tenemos por lo digital le quedan los días contados: ocurrirá como pasó con la comida basura. Que después de atiborrarnos hasta el hartazgo y ver que no nos trae nada bueno, entonces viraremos hacia una moda light en teléfonos, internet e información digital.

¿Un poquito de spoiler?

Los estadounidenses, que ya hace mucho que son adictos al móvil porque siempre van adelantados una década con respecto al mundo, tienen ahora mismo a tres cuartas partes de sus ciudadanos buscando, como locos, métodos para desengancharse del móvil. Palabra de New Yorker.

2. DETOX

Lo que propone Newman para librarnos de la esclavitud de la pantallita es que pasemos por un proceso de desintoxicación de 30 días. El retorno –aclara- deberá ser lento y concienzudo para poder elegir cuidadosamente aquellos medios o redes sociales que más nos convienen de verdad.

En ese mes de abstinencia nos habremos dado cuenta de algo importante: que no pasa nada si no llevamos colgando a todos lados ese apéndice digital.

Eso sí, despídete para siempre de revisar tu móvil despreocupadamente (es una actividad “de baja calidad”) y de los chutes de dopamina inútil que recibes cada vez que consultas tus redes.

*Para que tu alma no se desgarre en el proceso 😉 más adelante te propongo algunos trucos de ayuda.

3. SOLUCIÓN MINI

El promedio de uso de facebook es de 9 horas al día, y eso se correlaciona con una mayor tasa de depresión. No lo dice Newport, sino un estudio reciente de la Universidad de Yale y de San Diego: “gran parte del deterioro tiene su origen en sus teléfonos”, dijeron los investigadores.

Para evitarlo, el minimalismo digital propone a los adictos al móvil invertir en cosas pequeñas, en aquellos pasatiempos que existían antes que Instagram &cia llegara a nuestras vidas. ¿Plantas? ¿Un libro? ¿un instrumento? ¿Unas cañas con los amigos? Volvamos a lo analógico para protegernos de la invasión de las nuevas tecnologías en nuestro paisaje cognitivo. Eso dice Newport.

4. FOMO

Fear of missing out o “qué miedo me da perderme algo sssúper interesante”. Por eso, asegura el autor del best-seller, muchas personas no podemos soltarnos de lo digital. ¿Cuál es el último topic trending? ¿cuántos likes consiguió mi foto? ¿quién es la it girl del momento o la peli que arrasa? ¡Ansiedad!

Hace unos años, cuando viví en Argentina, probé a estar varios meses sin leer el diario (yo, férvida periodista acostumbrada a consumir prensa de todos los colores cada mañana). ¿Resultado? Me enteré cuando se murió el entonces presidente, Néstor Kirchner; me enteré cuando hubo huelga y no funcionó el bus; me enteré cuando programó un concierto León Gieco.

No hubo consecuencias de mi desconexión. Es más, creo que disfrutaba todo más: las cosas, simplemente, venían a mí.

Adictos al móvil, adictos a la adrenalina

5. MI, ME, MÍ… MIEDO

No podemos arrancarnos el móvil de encima porque necesitamos un estímulo para mantener esa loca agitación del siglo XXI a la que estamos habituados.

El otro día me puse a pensar cuándo fue la última vez que me aburrí. ¿Cuándo fue la última vez que te aburriste, Ana Claudia? Y entonces, avergonzada, viajé durante una hora en metro con el móvil en el bolsillo. En el trayecto me di cuenta de que contestaba wasaps, leía el top 10 de El País o repasaba Facebook para tapar una basurilla interna que no tenía ganas de mirar. No recuerdo si tenía que ver con el trabajo, con mi pareja o con mi aspecto, qué sé yo. Pero sí que sé que me daba mucho palo y, sobre todo, mucho miedo ponerme a sentir todo eso.

—El mundo digital —pensé— esa coraza sofisticada.

6. NECESARIA O NO

Vale, no nos vamos a poner fundamentalistas. Las redes molan, wasap es la bomba y todo el conocimiento que tenemos disponible en Internet nos hace MUY afortunados.

Así que la cuestión, dice Newport, es saber diferenciar entre la tecnología necesaria y la opcional. La primera es el correo electrónico de tu trabajo o el wasap para hablar con tus padres. Ya me entiendes. Mientras que Pinterest o Snapchat y los memes y actualizar Instagram cada minuto… todo eso es totalmente prescindible.

¿Y cuando esto ya lo tenemos, cómo hacemos para no caer en la compulsión del momento? Allá vamos.

Siete salvavidas para no perecer en el océano digital

👉 Mantenlo lejos. Si quieres dejar de fumar no compres tabaco. Y para no caer en la tentación del teléfono una buena solución es dejarlo lejos físicamente. En la otra habitación, en el coche, en el bolso.

👉 Que viva el modo avión. El minimalismo digital está a una sola decisión de distancia, y también a un solo clic: pon el móvil en avión y céntrate en lo que tenías planeado hacer.

👉 Establece horarios. El recurso útil por antonomasia consiste en programar a qué hora vas a consultar el móvil (y para qué). Entonces abres una ventana, navegas y cierras. Nunca, nunca, nunca entres sin tener un objetivo concreto. Serás carne de cañón.

👉 Sin notificaciones. Ésta es obvia pero hay que mencionarla. Desactiva todas las notificaciones para evitar la distracción. Es algo así como cerrar la boca para que el anzuelo no tenga ninguna esperanza.  Y recuerda: al FOAM, que le den.

👉 Ayúdate de lo digital (sic). Cuando descubrí Stayed Focusd mi vida cambió. En serio. Es una extensión de Chrome que puedes instalarla, gratis, para limitar el tiempo que quieres dedicar a determinadas webs. Yo un día le dije: “quiero ver Facebook solo de 13 a 14h y de 18 a 19h” y empecé a trabajar mucho más y a utilizar mejor Facebook. Mano de santo.


Cuando descubrí Stayed Focusd mi vida cambió. En serio. Es una extensión de Chrome que bloquea el acceso a determinadas webs para que ganes concentración.

👉 Sin atractivo. Para que los colores del móvil no te encandilen, pon la pantalla en blanco y negro. Además, “esconde” las aplicaciones más seductoras para que no las tengas tan a mano. Cuando tu cerebro entre sin querer en modo automático, será más difícil que tu smartphone te someta.

👉 Motívate. Andan todos preocupados con nuestro despiste cerebral. Apple también. Así que hace poco ha facilitado la posibilidad de consultar el “tiempo de uso” que dedicas a tu móvil (para Android hay otras app). Primero, alucinarás con el informe. Luego, abrazarás con ansias el minimalismo digital.

¿Y a ti qué es lo que más te engancha de tu móvil y cómo haces para evitarlo?

💡 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
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Y SI DE REPENTE: doce meses de amor – Los hits de mi primer año como emprendedora

El 21 de marzo del año pasado salía Y SI DE REPENTE al mundo. 😄 ¿Qué me pasaron en estos 12 meses como emprendedora? Las principales lecciones que aprendí entre bambalinas fueron éstas:

MES 1 – Marzo. Tu rutina amiga

“Hay que trabajar según un plan, no según tu estado de ánimo”.

Porque cuando estás arriba, ni siquiera hay que agitar las alas. Pero, ¿qué pasa cuando a la emprendedora que hay en ti le duelen los ovarios, se enfada con su padre, se le estropea el ordenador, tiene sueño o por dentro le llueve demasiado?

Plan, plan, plan: la rutina está de tu lado.

MES 2 – Abril. ¿Qué voy a comer hoy?

Cuando era pequeña pensaba que si cortabas a un cerdo (vivo) que comía bellota, saldrían bellotas flotando de la sangre. Fácil: lo que comes es lo que eres.

¿Qué pasaría ahora si yo misma me abriera un tajo en el brazo? Saldrían supurando las noticias de Trump, aparecería la paella que me comí ayer, el olor de él a madera, la llamada de esta mañana con mi hermano, frases del libro La casa de las bellas durmientes de Kawabata, una rabia pequeña pero insidiosa que no se va, un té verde calentito con menta, el gesto torcido de la bibliotecaria, y un “te quiero” suave.

Cuando alguien me coma, mi carne tendrá ese sabor.

Nota 1: De lo que se come se da.

Nota 2: el “te quiero suave” no era de la bibliotecaria.

MES 3 – Mayo. Emprendedora frente a la pantalla

—El texto a lo mejor podría trabajarse más…

—…

— El concepto, ¿no está flojo?

—…

— ¿Esta imagen? ¿Sí?

Y entonces un alma redentora que observa cómo tu perfeccionismo te empieza a estrangular, dice contundente: “Esto ya está. Publícalo”.

La mayoría de las cosas no son TAN importantes para hacerte avanzar. Para frenarte, sí.

MES 4 – Junio. El juicio

Hay unos ojos gigantes que me miran. Me acerco y reconozco dentro cientos de ojos diminutos que no me pierden de vista: son los ojos de mi tía, de mis amigas del alma, de mi gente en Argentina, de mis padres y mis hermanos, de esa chica criticona, de mi exjefe, de mi novio, de mi pareja anterior, de los del coworking, de mi profesor en la universidad… siento que hay cientos de miradas sobre mí. Me asfixio.

Por suerte, a veces ese río de ojos pestañea. Y yo respiro. Entonces aprovecho para echar un vistazo alrededor: estoy yo, feliz con los lunes; yo, concentrada en lo mío; yo, sonriendo.

Lo bueno es que esos ojos gigantes que me miran, cada vez pestañean más a menudo. A veces casi no abren sus párpados. Y yo puedo respirar cada vez mejor.

MES 5 – Julio. Consideraciones sobre el acto de vender

Voz en off 1 (con miedo): “Soy como una vendedora de enciclopedias casposa, repeinada y con traje, que ofrece puerta a puerta mil argumentos trilladas para colocar mi producto”.

Voz en off 2 (sin miedo). “Como emprendedora, te doy mi talento, mis ganas y mi energía a cambio de dinero. Me parece justo. Trabajar para ayudar al otro es un intercambio feliz”.

*Confesión: saltar de la voz 1 a la 2 costó. Hubo que entrenar duro.

MES 6 – Agosto. Siempre hay más

Llegan las vacaciones y tú aún vas adrenalínica, moviéndote a diez mil por hora, impulsada por dos motores infalibles: el miedo a fracasar y las ganas de materializar el chorro de ideas. Eres un volcán. Y entonces un día te miras al espejo, ves esas ojeritas y esas canitas prolíficas; coges el teléfono y tu sobrino te llama de “usted”; giras la cabeza y todavía están por allí los jerseys de invierno. Y de repente lo entiendes todo.

Que esta es una carrera de fondo. Que cuando acabas de hacer un gran esfuerzo, enseguida llega otro. Y que como dicen los deportistas: hay que dosificar. Hay que descansar.

MES 7 – Septiembre. Insisto

Para descansar –sin volarme la tapa de los sesos por la ansiedad- tuve que planificar a largo plazo. Y para arrancar, en septiembre, también. Nena, me dije, orden en la gestión del tiempo: se acabó eso de improvisar y organizarse de un día para el otro. 

Insisto: La paz llega cuando tienes un [buen] plan.

O, en la versión de Laurence Peter: Cuando todo lo demás falla, lea las instrucciones.

 

MES 8 – Octubre. Palanca interna

Una noticia buena y una mala. La buena es que ejecutar cualquier cosa, cualquier idea o plan es fácil: es solo cuestión de técnica y entrenamiento.

La mala es que aquello que de verdad nos impide alcanzar nuestros objetivos no se ve ni se oye ni se huele. Es silencioso y está dentro: son las trabas internas.

En octubre escribí en mi diario: “para conseguir un objetivo hay que dejar atrás las creencias (miserables) que nos frenan. Son ideas incrustadas que hay que remplazar por otras nuevas, brillantes. Por eso hay que estar dispuesto a soltar, a morirse todo el tiempo”.

Nota: Eso cuesta pero Yes, we can!

 

MES 9 – Noviembre. Dioses

La mejor forma de predecir tu futuro es crearlo.

Stephen Covey.

 

MES 10 – Diciembre. Mind the gap!

Diciembre. El mes del consumismo a tope, del amor, los turrones y las máximas oportunidades de hacer tu negocio rentable, es peligroso. El precipicio se cierne bajo tus pies de emprendedora, si entras en estrés y el cortisol acampa en tu vida. Hay un riego clave: que la agenda abarrotada mate el cuento de vivir feliz de tu talento.  

MES 11 – Enero. Automatismo del peldaño

Antes de subir el siguiente peldaño de una escalera, hay un sensor en los dedos del pie que activa el cuerpo: retuerce el estómago, crispa la mente y mantiene los ojos abiertos y tensos (sobre todo en las noches). 

No hay que hacer mucho caso. Después de subir el susodicho peldaño, el pie deja de enviar señales turbulentas. Y las vistas son mucho mejores.

MES 12 – Febrero. Prosigamos

Se sube el telón: Salgo yo, riéndome. Se baja el telón.

Se sube el telón. Salgo yo: digo “muchas gracias”. Se baja el telón.

Aplausos para todos.

Muchas gracias por estar allí. 💛

A por doce meses más.

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Oda a la concentración: mis 5 estrategias básicas para no dispersarme

Hay una culpa que no te deja trabajar.

Pueden ser tantas cosas.

Disimulas. Te sientas y abres el ordenador, como si no fuera contigo. Repasas facebook e instagram. Acabas en el perfil de un ruso, primo del amigo de una vecina. Te das cuenta y te avergüenzas. Te entra culpa otra vez. Pero es una culpa inofensiva. Es pequeña: se arregla con un café. El problema es aquella otra, la culpa que llena tu mente y te entorpece el pensamiento. Adiós concentración. Ya son las 11h y todavía no has empezado. No puedes. Hay un sentimiento negro que cae como una gotera violenta y aplasta tu atención. Te desespera.

Hasta mediodía haces todo para evitarla. Miras tu agenda, bebes agua, le echas un vistazo al diario, a la previsión del clima, a esa web con vestidos de temporada. Nada, no hay forma.

¿No te ha pasado esto alguna vez?

A mí, cientos de miles. Lo que me despista puede ser una culpa, una pena, una inseguridad, un enfado, una preocupación, un miedo denso. Son como moscas que rondan sobre mi cabeza y dispersan mi energía. ¡¿Quién es capaz de trabajar así!?

¿Concentración? Descarga primero tu mente

A estas alturas ya sabemos que emprender un proyecto —o, en realidad, hacer cualquier cosa— tiene que ver sobre todo con uno mismo: con la claridad mental que somos capaces de alcanzar para que nuestra cabeza no se distraiga y pueda dar todo de sí.

Ya lo dicen los que saben: en el futuro, la capacidad de concentración será el atributo de las personas más inteligentes.

De hecho, me he dado cuenta de que, a lo largo de la historia, han sido muchos los que han perseguido incansablemente esa capacidad de foco para poder lograr sus objetivos. Una mente clara parece ser imprescindible. Es el secreto. El as en la manga.

¿Un ejemplo? La noche aquella en que Maradona pudo dormir:

Cuando los argentinos justifican su veneración por Maradona, suelen mencionar aquel partido del Mundial de fútbol 1986 en el que su país se enfrentó a Inglaterra, el enemigo acérrimo que acababa de arrebatarles las islas Malvinas en la guerra.

Ante tal ajuste de cuentas, la noche previa, los chicos de la selección argentina estaban nerviosos, daban vueltas, no podían dormir. Al día siguiente, sobre el césped, tenían la oportunidad de reparar simbólicamente aquel agravio nacional.

Pero Maradona, en esa noche exasperante e insomne, durmió como un lirón. “Buenas noches”, dijo, y supo mantener el mando sobre su mente para poder dormir en paz.

A la mañana siguiente, ya se sabe, el diez argentino marcó dos goles, probablemente los más famosos en la historia del fútbol.

Cinco maneras de conseguir más concentración

Algunas personas —personalidades— tienen más facilidad para no perturbarse ante los devaneos externos. Pero en realidad no sé si es algo intrínseco o si tienen alguna estrategia oculta.

En mi caso, cuando estoy muy volátil, echo mano de estas técnicas para recuperar el foco. Si las combino todas me convierto en la mujer flecha, en la mujer bala. Soy un rayo láser:

  1. ALIMENTOS NI YIN NI YANG. Ya lo explicaba Núria Roura en esta entrevista: hay alimentos de energía moderada que mejoran tu concentración, te dan más centro y más claridad mental. Son los cereales integrales, por ejemplo, las semillas, los frutos secos, las legumbres, las verduras y todas aquellas frutas de temporada.
  2. REPÓN EN HORIZONTAL. Tenía una amiga en la universidad que si dormía menos de 8 horas era un ogro feo y peludo. Yo, “por suerte” tengo la facilidad de poder vivir arrastrándome con pocas horas de sueño y teniendo una productividad de menos cuatro mil (…). ¡Hay que dormir!
    *
    Conectándolo con el punto anterior: hay estudios que dicen que después de una noche bien dormida, la gente tiende a elegir alimentos más nutritivos.
  1. EJERCITA LA MENTE. Antes era cosa de hippies, pero ahora levantas una piedra y hay otro estudio que lo demuestra: meditar es la forma de adiestrar tu pensamiento para que no salte como un mono loco. Es un entrenamiento: ¡no desistas![A ver si te vale esta metáfora: la primera vez que salí a correr duré cinco minutos y pensaba que me moría. Hoy, que ya hay músculo, nadie me para antes de la media hora].
  1. MOVE, MOVE! Si haces deporte tu cerebro te lo va a agradecer: hay más oxígeno porque aumenta tu flujo sanguíneo, generas dopamina (para que las neuronas se comuniquen mejor) y endorfinas (la hormona de la felicidad), liberas estrés, rebajas la ansiedad… y tu mente se abre como una flor en primavera. Concentración, ven a mí.
  2. DESCARGA TU MENTE. Un día paseaba con una amiga y en la calle había un hombre loco que hablaba muy alto consigo mismo. “Es la vocecita que tenemos todos dentro y que nunca para”, me dijo mi amiga. “Lo único es que él la exterioriza”.Se me puso la piel de gallina.

En realidad no sé cómo es exactamente el mecanismo de la locura, pero sí sé que muchas veces, aunque no nos demos cuenta, todos tenemos un discursito silencioso que es obsesivo y machacón, y del que el muy difícil salir.

Yo cuando tengo un pensamiento en loop que me castra la productividad y me arruina el flow, me tiro en plancha sobre cualquier papel y boli. Al volcar mi monólogo interior fuera, en un lugar físico, hay algo que se alivia, que afloja y se rinde. Como resultado, en seguida se despeja la ruta para poner la atención hacia lo que realmente queremos.

¡Pruébalo!

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