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Por qué creemos que no podemos vivir de nuestro talento [una historia real]

“Es que tú eres muy happy”. Cuando voy contando por allí que todo el mundo puede vivir de su talento, que lo contrario es una aberración total a la que estamos muy mal acostumbrados, la gente me contesta así. Happy, me dicen. Y yo me sorprendo un poco de esa visión incrédula, la verdad. ¿Por qué parece tan imposible?

Y creo que ya sé la respuesta. Me la dieron unos amigos que encontré el fin de semana pasado. Se llaman Mireia y Dani (Se quisieron desde muy temprano, así que fueron siempre “la-mireia-y-el-dani”, todo junto). Su historia te será familiar: se conocieron, se enamoraron locamente y, al cabo de los años, pidieron una hipoteca para un piso. También consiguieron un trabajo fijo: muchas horas fuera de casa pero los dos coincidían: eran empresas solventes, les gustaba lo que hacían, estaban bien pagados.

Pero entonces empezaron a pasar los años.

Y a los 35, guapos, saludables y abundantes, comenzaron a hacerse preguntas. Sobre todo, una: “¿Es solo esto la vida?”.

El hobbie y el talento

Y mientras esa pregunta crecía, en sus ratos libres probaban varios hobbies. En su armario había dos mesas de mezcla de dj, un par de patines, una cometa, una tabla de body y dos de snowboard. Y en los últimos años habían acumulado, sobre todo, un equipamiento envidiable de submarinismo. Consiguieron el carnet de instructores y, en los veranos, buceaban en todos los mares posibles, exprimiendo felices su mes de vacaciones.

Pero el retorno en septiembre era siempre muy duro. Una ola de oscuridad. Y poco a poco, como crece un árbol o un embrión, o mejor: como un grupo de nubes se prepara para una tormenta, así ambos fueron delineando el plan alternativo. Dejarlo todo e irse a bucear el mundo.

¿Y sabes qué? Que lo consiguieron. El año pasado, en julio, lamireiayeldani lo dejaron todo para irse a bucear el mundo. Y empezaron por Indonesia.

buceadores viviendo de su talento

La vida con vistas al mar

Ahora están en Barcelona, de vacaciones (su descanso se multiplicó por cuatro: dura el tercio de un año entero). Están en un bar, los dos, contándome cómo cambió su día a día. En su nueva rutina se despiertan mirando el océano desde una ventana gigante; viven en el barco donde trabajan de instructores. Comen sano, bucean por un fondo marino increíble, charlan con sus alumnos, duermen una siesta, se echan unas risas y así todo el día. Se duermen temprano, con vistas al mar.

“Feliz”, dice Dani. Y ella lo mire y sonríe. A ella, que es mi amiga hace 30 años, nunca le vi antes esa sonrisa que ha estrenado en Asia y que luce en sus fotos, con el fondo azul.

Adelgazaron diez kilos, están fuertes, bronceados. “No sé qué estáis haciendo pero seguid así”, les dijo su médico, después de un chequeo reciente en el que todo salió perfecto. Adiós colesterol, adiós exceso de ácido úrico, adiós contracturas, digestiones pesadas, dolores de espaldas. Adiós al cuerpo triste.

¿Cómo hicieron para vivir de su pasión?

La cosa no fue fácil ni veloz. No fue un recorrido en línea recta del punto A al punto B. Pero las ganas (y el descontento) fueron más grandes. Entonces indagaron en su talento. Ahorraron. Y un día respiraron hondo y dejaron sus trabajos fijos y bien pagados. Respiraron hondo y vendieron el coche. Temblaron y alquilaron su piso hipotecado. Regalaron sus cosas, compraron los billetes, movieron sus contactos.

Y una tarde respiraron más profundo y hablaron con más cautela que de costumbre. “Papá, mamá”, dijeron, y explicaron la locura. Renunciar a todo porque tenían la esperanza de que su vida podía ser mejor. Y ellos, los progenitores en bloque (ellos que habían pataleado, que habían puesto pegas, que se resistían) los besaron y les desearon mucha suerte.

Seguramente no entendieron. Y seguramente tuvieron mucho miedo de que esos dos europeos cuarentones que tanto amaban se estamparan lejos, aplastados por sus ilusiones.

Lamireiayeldani seguramente pensaban muchas veces igual.

¿Por qué parecía imposible vivir de su talento?

La aventura parecía que no iba a tener éxito. ¿Por qué? El talento estaba y las ganas también. Qué podía fallar. ¿Les hacía falta recursos? Ellos sabían cómo conseguirlos. Entonces, ¿por qué tanto recelo?

—Mucho miedo— dicen ellos ahora. El miedo era como un zumbido que ponía en duda cada paso. Y su mayor valor fue avanzar a pesar de la incertidumbre. Espantar la imaginación más negra, sobrellevar las noches de insomnio, aguantar el dolor de barriga nervioso. Sin saber inglés no nos van a contratar; No tenemos experiencia, nunca nos van a elegir; Si nos va mal seremos muy mayores para volver a empezar.

Pero lamireiayeldani lograron derribar las amenazas imaginarias. Y a los pocos meses, ganaron. Les contrataron en un barco y de repente la oficina gris y los horarios esclavos quedaron muy atrás. En otra vida.

Me contaban que una tarde, mientras se tomaban una cerveza en la cubierta del barco, uno de los alumnos a los que acababan de guiar bajo el mar, les preguntó:

—¿Y vosotros de qué trabajáis?

Dani y Mireia se miraron entre sí y se rieron.

—Trabajamos aquí, somos instructores de buceo y así es como nos ganamos la vida.

“Es que la gente no lo entiende, Ana Claudia”, me dice mi amiga. “Sin sufrimiento, pensamos que un trabajo no puede existir”.

 

* Pasar de la utopía a lo imposible, de lo imposible a lo improbable, luego a lo difícil y de allí a lo fácil. Que los que están por venir tengan ese regalo nuestro: que sea fácil vivir del propio talento, de lo que uno ama. De lo que uno es.

 

🔔 Hace cinco meses me propuse el reto de vivir de mi pasión, que es vivir retos en primera persona y contarte todo lo que voy descubriendo en el recorrido.
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21 septiembre, 2018 2 comments
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