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¿Por qué algunas personas se reponen antes que otras? 6 hábitos para alcanzar la resiliencia

Cuarentena y resiliencia

Hace unos días mi pareja me preguntó “¿y si subimos la hamaca al terrado?”. Y, un rato después, cuando me vi balanceándome en lo alto del edificio, me di cuenta de que hacía menos de un año yo descansaba sobre otra hamaca, en otra parte del mundo, rodeada de naturaleza, libre y feliz.

Y entonces comprobé cómo durante el confinamiento hemos sido capaces de adaptarnos e improvisar con los recursos que teníamos a mano. Sin quererlo, mi pareja había seguido uno de los principios básicos de la resiliencia: ingeniárselas con lo que hay. Hamacarte sobre el cemento, hacer pizza con harina de maíz o soplar las velas a través de la pantalla. Construir con lo que tienes a tu alcance para recomponer poco a poco tu normalidad.

Luego la curiosidad fue a más. ¿Qué otras habilidades puedo entrenar para recuperarme más fácilmente de las dificultades? Y lo que encontré son un montón de estrategias y de buenas noticias. En este artículo te cuento lo que averigüé.

Resiliencia: el palabro de moda

Hace años que el mundo empresarial nos pide ser más resilientes: saber recobrarnos mejor de las adversidades. La diferencia ahora, tras la cuarentena, es que la vida en todos sus ámbitos parece demandarnos esta cualidad.  La resiliencia es un concepto en auge, la puerta que debemos abrir para superar un despido en el trabajo, una ruptura amorosa o la muerte de un ser querido.

Al indagar, lo primero que me pregunté fue: ¿Por qué algunas personas se recuperan de los malos momentos con más rapidez y facilidad? ¿Qué hace que algunos caigan y otros se levanten con más fuerza?

La respuesta es simple: la resiliencia y la genética se llevan bien.

Y eso es cierto, pero a la vez, no lo es. Porque si bien nuestros genes marcan una predisposición inicial para que nos recuperemos mejor, dicen los estudios que esta ventaja natural no es demasiado importante porque, básicamente, la resiliencia se puede aprender y se puede entrenar.

Hay dos formas de ser más resiliente, una es hablándote a ti mismo, la otra es reeducando tu cerebro

Daniel Goleman

De hecho, aunque de nacimiento tengas una predisposición más favorable, si no trabajas el músculo no habrá nada que hacer: serás probablemente un peso pluma de la resiliencia. Según la especialista Diane L Coutu, las personas con mayores dificultades en la vida son proclives a ser más resilientes que aquellas otras que siempre han tenido una vida confortable y sin preocupaciones.

Así que, si estás con problemas, resulta que puedes convertirte en el ninja de la recuperación. Las dificultades serán estimulantes para ti. Solo deberás entrenar para estar en forma.

¿Y cómo ejercitar la resiliencia? Vamos allá.

Por si prefieres, aquí tienes el vídeo 👇

1. Burbuja protectora

¿Cuál es uno de los colectivos más resilientes por antonomasia en nuestra historia reciente? Eso es: los supervivientes sanos de los campos de concentración. Por eso el Instituto Psicoanalítico de Boston realizó una investigación para descubrir qué tenían en común. Descubrieron que durante el Holocausto todos ellos supieron construirse una especie de burbuja protectora que más tarde les haría más fácil la recuperación. Era una armadura formada por tres elementos:

El humor

“¿Que tienen en común las zapatillas deportivas con los judíos? Que es más fácil encontrarlos en 39 que en 45”. Los chistes –sobre todo con humor negro- se han usado como estrategia de supervivencia en todas las desgracias.

(Después del tsunami destructivo de 2011 se leían tweets como éste: «En Japón son realmente avanzados. Ellos no van a la playa, la playa viene a ellos». O, después del 11S: “¿En que se parecen las torres gemelas a los Kinder Sorpresa? En que los dos tienen un avioncito dentro”).

La risa nos sirve para conjurar nuestros miedos, para manejar el terror, hacer catarsis y relajar el estrés emocional. ¿Te acuerdas de los memes de los ataúdes en pleno auge de la cuarentena?

Los vínculos

La capacidad de formar vínculos con otras personas es una fuente de fortaleza.

Para saber qué efectos tienen las relaciones sociales en las personas, la Universidad de Carnegie Mellon expuso a más de 200 voluntarios sanos al virus del resfriado y descubrió que cuanta más diversa era la red social del individuo, menos posibilidades tenía de desarrollar la enfermedad.

Además de ser más saludables, el estudio concluyó que los que más lazos generan, más emociones positivas tienen.

Espacio interior

Otro de los puntos clave para la resiliencia entre los supervivientes del Holocausto era que tenían un espacio psicológico interior que les ayudaba a protegerse de las intrusiones externas: pasara lo que pasara afuera, les blindaba su refugio íntimo y personal.

2. Visión realista 

(Otro mito bombardeado)

La resiliencia suele asociarse con una visión optimista de la vida. Y eso es cierto, siempre y cuando ese optimismo no te impida ver la realidad tal como es y te empuje a tomar decisiones equivocadas.

¿Quién no se ha encontrado enfangado hasta el cuello después de realizar un pronóstico demasiado positivo de su situación? Un amigo artista, por ejemplo, se tuvo que poner a fregar platos en un restaurante de un día para el otro, porque la esperanza de que apareciera el comprador de un cuadro “cuando menos te lo esperes” nunca se hizo realidad.


¿Estoy completamente seguro de entender y aceptar qué es lo que me está ocurriendo?

Y es que a menudo la negación es un mecanismo del que nos servimos los seres humanos para sobrellevar situaciones que son muy complicadas de ver y asimilar. Sin embargo, los estudios señalan que las personas resilientes son aquellas que tienen una visión muy serena y realista de los aspectos más críticos o estratégicos de la vida.

Decía George Ward que “el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”.

Para estar seguro de que el optimismo no lo distorsiona todo, puedes recurrir a esta pregunta: ¿Estoy completamente seguro de entender y aceptar qué es lo que me está ocurriendo?

3. Resiliencia e improvisación

Hace poco vi una foto en la prensa de una propietaria de un piso de alquiler en AirBnB que, visto lo visto, decidió arremangarse e irse a recoger fruta para pagar las facturas. En la imagen aparecía en medio del campo y con una mascarilla. Sonreía.

Resiliencia es recuperarse, no es aguantar

No es que la buena mujer vaya a contracorriente: en realidad la capacidad de improvisar soluciones es innata en los seres humanos. Lo que ocurre es que, al hacernos mayores, y a fuerza de repetir los mismos hábitos y tareas, nuestro margen para imaginar y romper moldes se va estrechando.

La propuesta es que ensayemos la flexibilidad y la acción fuera de lo planeado, sobre todo ante situaciones inesperadas. La consigna es: Improvisa, improvisa, improvisa. No te olvides que resileincia es recuperarse, no aguantar.

4. Un sentido mayor

“Si quieres sobrevivir, tienes que encontrar un sentido a tu vida”. Se lo dijo a sí mismo Victor E Frankl, un psiquiatra austríaco que sobrevivió a Auschwitz, un día especialmente duro en el campo de concentración. Sentía que su vida carecía de valor. Entonces, Frankl se esforzó en visualizarse a sí mismo después de la guerra dando clases para ayudar a antiguos prisioneros en su proceso de recuperación.

Ya en libertad, publicó una veintena de libros (entre ellos El hombre en busca de sentido), dirigió una clínica neurológica de Viena, recibió numerosos galardones y, hasta sus 87 años, dio clases en varias universidades, Standford, Viena, Harvard.

La advertencia, según los expertos, es que este nuevo sentido no siempre será fácil de encontrar: a veces será escurridizo y otras veces se deberá renovar con frecuencia. En cualquier caso, redescubrir una nueva misión, un nuevo objetivo, te servirá para entrenar la resiliencia, recuperarte de un tropiezo desastroso y reavivar el entusiasmo.

5. Your best friend

“Hay dos formas de ser más resiliente, una es hablándote a ti mismo, la otra es reeducando tu cerebro”. Así describe Daniel Goleman, el crack estadounidense de la inteligencia emocional, las dos vías que, según él, existen para ser más resiliente y sobreponerse de los fracasos.

Su primera invitación consiste en que te hables a ti mismo como si fueras tu mejor amigo. Es decir, que te facilites una versión de los hechos que contrarreste los pensamientos negativos. Es el viejo truco de contraatacar a la mente tremendista con una perspectiva positiva de la realidad. “Pronto encontrarás un trabajo y será mejor que el anterior” o “todo período de crisis tiene una fecha de caducidad”.

6. Altera tu cerebro

La segunda propuesta de Goleman para tener más resiliencia tiene que ver con cambiar nuestros circuitos cerebrales. ¿Hace falta? Parece que sí.

Según datos del neurocientífico Richard Davison de la Universidad de Wisconsin, cuando estamos alterados aumenta la actividad del área derecha de nuestro cerebro prefrontal. Y la salvación viene de muy cerca: del área izquierda, que es donde se encuentran todos los circuitos que nos permiten volver a un estado de concentración y energía. A la derecha, el descontrol; a la izquierda, la vía para la recuperación.

La resiliencia y el mindfulness

Para pacificar la zona derecha de nuestro cerebro, expertos de la Universidad de Massachusetts experimentaron durante ocho semanas con los empleados de una empresa. Los participantes debían practicar el mindfulness durante 30 minutos. Y al finalizar el experimento dieron con el resultado feliz: todos registraban mayor actividad en el área izquierda de su cerebro, tenían más energía y más capacidad de restablecerse ante el estrés.

Si quieres probar, las instrucciones eran sencillas (aparecen en el libro Resiliencia, de la Harvard Business Review Press):

  1. Encuentra un lugar tranquilo y a solas donde puedas evitar las distracciones durante unos minutos.
  2. Siéntate cómodamente, con la espalda recta pero relajada.
  3. Concentra tu experiencia en el acto de respirar, permaneciendo atento a las sensaciones de la exhalación y la inhalación.
  4. No juzgues tu respiración ni intentes cambiarla de ninguna manera. Considera todo lo que venga a la mente como una distracción (pensamientos, sonidos, cualquier cosa). Deja que se vaya y presta atención nuevamente a tu respiración.

Nota para exigentes: Ser una persona resiliente no significa que no sientas dolor ni angustia en una situación enredada. Es, más bien,aceptar ese dolor y adaptarse a las nuevas condiciones de la mejor forma para salir reforzado. En este sentido, la cuarentena ha sido el escenario ideal para practicar. Por eso cuando volvamos seremos distintos y, aun sin quererlo, también seremos mejores.

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