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La procrastinación va por dentro [pero tiene solución]

Cuenta la leyenda que Víctor Hugo se sentaba desnudo a escribir para evitar levantarse de la silla, distraerse y procrastinar. Además, pedía a sus sirvientes que escondieran su ropa, así la tentación quedaba bien lejos.

Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy es un mal antiguo que ahora, según un estudio reciente, nos afecta al 20% de las personas. ¡Una de cada cinco! Yo tengo que confesar que si estoy muy inquieta y quiero cumplir mis objetivos, desactivo el wifi del ordenador y dejo el móvil en otra habitación. Eso para empezar.

Porque, si tiramos pelotas fuera, hay que decir que la tecnología no nos ayuda a tener bajo control la procrastinación. La era digital es un campo minado de ventanas emergentes, mensajes de wasap y notificaciones sonoras que nos descentran en cuestión de segundos. Aunque decidamos superar la tentación de mirar el facebook o el correo electrónico, hoy la información se empeña en venir a buscarnos. Y así mantener la concentración en el trabajo es un trabajo chino, toda una proeza. ¿O no?

¿Vivían nuestros padres un entorno más favorable sin tanto estímulo? Yo no soy mucho de “todo tiempo pasado fue mejor”, pero es cierto que el ritmo frenético y la obsesión actual por la productividad acentúan la presión y el estrés. Nuestra jornada debe ser hiper fértil y, a menudo, posponemos el objetivo principal para atender las pequeñas urgencias. Aplazamos lo importante y acto seguido… llegan las malditas consecuencias.

El mecanismo interior de la procrastinación

Ya estamos arreglados. Atrasamos las decisiones clave y nuestro rendimiento cae en picado, la autoestima se queda adolorida y nos habita la ansiedad y la culpa. ¡Otra vez!

Y aunque el origen de tamaño desastre tiene el aspecto de un grupo de bits malévolos y de pantallas de colores, el motivo real –como casi siempre- está en nuestro interior. Me temo que sí.

¿Cuáles son las principales causas de la procrastinación?

  1. El perfeccionismo. ¿Quién es capaz de empezar una tarea con la pretensión de conseguir un Nobel? La presión se mide en millones de pascales (y la necesidad de sentirse querido también).
  2. Miedo al fracaso. Observa que la estrategia es perfecta: “pospongo lo que tengo que hacer porque si no lo realizo nunca, evito el fracaso”. Para tu inconsciente es la cuadratura del círculo.
  3. Rabia e impaciencia. Ya quiero estar en la meta y ni siquiera me he atado los cordones de los zapatillas. (¡Buena suerte, compañero!)
  4. Creencias irracionales. Tales como “no viviré nunca de esto, así que mejor me centro en todo lo demás”.
  5. No hay deseo. Cuando oímos frases como “¿Qué tal vas con el informe anual corporativo?”, nuestra respuesta mental es Killing me softly. Si no se nos despiertan las ganas, la acción es el resultado de pura disciplina y esfuerzo.
  6. Decisiones impulsivas. Cuando nuestras decisiones son poco consistentes no se sustentan en el tiempo porque son fruto de arranques irracionales y atolondrados. Welcome procrastinación.

Yo, con este blog, no me he salvado de ninguna. Para qué mentir.

¿Procrastinación o inspiración?

Si en este post no te diera algunas soluciones para evitar la procrastinación sería una mala persona y me quemaría a fuego lento con las llamas del infierno. Pero antes déjame plantearte un dilema: ¿en qué momento la preparación para un proyecto deja de servir para inspirarse y se convierte en un puro ejercicio de postergación? ¿no me pongo manos a la obra porque estoy reflexionando? ¿o, la verdad, porque tengo una pereza inmensa?

Cuando tenemos tiempo suficiente para cumplir un trabajo, los primeros atisbos de procrastinación no son preocupantes: todavía tenemos margen para que en cualquier momento aparezca la creatividad como un huracán.

Pero si la musa tarda en llegar, entonces sí llegan las prisas, la confusión y la falta de confianza en nosotros mismos. ¿Quién no ha rendido un examen en estas circunstancias alguna vez? Y luego ocurre que no fluyes, que los resultados son pésimos y, muchas veces, que terminas por ni siquiera presentarte a la prueba.

Así que para que no me pillen por sorpresa los deadlines o fechas límite, mi solución ultra high recommendation es la planificación. En este post te contaba cómo hacerlo (hay dos plantillas por si quieres ponerlo en práctica). ¡Para mí fue todo un descubrimiento! Cuando no me organizo bien, trabajo desordenada, desenfocada y durante miles de horas. Y lo peor, no hay rastro del disfrute.

Tres claves para surfear la procrastinación

Para ir al fondo de la cuestión lo mejor es atender las causas internas que provocan la procrastinación.

Y mientras lo haces, hay varios recursos para ir dándole esquinazo. Por ejemplo. Concentrarse los cinco primeros minutos de cada tarea (que son los peores), apuntar en un lugar visible los objetivos del día o dividir una tarea grande en muchas pequeñas, para hacerla asequible. También puedes estimularte con una canción favorita para empezar, o pensar en lo feliz que estarás cuando hayas logrado tu meta. Los truquillos para despistar a nuestro vago interno son muchos y variados.

Aunque las principales corrientes se pueden agrupar en tres:

  • Negociación. Pacta contigo mismo los momentos dedicados al trabajo y al placer. Es un sistema de recompensa que te permite ver una serie después de repasar la contabilidad.
  • Organización. Reprograma las tareas de una manera realista, clasificándolas y definiéndolas para que sean más fáciles de abordar.

A mí me sirve dejar todo preparado el día anterior: a la mañana siguiente no me doy tiempo ni a pensar. Desconecto todo y, durante dos horas, clavo mis dedos en el teclado. Me limito a ejecutar lo que ya antes había decidido con calma.

  • Herramientas externas. Echa mano de los recursos externos para evitar la distracción o la tentación. ¿Quieres dejar de comer chocolate? No compres más. ¿Quieres que Internet no te robe más tiempo? Apaga tu router.

La sociedad tiene un doble juego: es la potenciadora de estas tentaciones y, a la vez, nos ofrece herramientas para salvarlas. Ya habrás oído hablar de las aplicaciones que nos separan de las redes sociales (yo uso Stay Focusd para limitarme con el Facebook). Son barreras sutiles pero exitosas porque todos –al margen de la inteligencia o nivel cultural- somos vulnerables a Internet. Y a la procrastinación.

* ¿Me compartes ahora o lo dejamos para más tarde? 😜 😂

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28 junio, 2018 2 comments
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