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El miedo mide 59 centímetros

¿Dónde se esconde el miedo? Ayer lo vi claro: el miedo es una vocecita incansable que nos martillea sin parar. Es lúgubre y tremendista como una vieja quejosa que siempre espera lo peor. Ayer salí a correr y lo estuve escuchando un rato. Y me di cuenta de dos cosas: 1. De su persistencia. 2. De cómo reacciono a sus encantos.

¿Y tú, qué haces con tu miedo?

Mini crónica de un miedo simple y feo

Pensaré no me da tiempo, pero miraré el reloj y veré que tengo una hora de margen. Me pondré las zapatillas para explorar la zona de Montjuïc. Y antes de salir de casa, diré en voz baja: lloverá. Pero bajaré las escaleras a pesar de todo y, al mirar el cielo, solo habrá una nube tímida a lo lejos. Entonces, con un poco de pereza, empezaré a correr, con un poco de pereza y de miedo, porque el asfalto –me lo habrá dicho alguien- no suavizará el golpe y las rodillas me molestarán. Pero no. Porque, aunque estoy un poco perdida y no sé por dónde ir, al minuto encontraré un camino de tierra suave y ya no escucharé más mis pies.

Al rato, después de una gran curva, veré una escalera eterna al final de un camino. Decidiré enfrentarme a ella, y correré a su encuentro contando sus escalones de dos en dos, como si midiera el tamaño de una bestia a batir. 88, 90, 92, 94… apretaré los ojos para no perder la cuenta, y, al borde del primer peldaño, veré una senda minúscula que se abrirá a la derecha. Sonreiré al tomar la vía alternativa in extremis y correré más rápido, aunque el suelo se habrá vuelto de nuevo duro, de asfalto.

Y en otra curva veré un adolescente arrimado a un arbusto en posición de orinar. Y me diré cuidado, pero al pasar por su lado será él quien agache la mirada. Continuaré, concentrada, para no ahogarme en la subida. Pero mis pulmones responderán sin dificultad. Al fijarme más allá, mi respiración se detendrá un momento, un milisegundo: habrá un grupo de muchachos haciendo botellón y yo muy rápido cavilaré el mejor modo de evitarlos, pero habrá poco espacio y poco tiempo para salir de allí y tendré que pasar por su lado, muy pegada a sus cuerpos y sus vasos con alcohol. Alerta, me diré. Y escucharé entonces la voz de uno de ellos diciendo “uy, dejad pasar”. Y al minuto habré atravesado al grupo sin más, como si hubiera traspasado una pared de goma, y todos habrán quedado atrás.

Miraré hacia adelante y veré un camino descampado, vacío, y mis piernas irán solas hacia allí. Y veré de reojo un coche blanco que ralentizará la velocidad y a los dos segundos los colores de un coche de la policía. Seguiré corriendo (mis predicciones fallidas otra vez: ni unos me violarán ni lo otros me salvarán). Seguiré más. Veré un perro, dos tres, y tendrán aspecto de sabuesos, de perros cazadores, de mordedores profesionales. Sentiré mi piel sosteniendo mi carne. Y avanzaré fingiendo que no hay peligro y, al final, no lo habrá. Un perro correrá despreocupado, el otro mordisqueará un tronco, un tercero jugará con su dueño.

No habré corrido ni 20 minutos, calcularé. Y al subir a casa (los escalones de dos en dos), al cerrar la puerta oiré a mi novio:

—40 minutos, ¿eh?. ¿Qué tal, cómo fue?

—Todo bien— Le diré. —Según lo previsto.

Y sonreiré.

Mini retrato de mi miedo

Luego iré a la habitación, cogeré un metro de esos que se usan para medir los muebles y mediré la circunferencia de mi cabeza. 59 centímetros. Y descubriré que allí, en esa cavidad más pequeña que una sandía al uso, se esconderá todo: las prisas, la lluvia, el cansancio, la agresión animal, individual, en grupo, el dolor del cuerpo. El miedo.

Y me daré cuenta de las tres velocidades en que opera mi miedo:

  1. Modo Slow. Su voz es un susurro y me servirá para protegerme de algún peligro (que los hay).
  2. Modo Médium. La cosa se pondrá intensa y yo le cederé un lugar en mi palco presidencial. En mi cabeza habrá una nube gris, y en mi cuerpo, tensión.
  3. Modo Premium. Si el miedo chilla y yo sucumbo totalmente a sus encantos (no me enteré pero ya le di el trono de mi mente), ocurrirán dos cosas. Me paralizaré y me atrincheraré en mi zona de confort, o bien gastaré energía volcánica en abordar una situación sencilla que, a los ojos de mi miedo, es una proeza mundial.

La buena noticia –me fijé- es que si estás atento, si lo escuchas, puedes entrenarte para llevarlo al modo slow. Cortarle las garras al gatito para que arañe más suave.

 

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11 septiembre, 2018 0 comment
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Sergi Torres | La inspiración y el rechazo
¿Cómo cuidamos nuestra energía? ¿En quién nos inspiramos para avanzar? ¿De qué se alimenta nuestra motivación?

Entrevisté a Sergi Torres (brutal) y después de nuestra conversación me quedé pensando mucho en eso: en las maneras que tenemos de nutrirnos por dentro.

Le daba vueltas también el otro día, mientras volvía de visitar a mi tía. Ella siempre ha sido una mujer muy optimista pero últimamente le cojea el ánimo: me dice “qué mal está Catalunya”, “los jóvenes solo están pendientes de su móvil”, o “la economía está fatal, no hay porvenir”.

A mí me dan ganas de decirle un montón de cosas. Por ejemplo. Que ayer un grupo de viejitos hacía taichí frente a la biblioteca y que su silencio en movimiento era conmovedor. O que una amiga dejó su trabajo gris y ahora se zabulle feliz entre los peces de Tailandia. O que sacaron una aplicación nueva para comprar con más conciencia. Qué sé yo.

Pero ya no le digo nada. Me cansé de insistir. Mis mensajes rositas compiten con horas de televisión encendida, con las revistas Pronto esparcidas sobre la mesa, con el refunfuño eterno de su marido.

Por eso, de vuelta a casa pensaba: ¿cuál es la gasolina de nuestros pensamientos, de nuestras emociones? ¿Hacia dónde nos fijamos para mirar el mundo? Y, Sergi Torres, como siempre, le dio una vuelta de tuerca al pensamiento más obvio.

Sergi Torres y el desprecio

La primera vez que vi a Sergi Torres fue en youtube. En el vídeo aparecía con una sudadera azul y su mensaje, aunque no lo recuerdo con precisión, me impactó. (La vida es así: uno no sabe por qué hay personas que nada más verlas entran hasta la cocina de tu casa, sin barreras ni resistencias. Directo al corazón).

Sergi Torres y Ana Claudia Rodríguez, en Y si de repente

Cuando nos vimos en persona yo lo saludé con familiaridad, claro: la de veces que, en momentos de bajón, me recargó las pilas, sin él saberlo, a través de la pantalla del ordenador – y parece que somos varios: sus vídeos reciben decenas de miles de visitas.

Será por esa luz que tiene.

En la entrevista su presencia también me cambió la energía, su discurso me noqueó con conceptos nuevos y me inspiró.

Inspirar. “Sentirse motivado por alguien o algo para el desarrollo de la propia creación”.

Me dijo, por ejemplo:

“Pensamos que el cambio se da cuando cambia el mundo. Y es justamente al revés: el mundo cambia cuando cambias tú”.

Sergi es el sueño de cualquier periodista. Cuando parece que ya agotó todas las posibilidades en una respuesta, se instala en el silencio, levanta el dedo y dice: “déjame un minuto que quiero profundizar más en este tema”. Es una patada a la superficialidad, a lo evidente, a lo banal.

Cuando bloqueas las emociones parece que tengas menos energía, pero no es así. Lo que ocurre es que la mayoría de energía la estás usando para evitar sentir aquel trauma que tienes escondido allí abajo en el subsconsciente. Te cansas mucho, te desmotivas, no sabes por qué te faltan fuerzas, ganas de vivir. ¿Por qué? Porque estás luchando contra tu pasado con todas tus fuerzas. Y estás luchando con tu futuro porque no quieres que se replique allí tu pasado. Quieres evitar a toda costa que te vuelva a pasar lo mismo”.

También hablamos de la inspiración, de la higiene mental y emocional, o de cómo un hecho en apariencia tan inocente como ver las noticias nos conecta con un lado denso que genera nuestro desprecio hacia la realidad. Y todo rechazo –vuelta de tuerca- no es más que un rechazo hacia nosotros mismos que, además, y paradójicamente, siempre genera más.

En realidad, él lo explica mejor que yo:

* Gracias a mi entrañable amiga, Sonia Esplugas, que nos cedió su taller para la entrevista y que plantó su pincel y su corazón en esa pared que nos hace de fondo. Tu alma de artista siempre lo ilumina todo.

14 junio, 2018 0 comment
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