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gestión del tiempo

Oda a la concentración: mis 5 estrategias básicas para no dispersarme

Hay una culpa que no te deja trabajar.

Pueden ser tantas cosas.

Disimulas. Te sientas y abres el ordenador, como si no fuera contigo. Repasas facebook e instagram. Acabas en el perfil de un ruso, primo del amigo de una vecina. Te das cuenta y te avergüenzas. Te entra culpa otra vez. Pero es una culpa inofensiva. Es pequeña: se arregla con un café. El problema es aquella otra, la culpa que llena tu mente y te entorpece el pensamiento. Adiós concentración. Ya son las 11h y todavía no has empezado. No puedes. Hay un sentimiento negro que cae como una gotera violenta y aplasta tu atención. Te desespera.

Hasta mediodía haces todo para evitarla. Miras tu agenda, bebes agua, le echas un vistazo al diario, a la previsión del clima, a esa web con vestidos de temporada. Nada, no hay forma.

¿No te ha pasado esto alguna vez?

A mí, cientos de miles. Lo que me despista puede ser una culpa, una pena, una inseguridad, un enfado, una preocupación, un miedo denso. Son como moscas que rondan sobre mi cabeza y dispersan mi energía. ¡¿Quién es capaz de trabajar así!?

¿Concentración? Descarga primero tu mente

A estas alturas ya sabemos que emprender un proyecto —o, en realidad, hacer cualquier cosa— tiene que ver sobre todo con uno mismo: con la claridad mental que somos capaces de alcanzar para que nuestra cabeza no se distraiga y pueda dar todo de sí.

Ya lo dicen los que saben: en el futuro, la capacidad de concentración será el atributo de las personas más inteligentes.

De hecho, me he dado cuenta de que, a lo largo de la historia, han sido muchos los que han perseguido incansablemente esa capacidad de foco para poder lograr sus objetivos. Una mente clara parece ser imprescindible. Es el secreto. El as en la manga.

¿Un ejemplo? La noche aquella en que Maradona pudo dormir:

Cuando los argentinos justifican su veneración por Maradona, suelen mencionar aquel partido del Mundial de fútbol 1986 en el que su país se enfrentó a Inglaterra, el enemigo acérrimo que acababa de arrebatarles las islas Malvinas en la guerra.

Ante tal ajuste de cuentas, la noche previa, los chicos de la selección argentina estaban nerviosos, daban vueltas, no podían dormir. Al día siguiente, sobre el césped, tenían la oportunidad de reparar simbólicamente aquel agravio nacional.

Pero Maradona, en esa noche exasperante e insomne, durmió como un lirón. “Buenas noches”, dijo, y supo mantener el mando sobre su mente para poder dormir en paz.

A la mañana siguiente, ya se sabe, el diez argentino marcó dos goles, probablemente los más famosos en la historia del fútbol.

Cinco maneras de conseguir más concentración

Algunas personas —personalidades— tienen más facilidad para no perturbarse ante los devaneos externos. Pero en realidad no sé si es algo intrínseco o si tienen alguna estrategia oculta.

En mi caso, cuando estoy muy volátil, echo mano de estas técnicas para recuperar el foco. Si las combino todas me convierto en la mujer flecha, en la mujer bala. Soy un rayo láser:

  1. ALIMENTOS NI YIN NI YANG. Ya lo explicaba Núria Roura en esta entrevista: hay alimentos de energía moderada que mejoran tu concentración, te dan más centro y más claridad mental. Son los cereales integrales, por ejemplo, las semillas, los frutos secos, las legumbres, las verduras y todas aquellas frutas de temporada.
  2. REPÓN EN HORIZONTAL. Tenía una amiga en la universidad que si dormía menos de 8 horas era un ogro feo y peludo. Yo, “por suerte” tengo la facilidad de poder vivir arrastrándome con pocas horas de sueño y teniendo una productividad de menos cuatro mil (…). ¡Hay que dormir!
    *
    Conectándolo con el punto anterior: hay estudios que dicen que después de una noche bien dormida, la gente tiende a elegir alimentos más nutritivos.
  1. EJERCITA LA MENTE. Antes era cosa de hippies, pero ahora levantas una piedra y hay otro estudio que lo demuestra: meditar es la forma de adiestrar tu pensamiento para que no salte como un mono loco. Es un entrenamiento: ¡no desistas![A ver si te vale esta metáfora: la primera vez que salí a correr duré cinco minutos y pensaba que me moría. Hoy, que ya hay músculo, nadie me para antes de la media hora].
  1. MOVE, MOVE! Si haces deporte tu cerebro te lo va a agradecer: hay más oxígeno porque aumenta tu flujo sanguíneo, generas dopamina (para que las neuronas se comuniquen mejor) y endorfinas (la hormona de la felicidad), liberas estrés, rebajas la ansiedad… y tu mente se abre como una flor en primavera. Concentración, ven a mí.
  2. DESCARGA TU MENTE. Un día paseaba con una amiga y en la calle había un hombre loco que hablaba muy alto consigo mismo. “Es la vocecita que tenemos todos dentro y que nunca para”, me dijo mi amiga. “Lo único es que él la exterioriza”.Se me puso la piel de gallina.

En realidad no sé cómo es exactamente el mecanismo de la locura, pero sí sé que muchas veces, aunque no nos demos cuenta, todos tenemos un discursito silencioso que es obsesivo y machacón, y del que el muy difícil salir.

Yo cuando tengo un pensamiento en loop que me castra la productividad y me arruina el flow, me tiro en plancha sobre cualquier papel y boli. Al volcar mi monólogo interior fuera, en un lugar físico, hay algo que se alivia, que afloja y se rinde. Como resultado, en seguida se despeja la ruta para poner la atención hacia lo que realmente queremos.

¡Pruébalo!

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Gestiona tu tiempo según tu ciclo menstrual

El ciclo menstrual: qué tema, mujeres. No sabemos ponerlo a nuestro favor, ¿eh? Al máximo, elegimos nuestras vacaciones para que no coincidan con “esos días”; si estrenamos amante, volvemos antes a casa para que los besos no vayan a más; rezamos para que la suegra no llegue de visita en el primer día de la regla, para que no nos encuentre sensibles, con ojeras y pegadas a una tableta de chocolate.

Nos limitamos a marcar en el calendario los tres, cuatro, cinco días teñidos de rojo. Para esquivarlos, los señalamos con color negro, como asumiendo resignadas la sombra que mancha cada uno de nuestros meses. Nada más.

¡Ah! ¡Nada más! Porque nunca nos enseñaron que el calendario femenino puede estar de nuestro lado. Nunca nos dijo nadie que podíamos aprovechar nuestro ciclo menstrual: usarlo de guía, convertirlo en nuestro aliado íntimo.

Las 4 fases del ciclo menstrual: aprovéchate

Hace cuatro años alguien me recomendó el libro La Luna Roja, de Miranda Gray. Un poco escéptica, lo sumé a mi lista de regalos de Reyes. Y mi hermana mayor lo compró para mí. Al dármelo, un poco trajinado, dos meses más tarde, me dijo:

Qué suerte que lo hayas descubierto tan pronto. A mí me hubiera gustado saber esto más joven.  

Naturalmente, salí disparada hacia mi habitación, me encerré y empecé a ojear el libro. Fue cuando descubrí las cuatro fases de nuestro ciclo menstrual. Qué increíble. ¡¿Por qué no me lo enseñaron antes!? 

  1. Fase de la Virgen. En esta fase estamos radiantes, expansivas, nos comemos el mundo de un bocao. Empieza el quinto día después del primer día de la regla y dura más o menos una semana. Internamente nos hemos liberado de la necesidad de procrear y el foco lo ponemos en nosotras: tenemos confianza, estamos muy sociables y nos sentimos con fuerzas para mover montañas. Entusiasmo total. Por eso es ideal para empezar o dar impulso a cualquier proyecto.

  2. Fase de la Madre. Aparece cerca del momento de la ovulación (hacia el día 14 del ciclo menstrual) y nos inunda un espíritu maternal. O sea: derrochamos amor y armonía y estamos sensibles y emotivas. Durante esta semana, dice Gray, las mujeres “tienen la capacidad de asumir responsabilidades, de crear de forma productiva y de alimentar ideas y proyectos que ya existen”. Además, estamos ultra magnéticas para los otros: ni el más duro se resiste a nuestra energía.

  1. Fase de la Hechicera. Esta fase empieza cuando el óvulo se ha liberado sin ser fertilizado. Y son unos días de creatividad tremenda. A medida que nos acercamos a la fase siguiente, podemos sentirnos intolerantes y ver cómo decae nuestra capacidad de concentrarnos. Eso sí: tenemos la intuición a flor de piel, estamos inspiradas y vibrantes.

  2. Fase de la Bruja. Es la fase de la menstruación. Dejamos de buscar la expresión hacia afuera: la introspección está en su máximo apogeo. Es el momento de alejarte de lo mundano, soñar, dormir. Hay una clarividencia especial para “ver” los problemas y sus soluciones, y para aceptar el pasado y rendirse al futuro.

 

Sin regla, sin poder

Con la euforia de mi nuevo descubrimiento, hace un par de años vi el documental “Mi luna en mí”. Aluciné. Sobre todo porque me di cuenta de hasta qué punto rechazamos nuestra regla. Para ejemplificarlo en la cinta entrevistaban a un médico que se dedicaba a ¡eliminar el sangrado menstrual en las chicas! No me acuerdo en qué consistía el tratamiento (no me hagáis mirarlo de nuevo…), pero, en la pantalla, el hombre de la bata blanca cortaba indefinidamente la “molesta visita mensual” muy fácilmente, con una simple intervención ambulatoria.

Ay.

Bueno, vale. No voy a ser hipócrita. La última vez que me invitaron a dar una charla corrí al calendario rezando para que no coincidiera con mi etapa premenstrual. No es que odie ese momento (como te explico luego), pero entiéndeme, mi fase de bruja intensa, desconcentrada, exhausta y poco sociable, poco tenía que ver con la claridad necesaria para ponerse frente a un público.

Por suerte, cayó en el cuarto día del ciclo, que, según las previsiones diarias de La Luna Roja, corresponde con una energía “tranquila”. ¿No es genial? Porque Gray ha conseguido identificar no solo las cuatro etapas del ciclo menstrual, sino también la emoción o el comportamiento concreto de cada día del ciclo menstrual (como muestra la imagen). ¡Bravo, Gray!


información del ciclo menstrual para poder gestionar el tiempo



Y no creo que tengamos que obsesionarnos con que todo cuadre. Ni que este calendario sea nuestra biblia fundamentalista que marque al milímetro nuestros pasos. No. Pero estoy convencida de que nuestras variaciones internas marcadas por el ciclo menstrual nos pueden ayudar: saber por dónde viene la ola nos puede hacer mejores surfistas.

Nuestro ritmo corporal puede convertirse en una brújula que, dentro de nuestras posibilidades, marque cómo hacer con nuestra gestión del tiempo: Así como planeamos nuestra noche sexual perfecta fuera de los días del período, quizás también podamos empezar a aprovechar la claridad mental de la primera semana para planificar nuestra actividad del mes; organizar una fiesta o un encuentro social cuando ovulamos; meternos en nuestro estudio en la semana hechicera para crear con arrebato; y conectar con nuestros deseos verdaderos cuando estamos menstruando.  ¿Probamos?

Me gusta ser mujer

A mí, conocer nuestro funcionamiento interno me ha servido sobre todo para dejarme en paz: para no criticarme y para no forzarme cuando mi naturaleza femenina se expresa como le da la gana. Estar asocial, explosiva, mimosa o tajante.

Yo, últimamente, por ejemplo, cuando me viene la regla, me meto en casa y no salgo ni aunque me toque el timbre Ryan Gosling. ¿Te gusta ser mujer? Pues sí, señores de la tele. Me encanta. Y “esos días” también.

Me encanta hacerme bolita en el sofá, prepararme tés calentitos y llorar mucho viendo una serie. Y me encanta darme cuenta de la sensibilidad extrema que tengo, la claridad para saber qué tengo que desechar de mi vida (aunque duela), qué decisiones debo tomar o hacia dónde debo ir. Es la oportunidad para parar el carro, estirar las piernas, repostar y mirar el mapa. Una fina ofrenda que la naturaleza, UOU, nos brinda cada mes.

¡Mujeres! Modernicémonos de verdad. Asumamos nuestro cuerpo y nuestras emociones para avanzar con pasos firmes. No nos vayamos sin dejar el agua limpia, aunque sea la del arroyito que nos baña más de cerca. 

 

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El secreto de Babauta: Cómo eliminar lo que no sirve en tu vida

Warren Buffet decía que la diferencia entre la gente exitosa y la gente muy exitosa es que los segundos dicen ‘no’ a casi todo. ¿Y cómo lo hacen? En este podcast te cuento algunos truquis efectivos para poder desechar lo que no es esencial en tu vida; así podrás simplificar tu rutina ¡y dejar de correr!

Entre otras cosas, en este audio te hablo de mi último descubrimiento: el libro Zen to Done (Productividad Zen, en su versión en castellano) de Leo Babauta. ¡Me encanta! Babauta propone un conjunto de hábitos para que puedas organizarte y mejorar tu gestión del tiempo, para que simplifiques tu vida, tengas las cosas bajo control y, por fin, consigas que las cosas se hagan.

Una de las propuestas que me maravilla de este libro (además del octavo hábito, “simplificar”, del que te cuento en el postcast por qué me dejó helada) es que el autor no te agobia. Te dice: “ey, practica de uno a uno cada objetivo. No te agobies”. Como mucho –recomienda- céntrate en 2 ó 3 de ellos simultáneamente y en mantenerlo 30 días.

Qué maravilla: paso a paso y con calma caminamos mejor. ¿No?


¿Y qué vas a encontrar en este podcast?

0:32 – No decimos “no” por creídos o fashion
0:48 – El sentido esencial de decir que no
1:35 – La verdadera tentación
2:40 – ¿Qué acepto en mi vida solo por miedo?
3:30 – La metáfora del trapecio
3:52 – La fórmula secreta a la hora de elegir
4:33 – Último descubrimiento: Leo Babauta y su libro “Productividad Zen”
5:03 – El octavo hábito de Babauta, un hallazgo
5:15 – (1) Elimina (Lo que quité en mi vida)
6:29 – (2) En busca de lo esencial (¿cuáles son las acciones esenciales?)
7:07 – (3) Sin compromisos
7:35 – Lo que me impactó: la diferencia entre “rellenar” el calendario y actuar de forma consistente
9:08 – ¿Por qué hacemos la mayoría de las cosas?

Los diez mandamientos de Babauta

Aquí te dejo el resumen de los diez hábitos que plantea Babauta. En su libro –que no es muy extenso y que aboga por la simplicidad- dedica un capítulo a profundizar cada uno de estos hábitos.

1. RECOLECTAR. Lleva siempre contigo una pequeña libreta (o cualquier herramienta de captura de información que te sea útil) y escribe en ella cualquier tarea, idea, proyecto o cualquier otra información que produzca tu cabeza. Saca todo esto de tu cabeza y ponlo en papel. Así no lo olvidarás.

2. PROCESAR. Dejar que la información de la bandeja de entrada se acumule es atrasar en la toma de decisiones. Procesa tus bandejas de entrada (correo electrónico, bandejas físicas, buzón de voz, libreta) al menos una vez al día, y más frecuentemente en el caso en el que sea necesario.

3. PLANIFICAR. Cada semana, haz una lista de los Big Rocks (las tareas más importantes) que deseas completar durante esa semana, y prográmalas para ser las primeras que realices. Asegúrate de cumplirlas.

4. HACER. Selecciona una tarea y céntrate exclusivamente en ella. En primer lugar, elimina todas las distracciones, como el email, el teléfono móvil, Internet en el caso en el que sea posible, y el desorden de tu escritorio. A continuación, imponte una cantidad de tiempo para trabajar en dicha tarea. No permitas que nadie te interrumpa.

5. UN SISTEMA SIMPLE Y CONFIABLE. Haz listas, pero no crees un sistema complicado. Deja de probar constantemente nuevas herramientas. Es una pérdida de tiempo, tal como suena. Céntrate en lo que tienes que hacer ahora, no en jugar con tu sistema o tus herramientas.

6. PON LAS COSAS EN EL LUGAR QUE CORRESPONDA. El material entrante, gestiónalo: ponlo en tus listas, en una carpeta en tu sistema de almacenamiento, o a tu bandeja de salida si vas a delegar, o a la basura. No apiles las cosas para ordenarlas más adelante.  

7. REVISAR. Revista cada semana tus objetivos: comprueba el progreso realizado durante la última semana con respecto a tus metas anuales, y decide qué pasos seguir para acercarte a ellas durante la siguiente.

8. SIMPLIFICA. Revisar tus listas de acciones y proyectos con el objetivo de ver si es posible simplificarlas. Elimina todo menos los proyectos o las tareas esenciales, de tal forma que te puedas centrar en ellos. Asegúrate de que tus proyectos y tareas están en concordancia con tus proyectos anuales y metas en la vida.

9. RUTINAS. Intenta adoptar el hábito de crear rutinas. Un hábito matinal, por ejemplo, podría incluir examinar tu agenda, repasar tus listas, establecer tus tareas más importantes, hacer ejercicio, procesar el correo y las bandejas de entrada, y completar la acción más importante del día.

10. ENCUENTRA TU PASIÓN. Si tu trabajo es algo que te apasiona, no solo no procrastinarás, sino que te encantará hacerlo y querrás hacer más. El hábito a formar es el de buscar constantemente cosas que te apasionen, y ver si eres capaz de hacer una carrera de ellas.

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Las vacaciones no son para descansar

Entré de vacaciones de un momento a otro. Allá por el mes de julio corté el cordón umbilical de un hachazo y pasé de alimentarme con sangre a aspirar bocanadas de aire. Los días se enmarcaron en otra dimensión y las horas empezaron a transcurrir como versos de un poema muy lento. ¡Ah, il dolce far niente!

Cuando se acercó el momento de volver, me pregunté: ¡¿Y cómo voy a hacer yo para retomar la actividad!? Y entré en pánico por inercia, como años atrás, cuando no tenía ni idea de cómo volver a mordor (el horror del trabajo de siempre). Era, yo, un Frodo mediterráneo que se empeñaba en ir en sentido contrario al que tenía que ser.

Pero todavía había algo peor en esas transiciones, porque las vacaciones servían para destensarme y para reflexionar qué quería hacer con mi vida ese nuevo curso. “A lo que hacía el año pasado no vuelvo ni loca”, me decía, y daba rienda suelta a mi vida ideal: tocaba con mis dedos los nuevos proyectos y sus alegrías. Mi imaginario se convertía en un Disney World laboral con jefes rosas y jornadas plagadas de unicornios centelleantes.

Pobre de mí.

Porque septiembre me acechaba a la vuelta de la esquina. Y, ¿adivinas qué? ¡Al poco tiempo todo seguía igual! Las ideas caían en un barril sin fondo y mi rutina me absorbía de nuevo. “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, me quejaba. Y –socorro- no encontraba el asa de donde cogerme para impulsarme a salir de allí.

“Es el síndrome postvacacional”, me decía también. Y googleaba para ver qué podía hacer para reinsertarme en la monotonía sin darme mucha cuenta. Allí estaban todos los truquis:

1) entrar rápidamente en el horario de oficina espartano y hacer como si nada, 2) convencerme a mí misma: “es normal, a todo el mundo le cuesta volver al trabajo”, 3) hacer ejercicio para quemar la angustia, 4) organizar planes divertidos para el fin de semana (¡que linda era mi vida durante 48 hours a week!).

Y así pasaron muchos años.

Vacaciones – 1, marmota – 0

Y un día, harta de revivir mil veces el día de la marmota (el mismo día se repite hasta el infinito), me atreví a abrir una puerta, que me llevó a abrir otra puerta, y otra, y otra más. Y hace un tiempo, por primera vez, me dije: “Ana Claudia, las vacaciones no son para descansar”. Bueno, sí, pero no solo. Descubrí que también es el momento ideal para reponer, desear y planificar. ¡Planificar para concretar nuestras ilusiones!

Empezar el cole en septiembre no es lavar la bata, estrenar zapatos y comprarse el cuaderno más brillante del lugar. Coincidimos, ¿no? Pisar las aulas al volver de vacaciones es solo un gesto, sí, pero está sustentado por muchas fuerzas que hemos tenido que reunir con antelación. La fuerza de saber qué quiero hacer, hacia dónde voy y con quién.

Para ponerlo fácil –y para matar a todas las marmotas del mundo de una vez por todas- he creado un curso on line (🕝TicTac. Dirige tus horas, valora tu vida 🕝) que es un programa condensado en el que se despliega paso a paso lo que tienes que saber para manejar tu tiempo y alcanzar tu versión ideal de la vida. Sea cual sea el significado de “ideal”. TU versión. TU ideal.

¿Cómo sería una vida en la que pudieras hacer lo que te gusta todo el tiempo? ¿Y si de repente en tu jornada laboral las horas pasaran volando, como cuando te tiras en la playa con un helado a escuchar el mar? ¿Y si tus vacaciones, quiero decir, se parecieran demasiado a tu trabajo, que no es más que el ejercicio diario de tu talento?

*

Pasó agosto y yo he estado sacándome punta. Ya no veo la hora de arrancar.

¿Y tú? ¿Cómo vas?

 

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La procrastinación va por dentro [pero tiene solución]

Cuenta la leyenda que Víctor Hugo se sentaba desnudo a escribir para evitar levantarse de la silla, distraerse y procrastinar. Además, pedía a sus sirvientes que escondieran su ropa, así la tentación quedaba bien lejos.

Dejar para mañana lo que puedes hacer hoy es un mal antiguo que ahora, según un estudio reciente, nos afecta al 20% de las personas. ¡Una de cada cinco! Yo tengo que confesar que si estoy muy inquieta y quiero cumplir mis objetivos, desactivo el wifi del ordenador y dejo el móvil en otra habitación. Eso para empezar.

Porque, si tiramos pelotas fuera, hay que decir que la tecnología no nos ayuda a tener bajo control la procrastinación. La era digital es un campo minado de ventanas emergentes, mensajes de wasap y notificaciones sonoras que nos descentran en cuestión de segundos. Aunque decidamos superar la tentación de mirar el facebook o el correo electrónico, hoy la información se empeña en venir a buscarnos. Y así mantener la concentración en el trabajo es un trabajo chino, toda una proeza. ¿O no?

¿Vivían nuestros padres un entorno más favorable sin tanto estímulo? Yo no soy mucho de “todo tiempo pasado fue mejor”, pero es cierto que el ritmo frenético y la obsesión actual por la productividad acentúan la presión y el estrés. Nuestra jornada debe ser hiper fértil y, a menudo, posponemos el objetivo principal para atender las pequeñas urgencias. Aplazamos lo importante y acto seguido… llegan las malditas consecuencias.

El mecanismo interior de la procrastinación

Ya estamos arreglados. Atrasamos las decisiones clave y nuestro rendimiento cae en picado, la autoestima se queda adolorida y nos habita la ansiedad y la culpa. ¡Otra vez!

Y aunque el origen de tamaño desastre tiene el aspecto de un grupo de bits malévolos y de pantallas de colores, el motivo real –como casi siempre- está en nuestro interior. Me temo que sí.

¿Cuáles son las principales causas de la procrastinación?

  1. El perfeccionismo. ¿Quién es capaz de empezar una tarea con la pretensión de conseguir un Nobel? La presión se mide en millones de pascales (y la necesidad de sentirse querido también).
  2. Miedo al fracaso. Observa que la estrategia es perfecta: “pospongo lo que tengo que hacer porque si no lo realizo nunca, evito el fracaso”. Para tu inconsciente es la cuadratura del círculo.
  3. Rabia e impaciencia. Ya quiero estar en la meta y ni siquiera me he atado los cordones de los zapatillas. (¡Buena suerte, compañero!)
  4. Creencias irracionales. Tales como “no viviré nunca de esto, así que mejor me centro en todo lo demás”.
  5. No hay deseo. Cuando oímos frases como “¿Qué tal vas con el informe anual corporativo?”, nuestra respuesta mental es Killing me softly. Si no se nos despiertan las ganas, la acción es el resultado de pura disciplina y esfuerzo.
  6. Decisiones impulsivas. Cuando nuestras decisiones son poco consistentes no se sustentan en el tiempo porque son fruto de arranques irracionales y atolondrados. Welcome procrastinación.

Yo, con este blog, no me he salvado de ninguna. Para qué mentir.

¿Procrastinación o inspiración?

Si en este post no te diera algunas soluciones para evitar la procrastinación sería una mala persona y me quemaría a fuego lento con las llamas del infierno. Pero antes déjame plantearte un dilema: ¿en qué momento la preparación para un proyecto deja de servir para inspirarse y se convierte en un puro ejercicio de postergación? ¿no me pongo manos a la obra porque estoy reflexionando? ¿o, la verdad, porque tengo una pereza inmensa?

Cuando tenemos tiempo suficiente para cumplir un trabajo, los primeros atisbos de procrastinación no son preocupantes: todavía tenemos margen para que en cualquier momento aparezca la creatividad como un huracán.

Pero si la musa tarda en llegar, entonces sí llegan las prisas, la confusión y la falta de confianza en nosotros mismos. ¿Quién no ha rendido un examen en estas circunstancias alguna vez? Y luego ocurre que no fluyes, que los resultados son pésimos y, muchas veces, que terminas por ni siquiera presentarte a la prueba.

Así que para que no me pillen por sorpresa los deadlines o fechas límite, mi solución ultra high recommendation es la planificación. En este post te contaba cómo hacerlo (hay dos plantillas por si quieres ponerlo en práctica). ¡Para mí fue todo un descubrimiento! Cuando no me organizo bien, trabajo desordenada, desenfocada y durante miles de horas. Y lo peor, no hay rastro del disfrute.

Tres claves para surfear la procrastinación

Para ir al fondo de la cuestión lo mejor es atender las causas internas que provocan la procrastinación.

Y mientras lo haces, hay varios recursos para ir dándole esquinazo. Por ejemplo. Concentrarse los cinco primeros minutos de cada tarea (que son los peores), apuntar en un lugar visible los objetivos del día o dividir una tarea grande en muchas pequeñas, para hacerla asequible. También puedes estimularte con una canción favorita para empezar, o pensar en lo feliz que estarás cuando hayas logrado tu meta. Los truquillos para despistar a nuestro vago interno son muchos y variados.

Aunque las principales corrientes se pueden agrupar en tres:

  • Negociación. Pacta contigo mismo los momentos dedicados al trabajo y al placer. Es un sistema de recompensa que te permite ver una serie después de repasar la contabilidad.
  • Organización. Reprograma las tareas de una manera realista, clasificándolas y definiéndolas para que sean más fáciles de abordar.

A mí me sirve dejar todo preparado el día anterior: a la mañana siguiente no me doy tiempo ni a pensar. Desconecto todo y, durante dos horas, clavo mis dedos en el teclado. Me limito a ejecutar lo que ya antes había decidido con calma.

  • Herramientas externas. Echa mano de los recursos externos para evitar la distracción o la tentación. ¿Quieres dejar de comer chocolate? No compres más. ¿Quieres que Internet no te robe más tiempo? Apaga tu router.

La sociedad tiene un doble juego: es la potenciadora de estas tentaciones y, a la vez, nos ofrece herramientas para salvarlas. Ya habrás oído hablar de las aplicaciones que nos separan de las redes sociales (yo uso Stay Focusd para limitarme con el Facebook). Son barreras sutiles pero exitosas porque todos –al margen de la inteligencia o nivel cultural- somos vulnerables a Internet. Y a la procrastinación.

* ¿Me compartes ahora o lo dejamos para más tarde? 😜 😂

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La gestión del tiempo: ¿qué vida quiero?

Mi primer día de clase de clown sentí terror. Ríete tú del dentista, de los libros de Edgar Allan Poe, o de descubrir por encima del hombro que el maestro ha descubierto tu chuleta y viene directo a pillarte in fraganti.

Mucho miedo. De mostrarte a los otros sin poder echar mano de los recursos que planea tu mente. Un chistecito, una idea brillante, una caída de parpados. Algo que afloje la inseguridad. (El clown es implacable con todos esos juegos de luces: sencillamente porque, si algo no es auténtico y espontáneo, el resultado cae en picado. Si tus pensamientos no te sueltan en el escenario, te conviertes en un adulto incómodo pegado a una nariz roja. Y poco más. Vamos, como en la vida real, pero mucho más evidente).

Entonces, ¿cómo poder soltar el control sin que te tiemblen las piernas? Para mí se está convirtiendo en una cuestión de entrenamiento: las clases de clown me están sacando músculo. 💪

Pero ojo que el training del clown va mucho más allá. La semana pasada descubrí cosas que me hicieron reflexionar sobre el tiempo. Madre mía cómo lloré.

Vivir a contrapelo

La consigna se lanzó hace semanas: el martes, teníamos que presentar una propuesta en clase de clown. Ya sabes, pensar una escena, un personaje, algo que contar y lanzarte al vacío. El público y tú.

A mí esa semana me coincidieron un montón de cosas: varias entrevistas increíbles por hacer, el cumpleaños de mi novio, la preparación de obras en casa, mi hermano y un reto admirable, la exposición de una amiga, escribir el prólogo de un libro… ¡Tantas cosas apetecibles por hacer y tan poco tiempo!

Y te digo que cuando el tiempo se te traba, que cuando patinas con la gestión de tus horas, no importa demasiado si amas lo que haces o no. Es la misma cárcel, la ansiedad, la sensación de no llegar (pero con final feliz). Un bocado agridulce que te deja despistado. “¿Qué está pasando aquí?”.

“No llego a pensar mi número de clown, no tengo regalo para mi novio, no me da la vida para esos dos libros geniales, no estoy aprovechando el sol, no estoy ayudando a mi hermano, no he hecho el guión para ese vídeo tan guay, no sé cuándo ir a la peluquería, no puedo concentrarme para escribir, no llamé a mis padres, no tengo tiempo para meditar…”. Mierda. Las prisas pincharon el globo de mi mundo feliz.

Por eso, la gestión del tiempo otra vez. ¿Volvemos?

Pero antes de la reflexión llegó el llanto. En los ejercicios de calentamiento en clase de clown me desahogué de la rabia infinita por tropezar tantas veces con la misma piedra. ¿Y si de repente un acto de magia hiciera que los cambios se acomodaran automáticamente?

Antes de charlar con Juan -el coach Juan Naranjo- sobre la gestión del tiempo, pensé en cómo nos boicoteamos de maneras muy creativas para no darnos la vida que merecemos. En que debemos aceptar que a veces ocurren imprevistos que no se pueden prever ni controlar. Y sobre todo, esto: que la felicidad, digámoslo así, también necesita un orden.

Organizarse la vida: 4 preguntas, 4 errores, 1 reflexión

De la larga conversación con Juan salió este vídeo de ocho minutos sobre cómo gestionar nuestro tiempo.

Aquí te dejo escritas algunas ideas interesantes que surgieron.

Las preguntas.
  • ¿Dejas agujeros libres en tu agenda o atiborras todas las horas con un montón de actividades?
  • ¿Con cuánta antelación planificas tu tiempo? ¿de hoy para mañana? ¿un mes vista?
  • ¿Qué pasa cuando tienes un imprevisto? ¿cómo gestionas eso que no está contemplado en tu agenda?
  • ¿Empiezas con mucha fuerza tus proyectos y luego vas perdiendo fuerza?
Algunos de nuestros errores.
  • Planificamos nuestra agenda a corto plazo.
  • No priorizamos: nos lanzamos a resolverlo todo por igual.
  • Nuestras previsiones no son realistas.
  • No contemplamos espacios para recargar energías (y volver a la carga más productivos).
La reflexión.

Lo que apuntamos en nuestra agenda debería ser el resultado de lo que nos apetece hacer (con nuestra vida). No de lo que tenemos que hacer por obligación, compromiso o culpa. Al planificar nuestro tiempo estamos diseñando cómo queremos que sea nuestra vida.

Parecía más inocente el acto de tomar el bolígrafo y escribir, ¿verdad?

Dos menciones especiales:

  1. A mi profe de clown, Oh Félix, porque su mezcla de chispa, profundidad y ternura hace que no me pueda despegar de mi nueva nariz. ¡Gracias Félix por tu talento y tu amor, y por la alegría de cada martes!
  2. A las chicas del Bed&Breakfast Ca la Maria. A Lili, que nos atiende siempre con tanta paciencia y cariño cada vez que invadimos el bed&breakfast con Juan para grabar nuestras charlas . ¡Mil gracias por compartir vuestro espacio con nosotros!
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Mis principales obstáculos para emprender (y sus soluciones): balance 1

A lo mejor es pronto para hacer un recuento de lo peor y lo mejor en esto de empezar un blog y querer rentabilizarlo (ya sabes: ¿cómo es en realidad el camino para vivir de lo que amas?). Pero tengo ganas de contarte ya algunos de los obstáculos para emprender que más me cuestan superar. Sobre todo quiero compartir contigo el primer gran freno que me llevó varios días gestionar. Allá vamos:

  1. PLANIFICAR: Cuando hay un poco de caos y no sé cuándo hacer las cosas, me abandono al “sobre marcha” y la ansiedad empieza a campar a sus anchas. Mal síntoma. SOLUCIÓN: sacar la agenda y ensayar una y otra vez la mejor configuración de mi tiempo. Déjame enlazar con el siguiente punto.
  1. CUIDAR EL TIEMPO: estoy acostumbrada a apuntarme a un bombardeo (los de mi entorno también) y cuando empiezas a decir que no… cuesta. SOLUCIÓN: en este caso, el remedio es más bien interno. No hay otra que convencerte a ti mismo de que ahora es tu momento y de que tú eres la máxima prioridad. Foco, foco y foco.
  1. OCUPARSE DEL MARKETING: será por la experiencia, pero escribir es lo que hago más rápidamente y lo que me gusta más. Por eso a veces me anclo allí y descuido las cuestiones de marketing, fundamentales para que “Y si de repente” funcione. SOLUCIÓN: planificar en el calendario las acciones destinadas a la difusión del proyecto y cumplirlo con precisión. ¿Cabe toda la frase en un mantra? (¡Ojo! En el fondo, hay también mucha pereza de enfrentarme a la incomodidad de lo que no domino. Pero lo que hoy me lleva cuatro horas; el mes que viene serán dos).

También hay amor

Hacer apología del emprendimiento como la solución para todos los males es peligroso. Pero hay cosas que no se pueden negar.  Aquí, los aspectos positivos desde que nació «Y si de repente»:

  • LA FELICIDAD. Me levanto de la cama dando un salto mortal (esta es mi oda a los 80 y a los Hombres G 😆). No hay mejor energizante, una motivación más grande para levantarte, que visualizar tu mesa, tus ideas y un montón de hojas en blanco. El sentimiento es similar a cuando sabes que ese día te vas de vacaciones, o vas a encontrarte con el chico que te gusta. ¡Yujuuuu!
  • TIME IS MINE. La gestión del tiempo –ya te lo decía- no es tarea fácil. Pero cuando consigues domesticar los segundos, los minutos, las horas, la vida se convierte en un paseo en descapotable, por la costa, un día de sol. Hago lo que quiero con mi pelo vida.
  • MEJORO. Porque aprendo a la velocidad del rayo y cada día tomo más consciencia de la vida que quiero. Y eso es un generador de endorfinas del tamaño del Volga.

El rechazo

Pero no siempre mejoro a través de la felicidad. Transitar por esta ruta implica encontrarme con monstruitos interiores que había escondido muy bien, en algún rincón, debajo de una piedra, camuflado con el paisaje.. Para mí, éste es uno de los obstáculos para emprender más comprometidos y menos comentados.

«Vale, estoy aquí para escucharte», tengo que decirles a mis negruras, mientras las miro a la cara. Para que no me engañen, para poder continuar. Es lo que me pasó precisamente hace poquito con la gestión del rechazo. Te lo cuento en este vídeo:

Pienso en lo que leía ayer, de Alicia Kopf en su libro Hermano de Hielo: «Si transformar la alegría, la belleza y la seducción en oro no cuesta mucho (el proceso alquímico es simplemente un cambio de molde), la conversión de la mierda en oro es un proceso costoso tanto para el organismo que lo lleva a término como, indirectamente, para su entorno». Y dice: «Somos alquimistas, como los gusanos, secretamos seda».

 

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¿Quieres vivir de lo que amas? Esta es mi fórmula de la Coca Cola

¡Hola! Quería compartir contigo lo que descubrí hace muy poco y que, de verdad, me cambió mucho la vida. Una amiga dice que es la fórmula secreta de la Coca Cola, y un poco tiene razón. A mí me transformó el punto de vista. Me di cuenta de que realmente puedo hacer todo lo que quiera en la vida. ¡Mágico!

(Si lo prefieres, puedes escuchar esta entrada aquí, mientras cocinas, vas a correr o te tomas un vinito viendo la puesta de sol)

¡Empecemos!

Siempre que he tenido una idea o un sueño, en seguida han aparecido bloqueos me han hecho desistir. Eran excusas basadas en creencias o en miedos.

Los miedos venían en forma de pensamientos como: no lo voy a hacer bien, no me va a salir, voy a estar nerviosa y me voy a poner de mal humor, voy a hacer el ridículo… Con este proyecto te digo que me aparecieron todos. Toditos.

Además de las excusas creadas por los miedos, están las excusas que tienen detrás creencias.  Son pensamientos que tenemos instalados en nuestro cerebro y que avalamos al 100%, muchas veces sin darnos cuenta. No nos damos cuenta porque en la mayoría de los casos están instaladas allí desde que somos pequeños. Allí entran: “Qué duro es trabajar”, “todos los hombres son iguales”, “los jefes solo quieren explotarte”, etc. Y también las creencias cambian con el tiempo: “la tierra es plana” era una creencia que todo el mundo aceptaba. Vaya usted a saber qué estaremos pensando hoy que en cien años les parecerá una burrada.

Preguntas poderosas para nuevos puntos de vista

Como quería identificar mis creencias, hice un día un ejercicio que parece muy sencillo pero que es súper potente. Me hice dos preguntas:

  1. ¿Qué proyecto me encantaría hacer?
  2. ¿Por qué no lo hago ya?

La semana les hice esa misma pregunta a mis amigos y conocidos más cercanos. ¿Cuál es tu excusa para no cumplir tu sueño ahora mismo?, les pregunté. Y una de las justificaciones más comunes fue, naturalmente, la falta de tiempo. Que en mi vida, por cierto, ha sido uno de los hits.

“No tengo tiempo”. Vale. Entonces yo me dije, vamos a ver si esto es una creencia. Para eso a mí me fue genial monitorizar todo mi tiempo y así ver qué hacía en mi día a día.

Para eso usé una plantilla que me fue genial. Te la envío por correo si ya estás suscrito y si quieres recibirla déjame tu mail en el formulario o a través del link de abajo.

¿Qué descubrí al monitorizar mi tiempo?

Con esta plantilla me di cuenta de que:

  • No trabajaba tanto.
  • Perdía el tiempo muchísimo.
  • Me pasaba el día estresada para tener muy pocos resultados. Además, me había acostumbrado en cierta manera a ese malestar leve pero constante.
  • Y, sobre todo, descubrí que necesitaba organizarme para cambiar.

Necesito organizarme. No puede ser que haya gente famosa o célebre que ha hecho cosas increíbles en medio de guerras, o teniendo hijos, enfermedades y apuros económicos. Y yo aquí.

La clave en el arte de hacer lo que te dé la gana

Y me pregunté: ¿Entonces qué hago? Y Juan Naranjo el año pasado me dio la clave de las claves mundiales. Me dijo: PLANIFÍCATE.

Pero antes de hacerlo tuve que desmenuzar mi objetivo. Cortarlo a trocitos. Porque, claro,  generalmente para realizar un objetivo tienes que hacer muchas cosas. Y si las ves así a lo lejos, en plan montaña, pues te entra un miedo, una pereza y un todo, que bueno. Normal que no empieces.

Escucha a esta amiga:

Si te dicen que te tienes que comer una vaca entera, a ver quién es el guapo que se la zampa de golpe. Hay que trocearla, cocinarla a trocitos, ahora al horno, ahora con ajito, ahora un estofado, y entonces sí.

Trocear tu sueño es la bomba, porque te permite dos cosas:

  1. Empiezas a ver que es posible porque vas viendo que bueno, la vaca, a lo mejor, oye, te la puedes comer. No es una utopía ni una locura vivir de tu música o irte a vivir al campo o ser una crack de la actuación. De un objetivo muy grande, vas creando muchos pequeños: es lo que hacemos, más o menos, cuando queremos irnos de vacaciones. Planificamos con tiempo varias cosas, varios “sub-objetivos” dónde vamos a ir, en qué fechas, con quién, cuánto te va a costar, etc. Y te lo colocas en tu calendario o agenda.

Por cierto, te enviaré también una plantilla para puedas organizarte en el tiempo fácilmente. Con este Excel es muy fácil, ya verás. Solo tienes que tener un poco de disciplina (escribes allí lo que has planificado previamente y, cuando te levantes por la mañana, sólo tienes que encargarte de ejecutar la tarea. Sin reflexiones, vueltismos o procrastinaciones. ¡La vida resulta mucho más fácil!)

  1. Lo segundo que puedes hacer cuando fraccionas tu objetivo es planificarte en el tiempo. A lo mejor no lo vas a lograr la semana que viene, pero sí en cinco meses o en cinco años, o en quince ¿Por qué no? ¡Yo no creé mi blog en una semana pero en tres meses sí!

Una pregunta y dos plantillas después

¿Quiero escalar el Everest? Ahora mismo haría una lista de lo que necesito -seguramente lo primero sería informarme. A ver, espérate, me tengo que entrenar, tengo que ahorrar dinero, buscar un compañero. Etcétera. Y lo colocaría todo en un calendario a corto, medio y largo plazo.

¡Traza un plan! De verdad, yo creo que si nos proyectamos –papel y lápiz- podemos conseguir sin mucho esfuerzo lo que queremos. Vivir de lo que amamos, claro, también. Yo, pasito a pasito, estoy en ello.

*Si te animas, cuéntame si has hecho este experimento y cómo te va. Para lo que quieras compartir, estoy en anaclaudia@ysiderepente.com

¡Un abrazo!

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