Tag:

gestión del cambio

Mis principales obstáculos para emprender (y sus soluciones): balance 1

A lo mejor es pronto para hacer un recuento de lo peor y lo mejor en esto de empezar un blog y querer rentabilizarlo (ya sabes: ¿cómo es en realidad el camino para vivir de lo que amas?). Pero tengo ganas de contarte ya algunos de los obstáculos para emprender que más me cuestan superar. Sobre todo quiero compartir contigo el primer gran freno que me llevó varios días gestionar. Allá vamos:

  1. PLANIFICAR: Cuando hay un poco de caos y no sé cuándo hacer las cosas, me abandono al “sobre marcha” y la ansiedad empieza a campar a sus anchas. Mal síntoma. SOLUCIÓN: sacar la agenda y ensayar una y otra vez la mejor configuración de mi tiempo. Déjame enlazar con el siguiente punto.
  1. CUIDAR EL TIEMPO: estoy acostumbrada a apuntarme a un bombardeo (los de mi entorno también) y cuando empiezas a decir que no… cuesta. SOLUCIÓN: en este caso, el remedio es más bien interno. No hay otra que convencerte a ti mismo de que ahora es tu momento y de que tú eres la máxima prioridad. Foco, foco y foco.
  1. OCUPARSE DEL MARKETING: será por la experiencia, pero escribir es lo que hago más rápidamente y lo que me gusta más. Por eso a veces me anclo allí y descuido las cuestiones de marketing, fundamentales para que “Y si de repente” funcione. SOLUCIÓN: planificar en el calendario las acciones destinadas a la difusión del proyecto y cumplirlo con precisión. ¿Cabe toda la frase en un mantra? (¡Ojo! En el fondo, hay también mucha pereza de enfrentarme a la incomodidad de lo que no domino. Pero lo que hoy me lleva cuatro horas; el mes que viene serán dos).

También hay amor

Hacer apología del emprendimiento como la solución para todos los males es peligroso. Pero hay cosas que no se pueden negar.  Aquí, los aspectos positivos desde que nació «Y si de repente»:

  • LA FELICIDAD. Me levanto de la cama dando un salto mortal (esta es mi oda a los 80 y a los Hombres G 😆). No hay mejor energizante, una motivación más grande para levantarte, que visualizar tu mesa, tus ideas y un montón de hojas en blanco. El sentimiento es similar a cuando sabes que ese día te vas de vacaciones, o vas a encontrarte con el chico que te gusta. ¡Yujuuuu!
  • TIME IS MINE. La gestión del tiempo –ya te lo decía- no es tarea fácil. Pero cuando consigues domesticar los segundos, los minutos, las horas, la vida se convierte en un paseo en descapotable, por la costa, un día de sol. Hago lo que quiero con mi pelo vida.
  • MEJORO. Porque aprendo a la velocidad del rayo y cada día tomo más consciencia de la vida que quiero. Y eso es un generador de endorfinas del tamaño del Volga.

El rechazo

Pero no siempre mejoro a través de la felicidad. Transitar por esta ruta implica encontrarme con monstruitos interiores que había escondido muy bien, en algún rincón, debajo de una piedra, camuflado con el paisaje.. Para mí, éste es uno de los obstáculos para emprender más comprometidos y menos comentados.

«Vale, estoy aquí para escucharte», tengo que decirles a mis negruras, mientras las miro a la cara. Para que no me engañen, para poder continuar. Es lo que me pasó precisamente hace poquito con la gestión del rechazo. Te lo cuento en este vídeo:

Pienso en lo que leía ayer, de Alicia Kopf en su libro Hermano de Hielo: «Si transformar la alegría, la belleza y la seducción en oro no cuesta mucho (el proceso alquímico es simplemente un cambio de molde), la conversión de la mierda en oro es un proceso costoso tanto para el organismo que lo lleva a término como, indirectamente, para su entorno». Y dice: «Somos alquimistas, como los gusanos, secretamos seda».

 

 👉 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
Francesc Miralles y el ikigai: tres claves para descubrir la vocación en ti

— Iki ¿qué?

— ¡Ikigai!

Siempre me he llevado bien con mi madre, pero cuando era niña existía un momento en el que deseaba con todas mis fuerzas que un agujero negro la absorbiera. Era, justamente, cuando yo estaba en el clímax de un libro, de noche, debajo de las sábanas e hipnotizada por las páginas. La escena de cuando ella entra sigilosa en la habitación era casi siempre la misma: el pomo de la puerta que gira, su cabeza que aparece poco a poco, casi a cámara lenta, y su voz mezcla de súplica y hastío: “Ana Claudia, ya está bien. Te voy a apagar la luz”.

Con la claridad del día la cosa cambiaba: mi madre estimulaba incansablemente mis flirteos con los libros. Y supongo que por eso desde muy joven ya tuve claro que las letras, de algún modo, estarían presentes en mi vida. Aunque también es cierto, debo confesar, que mil veces he dudado sobre qué forma darle, cómo moldear esa vocación para encajarla en mi día a día.

Al fin y al cabo, ¿quién no ha estado desorientado alguna vez en su vida? ¿quién no ha arrastrado un cansancio infausto por la monotonía de un trabajo cualquiera, la impertinencia de un jefe o la motivación que no llega? ¿quién no ha querido nunca tomar un nuevo rumbo? Yo, en todo esto, soy la máster del universo. ☝

Ikigai: encuentra tu propósito

Me he fijado que las pasiones cambian, aparecen tímidamente o como un vendaval, se transforman, a veces se diluyen. Y otras se esconden muy bien: hay muchas personas que no pueden vivir de lo que aman sencillamente porque todavía no han descubierto qué es lo que les mueve. Cuál es su propósito vital.

“El ikigai está escondido en nuestro interior y requiere de una exploración paciente para llegar a lo más profundo de nuestro ser y encontrarlo!”

Por eso hoy quería presentarte a Francesc Miralles, autor del best-seller “Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz”, que escribió junto a su amigo e ingeniero Héctor García. El libro está arrasando (¡hasta Ophra Winfrey lo recomendó en su show!). Pero lo que quería contarte es que esta palabra japonesa se traduce como “razón de ser” y que, en una entrevista reciente, Francesc me decía: “para que podamos reconocer nuestro ikigai tiene que darse un proceso de indagación”. Y me daba tres técnicas para poder llegar a él más fácilmente:

  1. El test negativo – de Alejandro Jorodowski
  2. Encontrar tu elemento – de Ken Robinson
  3. Recuperar los sueños infantiles – de Randy Pausch

Te lo explico en este audio:

De camarero a best-seller

Mientras nos tomábamos un té japonés en la Casa Ikigai (que es donde Francesc Miralles da sesiones para despertar el talento y la misión de las personas), él me contó su camino antes de ser escritor súper-ventas:

Francesc Miralles y el ikigai

Cuando era joven, el ikigai de Francesc era viajar. Comprar un billete y largarse fue su motor durante muchos años. En el nuevo lugar, acostumbraba a trabajar de camarero y así fue como descubrió su segundo ikigai: el piano. Más tarde, se matriculó en filología alemana para ser profesor y, aunque ejerció durante un tiempo, pronto le desvió otra pasión. Su vida era así: de repente, en él, aparecía otro él.

Esta vez fueron los libros. Al principio editaba y escribía para otros, y poco a poco fue consolidando su perfil de autor especialista en temas de psicología, espiritualidad y crecimiento personal. Hasta llegar hasta hoy, con más de 30 libros escritos, entre ellos Barcelona Blues, Conversaciones sobre la felicidad, La dieta espiritual o Amor en minúscula.

Ahora su misión es hacer palanca: hacer emerger de nuestro interior nuestro deseo, la prioridad de nuestra existencia, para convertirla en el centro de nuestra vida. Podríamos decir que hoy, el ikigai de Francesc Miralles es el ikigai de los otros.

**En el audio te contaba cuál era el secreto de los abuelos de la aldea de Ogimi para vivir tantos años (es famosa por tener el mayor número de centenarios del mundo).  ¿Y tú, hasta qué punto crees que es importante descubrir el ikigai en tu vida? ¿poner en práctica tu talento es sinónimo de felicidad?

 👉 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
1 Facebook Twitter Google + Pinterest
Sí, quiero

Cuando viví en Tierra del Fuego, un día que hacía mucho frío, la novia de un amigo me dijo: “Yo soy profesora de yoga, ¿por qué no vienes a probar una clase?”. Yo debía tener cara de hielo o de desencaje, no sé. La cuestión es que fui, respiré y me estiré.

Recuerdo la madera vieja del lugar y cómo el viento tirano hacía temblar el ventanal de la sala. A través del cristal se veía el Mar Argentino, azul petróleo, contundente como una puñalada. Pero lo que más recuerdo de aquel día es la sensación de volver a mí. Después de una hora y media de clase me sentía tan liviana que, de verdad, ni me lo creía. Nunca hubiera pensado que esa sugerencia me traería tanta paz (ni aquella tarde, ni todas las tardes de yoga que vinieron después).

Qué hay detrás

Por eso siempre que ahora alguien me hace la pregunta “¿no quieres probar…?”, yo no me puedo resistir. Hay veces que la cosa sale bien (el yoga, la salsa, el clown) y otras que no tanto (¿cómo se puede ser tan torpe bailando contact?). Pero lo único que siento en ese momento es que, si no lo intento, nunca sabré si detrás de esa opción había un tesoro o una puerta estéril.

Y yo, con esa espinita, no me quiero morir.

*Ya sabes que sorteo cada semana una sesión gratuita con el coach financiero Juan Naranjo. Quizás sea una buena oportunidad para ver qué puertas o qué nuevos horizontes se pueden abrir en tu vida. Si así lo sientes, participa en el sorteo de la semana que viene rellenando el formulario de aquí abajo. ✏

Y si al leer este pequeño post te ha venido alguien a la cabeza, invítalo con este post y dale una oportunidad para que se inspire y, quizás (¡ojalá!) algo pueda cambiar en su vida. Mi vecina dice todo el tiempo: “¡Los caminos del señor son inescrutables!”. Y yo digo: ¡Amén! Y digo también: ¡Gracias por compartir!

 👉 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
Gracias a todos [Y por qué debemos preguntarnos qué línea traspasar]

A mis padres los conocí de mayores. Ellos estuvieron siempre allí, quiero decir conmigo, pero cuando yo llegué, Vicente y Ana ya estaban instalados en la treintena. Me había perdido su niñez, sus años de adolescencia, su entrada en la edad adulta.

Por eso no entiendo muy bien –aunque lo intuyo- su lista de prioridades ni lo que los inspiró. Pero sé que formaron parte de una generación que luchó y mejoró. Que abrieron puertas a machetazos y avanzaron aun si afuera, o adentro, había una voz persistente diciendo “no”.

Hoy, su herencia está en la normalidad con la que pronunciamos palabras como “vacaciones”, “seguridad social”, “gay”, “aeropuerto” o “máster”. Las decimos como quien dice calle-café-beso. Damos todo eso por sentado.

Ahora, mientras tomo un té revisando el mundo a través de mi móvil (como si tal cosa), me pregunto ¿cuál es nuestra misión como generación? ¿qué legado dejaremos a los que vienen detrás?

El valor de los otros

Y mi mente se repliega en espejo y no puedo evitar pensar en toda la Humanidad.

En el primate que salió de su zona de confort y se curró su primer fueguito. En el primero que especuló en las posibilidades de la rueda y armó un carro maltrecho. ¡En el pánico y el coraje de los hermanos Wright y el avión inaugural! En el científico que probó en su propio organismo la vacuna.

Gracias a todos. Por ellos ahora no es raro el calor, ni los viajes, ni la tranquilidad de una pastilla a tiempo. Gracias a las mujeres que desafiaron el establishment para pedir el voto, a los artistas que crearon obras imposibles saltando por encima de tendencias e intereses. Gracias a los cientos de escritores de todas las épocas que nos dejaron su legado a pesar del miedo a ser juzgados.

Gracias a las minifaldas

Pienso también en los miles y miles de personas que en la soledad de sus habitaciones se fijaron una meta y, llenos de temor e incertidumbre, dieron un paso –cualquiera-  para mejorar su vida un poquito. Una denuncia, una minifalda, un diploma. Anónimos, grandes, que se atrevieron a traspasar una línea para romper estereotipos anquilosados. Y que con esa decisión nos trajeron hasta hoy.

Gracias a mi padre y a mi madre que me dieron amor, educación y cierta tranquilidad económica. Me pasaron el testigo para, a partir de allí, poder dibujar nuevos retos en el mapa. Seguir adelante y dejar algo mejor a los que están por venir. Esto, lo otro, de todo.

Es verdad que nuestra sombra, proyectada a futuro, es grande y prometedora. Pero también es cierto que nuestra luz es capaz de atravesar paredes, romper resistencias y vencer. Somos los superhéroes del futuro. Y ahora, 2018, me pregunto, ¿cuál es mi aportación, mi granito de arena que un día se convertirá en una montaña incuestionable e invicta?

 👉 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
¿Quieres vivir de lo que amas? Esta es mi fórmula de la Coca Cola

¡Hola! Quería compartir contigo lo que descubrí hace muy poco y que, de verdad, me cambió mucho la vida. Una amiga dice que es la fórmula secreta de la Coca Cola, y un poco tiene razón. A mí me transformó el punto de vista. Me di cuenta de que realmente puedo hacer todo lo que quiera en la vida. ¡Mágico!

(Si lo prefieres, puedes escuchar esta entrada aquí, mientras cocinas, vas a correr o te tomas un vinito viendo la puesta de sol)

¡Empecemos!

Siempre que he tenido una idea o un sueño, en seguida han aparecido bloqueos me han hecho desistir. Eran excusas basadas en creencias o en miedos.

Los miedos venían en forma de pensamientos como: no lo voy a hacer bien, no me va a salir, voy a estar nerviosa y me voy a poner de mal humor, voy a hacer el ridículo… Con este proyecto te digo que me aparecieron todos. Toditos.

Además de las excusas creadas por los miedos, están las excusas que tienen detrás creencias.  Son pensamientos que tenemos instalados en nuestro cerebro y que avalamos al 100%, muchas veces sin darnos cuenta. No nos damos cuenta porque en la mayoría de los casos están instaladas allí desde que somos pequeños. Allí entran: “Qué duro es trabajar”, “todos los hombres son iguales”, “los jefes solo quieren explotarte”, etc. Y también las creencias cambian con el tiempo: “la tierra es plana” era una creencia que todo el mundo aceptaba. Vaya usted a saber qué estaremos pensando hoy que en cien años les parecerá una burrada.

Preguntas poderosas para nuevos puntos de vista

Como quería identificar mis creencias, hice un día un ejercicio que parece muy sencillo pero que es súper potente. Me hice dos preguntas:

  1. ¿Qué proyecto me encantaría hacer?
  2. ¿Por qué no lo hago ya?

La semana les hice esa misma pregunta a mis amigos y conocidos más cercanos. ¿Cuál es tu excusa para no cumplir tu sueño ahora mismo?, les pregunté. Y una de las justificaciones más comunes fue, naturalmente, la falta de tiempo. Que en mi vida, por cierto, ha sido uno de los hits.

“No tengo tiempo”. Vale. Entonces yo me dije, vamos a ver si esto es una creencia. Para eso a mí me fue genial monitorizar todo mi tiempo y así ver qué hacía en mi día a día.

Para eso usé una plantilla que me fue genial. Te la envío por correo si ya estás suscrito y si quieres recibirla déjame tu mail en el formulario o a través del link de abajo.

¿Qué descubrí al monitorizar mi tiempo?

Con esta plantilla me di cuenta de que:

  • No trabajaba tanto.
  • Perdía el tiempo muchísimo.
  • Me pasaba el día estresada para tener muy pocos resultados. Además, me había acostumbrado en cierta manera a ese malestar leve pero constante.
  • Y, sobre todo, descubrí que necesitaba organizarme para cambiar.

Necesito organizarme. No puede ser que haya gente famosa o célebre que ha hecho cosas increíbles en medio de guerras, o teniendo hijos, enfermedades y apuros económicos. Y yo aquí.

La clave en el arte de hacer lo que te dé la gana

Y me pregunté: ¿Entonces qué hago? Y Juan Naranjo el año pasado me dio la clave de las claves mundiales. Me dijo: PLANIFÍCATE.

Pero antes de hacerlo tuve que desmenuzar mi objetivo. Cortarlo a trocitos. Porque, claro,  generalmente para realizar un objetivo tienes que hacer muchas cosas. Y si las ves así a lo lejos, en plan montaña, pues te entra un miedo, una pereza y un todo, que bueno. Normal que no empieces.

Escucha a esta amiga:

Si te dicen que te tienes que comer una vaca entera, a ver quién es el guapo que se la zampa de golpe. Hay que trocearla, cocinarla a trocitos, ahora al horno, ahora con ajito, ahora un estofado, y entonces sí.

Trocear tu sueño es la bomba, porque te permite dos cosas:

  1. Empiezas a ver que es posible porque vas viendo que bueno, la vaca, a lo mejor, oye, te la puedes comer. No es una utopía ni una locura vivir de tu música o irte a vivir al campo o ser una crack de la actuación. De un objetivo muy grande, vas creando muchos pequeños: es lo que hacemos, más o menos, cuando queremos irnos de vacaciones. Planificamos con tiempo varias cosas, varios “sub-objetivos” dónde vamos a ir, en qué fechas, con quién, cuánto te va a costar, etc. Y te lo colocas en tu calendario o agenda.

Por cierto, te enviaré también una plantilla para puedas organizarte en el tiempo fácilmente. Con este Excel es muy fácil, ya verás. Solo tienes que tener un poco de disciplina (escribes allí lo que has planificado previamente y, cuando te levantes por la mañana, sólo tienes que encargarte de ejecutar la tarea. Sin reflexiones, vueltismos o procrastinaciones. ¡La vida resulta mucho más fácil!)

  1. Lo segundo que puedes hacer cuando fraccionas tu objetivo es planificarte en el tiempo. A lo mejor no lo vas a lograr la semana que viene, pero sí en cinco meses o en cinco años, o en quince ¿Por qué no? ¡Yo no creé mi blog en una semana pero en tres meses sí!

Una pregunta y dos plantillas después

¿Quiero escalar el Everest? Ahora mismo haría una lista de lo que necesito -seguramente lo primero sería informarme. A ver, espérate, me tengo que entrenar, tengo que ahorrar dinero, buscar un compañero. Etcétera. Y lo colocaría todo en un calendario a corto, medio y largo plazo.

¡Traza un plan! De verdad, yo creo que si nos proyectamos –papel y lápiz- podemos conseguir sin mucho esfuerzo lo que queremos. Vivir de lo que amamos, claro, también. Yo, pasito a pasito, estoy en ello.

*Si te animas, cuéntame si has hecho este experimento y cómo te va. Para lo que quieras compartir, estoy en anaclaudia@ysiderepente.com

¡Un abrazo!

 👉 ¿Vives ya como quieres? Empieza por el principio: para ponerte en marcha, descubre en este test gratuito de qué pie cojeas a la hora de organizar tus horas.
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
Older Posts