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Vivir de lo que amas

¿Tu proyecto laboral está parado? Descubre cuál es tu bloqueo (emocional)

Tengo un bloqueo, un bloqueo emocional, que no me deja avanzar en mi proyecto. Crisis en mayúscula o minúscula (da igual). Llevo mucho tiempo atascada, paralizada, hecha un mar de dudas. Días y días preguntándome: ¿qué me pasa? ¿cómo hago para destrabarme y continuar?

Supongo que todo esto te sonará. A mí me ha pasado la tira de veces. ¡La tira! Verdad que te preguntas “¿hay salida para esto o tendré que recular y planteármelo todo de cero?».

Pues entonces give me five, porque somos del mismo club. 😉 Y fíjate lo contenta que me puse con lo que descubrí el otro día:

➡️ Descubrí que a veces nos confundimos y recurrimos a las soluciones equivocadas. Quién sabe por qué, acabamos tirando de bufanda en pleno agosto y creando corrientes de aire en casa cuando el termómetro está en negativo. Mec. Error. Aunque le pongamos mucho empeño, hasta la lana más cool acaba siendo un desastre a 35 grados. ¿A que sí?

➡️➡️ Por eso, para no cortocicuitar hay que saber antes de nada en qué estación estamos. Saber, por ejemplo, si en nuestro proyecto es primavera y hay flores por todos lados, y entonces hay que salir a pasear y tirarse en el césped con los amigos. O si es invierno y toca estar más calmo, junto al fuego, leyendo un libro en soledad.

¿En qué elemento estás tú?

Y ahora vamos al grano, que ya tengo ganas de contarte esta maravilla del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra. Los cuatro elementos te ayudarán a descubrir en qué momento estás para que puedas salir galopando de la crisis y sacarle máximo provecho a tu situación.

Dime: ¿en cuál de los cuatro elementos estás tú?


💡¿Qué vas encontrar en este post?💡

El mapa para deshacer el bloqueo emocional

  1. EL FUEGO O EL DESEO DE AVANZAR
  2. EL AGUA PARALIZADA Y LAS EMOCIONES
  3. CUANDO SE TRABA EL AIRE
  4. ¿TIENES UN BLOQUEO EMOCIONAL CON LA TIERRA?
  5. TIRAR ADELANTE UN PROYECTO: EL QUID
  6. * NOTA O LA FUENTE ESTELAR DE ESTE TEXTO

1. El fuego o el deseo de avanzar

  • ¿Cómo se manifiesta el Fuego a nivel creativo?

Es inconfundible: si estás fogoso, andas motivado hasta el infinito, tienes pasión a raudales y muchas ganas de llevar tu proyecto adelante. Como cuando empecé a pensar en crear Y SI DE REPENTE y una fuerza volcánica me empujaba a avanzar, expresarme y crecer.

Y aunque esa inspiración todavía no había tomado forma, no existía en el mundo entero bombero capaz de apagar ese furor. Palabra de motivada ✌️

  • ¿Qué hacer cuando estoy con energía Fuego?

Canalizar, canalizar y canalizar. Buscar un buen lugar donde volcar toda esa efervescencia ardiente. Yo me encerré con una amiga en una casa rural y durante tres días no paré hacer brainstormings, esquemas y borradores. Era eso o morir calcinada 😉

Y no te olvides: hay que encontrar un lugar donde volcar ese calor. El Fuego es solo la llama, la fuerza motora. (Mira esta imagen y alucina)

bloqueo emocional en el elemento fuego
  • ¿Qué pasa cuando el Fuego se apaga?

Voi-là, bloqueo emocional. Seguramente te sentirás descentrado, sin motivación ni espontaneidad: es el miedo a avanzar el que te pone palos en las ruedas. Hay una resistencia a traspasar una barrera, a romper un hábito antiguo, y la inseguridad le está ganando la partida a las ganas.

(Aquí te contaba lo que me pasó a mí y lo que tuve que hacer para poder seguir haciendo vídeos)

Pero si tenemos que encontrar la parte positiva de esta falta de Fuego (no hay mal que por bien bla bla) es que este enfriamiento te previene de tomar demasiados riesgos, pues seguramente hace rato habrás dejado de tomar iniciativas.

Y es que cuando nos subimos por las paredes de la emoción somos un poco kamizakes. Corremos hacia adelante a zancada limpia sin reparar demasiado en la realidad ni en el otro (más consideración, por favor). Sin contención, nos convertimos en un fogoso radical que al que lo único que le interesa es avanzar.

  • ¿Qué hago para recuperar el Fuego?

Con este bloqueo emocional los juicios campan a sus anchas y te limitan el ritmo. El Fuego activo permite el movimiento con plena confianza, pero si estás frenado, no irás ni para adelante ni para atrás. ¿Lo reconoces, verdad?  

Yo, que conste, estuve un tiempo laaaargo para grabar el segundo vídeo 😅 Tuve que echar mano de todos estos recursos para reactivar:

🔥 La palabra: es una gran aliada porque te echará una mano a la hora de identificar de dónde viene el miedo. Para tener más objetividad sobre tu bloqueo, pregúntate: ¿A qué le temo?

🔥 El juego: a veces expresar algo con palabras es demasiado fuerte y necesitamos un paso previo. Y en estos casos te recomiendo que pongas el cuerpo, literalmente: apúntate a todas aquellas actividades expresivas corporales que no impliquen juicio, como el juego o la danza. (Yo me apunté a clown y no sabes cómo llegué a hacer el saltimbanqui).

🔥 Un hobbie: para desbloquearte y volver a arder, necesitas hacer algo que te guste y que te permita recuperar la confianza en ti mismo. A veces no tenemos ni idea, ¿verdad? Pregúntate qué es lo que harías si no tuvieras ninguna obligación o si lo tuvieras todo, y ponte en marcha.

🔥 Un canal: una amiga valenciana me dijo un día “Si no saco este fuego, me voy a quemar por dentro”. Y yo estoy totalmente de acuerdo: hay que encontrar una actividad que le dé salida a tu énfasis. Analiza en qué posibles ámbitos te interesa concretar y, entonces, sí: ¡a arrasar se ha dicho!

¿Eres fogoso o pasas por un período on fire? Te vas a desenvolver a la perfección como líder, iniciador, inventor o emprendedor.

2. El agua paralizada y las emociones

¿Y si tengo el bloqueo en el Agua? Vamos allá:

  • ¿Cómo se manifiesta el Agua?

La característica clave del Agua son las emociones. Es decir, prepara los kleenex, porque estarás sensible, empático y muy emotivo. Yo digo “¡agua!” cuando recibo un comentario cualquiera y me desparramo de la emoción; cuando veo una película y siento e-xac-ta-men-te lo que siente el protagonista; o cuando se me pone la piel de gallina con un geranio. Ay.

También tendrás la imaginación a flor de piel y no será difícil para ti abstraerte y fantasear.   

  • ¿Qué pasa cuando el Agua desaparece?

Es el bloqueo por excelencia. Lo identificarás porque te sentirás como una piedra, frío y sin fluir ni en la bañera. “¡¿Por qué me pasa todo esto?!”, te preguntarás. Tres palabras: miedo a sentir (todo lo que tienes dentro).

  • ¿Y si estoy siempre en el Agua?

Si estás sumergido siempre en tu emocionalidad, lo más seguro es que acabes por evadirte para no estar en el presente y no sentir. Una de las probabilidades es que te pongas a imaginar otras realidades.

  • ¿Qué hago para salir del bloqueo del Agua?

🌊 Sentir. El agua puede atascarse por un shock. Por ejemplo, lo has dejado con la pareja y ya no puedes escribir más. Entonces lo más indicado es no presionarte ni querer encontrar la solución de inmediato. (¡De verdad! ¡No busques la salida ahora!).

Antes que nada tienes que ocuparte de sentir. ¿Eso cuesta, verdad? Para ponértelo más fácil, prueba a dar un paseo por la naturaleza, conectar con entornos de agua (nadar sería genial) o ponerte música relajante (¡nada de electrónica! Busca mejor un bit suave suavecito). Sea como sea, grábate esta frase: “Para salir del bloqueo emocional lo primero es aceptar lo que me está pasando por dentro”.

🌊 Postergar la palabra. Si bien analizar lo que te pasa es muy positivo, en tu caso primero tienes que sentir sí o sí. ¡Inmersión! Y es que a veces racionalizamos las emociones para evitar contactar con ellas. Ya sabes: si intelectualizas demasiado, desconectas. Fíjate que detrás de tu rabia, tu tristeza o rencor hay información muy valiosa, porque podrás descubrir dónde está tu dolor y qué lo despierta.

🌊 Intimidad. La soledad y la intimidad son buenos aliados para sentir y así disolver tu parálisis. Si quedas con una amiga (remember) no es para debatir mentalmente lo que ocurre, sino simplemente para sentir la cercanía del otro y que te sea más fácil contactar con tu interior.

Si estás en un período Agua, además de sensible y perceptivo, estarás muy creativo y te relacionarás muy bien con todo el mundo. Tu conexión con el otro es de 10 sobre 10.

3. Cuando se traba el Aire

  • ¿Cómo se manifiesta el Aire? ¡Serás el rey de las ideas y la imaginación! Pero no como en el elemento Agua (donde las ideas son más fantásticas o líricas), sino más bien en relación con los conceptos. El Aire es de naturaleza mental y te impulsará a organizar datos e información.
  • ¿Cómo aprovechar el Aire? Cuando estoy en un momento Aire siento que lo aprovecho al máximo con cualquier actividad que ponga en palabras y estructure los pensamientos. Todo es propicio para sentarse a pensar, hacer mind mappings, brainstromings, paneles de inspiración…
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  • ¿Qué pasa cuando el Aire desaparece? Que te va a costar pensar y tomar perspectiva de tu situación. Un bloqueo emocional en el Aire nos convierte en un caballo con la mirada cerrada que avanza con determinación y fuerza pero sin saber hacia dónde. Caminas pero no te hace preguntas: cero reformulación. ¡Ay, cuántas veces llegamos a una meta y descubrimos muy tarde que en realidad no nos interesaba en absoluto!

En un momento muy Aire, por el contrario, estás en la cabeza al 100%. Pero no te despistes porque el nervio intelectual te puede jugar malas pasadas: a veces preferirás más la estimulación del ejercicio mental que la propia materialización de sus ideas. (En este posts sobre la procrastinación, hablábamos de cómo preparamos eternamente un proyecto para no ejecutar). ¿Te ha pasado alguna vez?

“Nuestra sociedad es muy Fuego y Aire, porque es puro impacto rápido y poca profundidad” – MARTA LLEONART *


  • ¿Qué hacer para recuperar el Aire? Si bien el Aire empuja a elegir y a ordenar los propios pensamientos para poder plasmarlos, cuando está en bloqueo se queda paralizado y no hay acción.

Será el momento indicado para que te detengas y te preguntes: “¿Cuál es el objetivo de esta insistencia mental?” Así verás si tus ideas ya pueden aterrizar a la realidad. ¡Deja de pensar en cómo será la casa y empieza a dibujar el plano!

Y una consideración: Si bien cultivar el intelecto es espléndido para tu trabajo, la energía del Aire debe ir acompañada de otros aspectos como la operatividad, la empatía, la emocionalidad. Cerebro sí, pero en compañía. 👌

El pensamiento y el análisis serán tu terreno perfecto en momentos Aire. Sin duda serás el dominator de las ideas abstractas.

4. ¿Tienes un bloqueo emocional con la Tierra?

  • ¿Cómo se manifiesta la Tierra? Si tienes al elemento Tierra a tu favor, estarás consistente, seguro de ti mismo y muy práctico. Tendrás todo el flow para dar forma a la materia y concretar. Vamos, un crack. Y seguramente estarás tranquilo y paciente como una montaña en primavera. No te faltará la perseverancia.
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  • ¿Qué hago cuando la Tierra está a tope?  

Pues que vas a ser un hacha en esto de planificar, organizar horarios concretos, pautas fijas y útiles. Yo mi planning actual lo construí en un momento Tierra total en el que la agenda se rindió a mis pies. 😎

  • ¿Qué pasa cuando la Tierra se bloquea?

Lo que más cuesta en estos momentos de crisis es tomar iniciativa y arriesgarte. Tu capacidad de estar aquí y ahora la has llevado al extremo y estás demasiado fijo y un poco rígido. Te reconocerás bloqueado si le das mucho a la cabeza pero después del análisis no hay movimiento ni acción.

También puedes sentirte más lento, sin imaginación y con la llama de la pasión marchita. No te asustes: es la Tierra que se ha trabado porque se ha hecho demasiado sólida. 🗻

Vamos a ponerle remedio:

“Me cuesta lanzarme” es el bloqueo emocional típico del elemento Tierra

  • ¿Qué hacer para recuperar la Tierra?

Yo me cojo un buen libro y aparco mi cuerpo el sofá. Porque la Tierra se estimula al sentirse tranquila: por eso te recomiendo que te recluyas donde te sientas muy a gusto, para que te puedas relajar. Bajo presión, la Tierra no funciona. Demasiada tensión solo te agobiará más.

También podrás desbloquearte con las herramientas del Fuego (a través del juego, por ejemplo) y con actividades manuales o que te den placer corporal. Y para que te cueste menos moverte, prueba a marcarte objetivos pequeños. Good luck my friend!

En momentos Tierra hay que darle alas a la gestión, al liderazgo (desde la dirección y el orden) y a la organización. El perfil Tierra no es un gran protagonista; al contrario, prefieren la eficacia en un segundo plano.

5. Tirar adelante un proyecto: el quid

En mis sueños más intensos, soy una mezcla entre Einstein, Marilyn Monroe, Batman y Mafalda. O algo así. Logro combinar sin dificultad la potencia de los cuatro elementos para mi proyecto. ¿Te imaginas siempre con entusiasmo, imaginación, realismo y nuevas ideas? Yes!

Pero a veces, cuando me despierto, uno de estos personajes se ha ido y me siento débil porque no puedo avanzar sin él. Ahora me sale mejor: respiro y me doy cuenta muy rápido de su ausencia. Y entonces pienso en la mejor manera de traerlo de nuevo a casa, le llamo en voz alta y cuelgo guirnaldas en todas las habitaciones para cuando decida volver. ✨

6. Nota o la fuente estelar de este texto

Todo el conocimiento de este post está extraído de una bella conversación con Marta Lleonart, astróloga de la escuela Cosmograma. Dos días antes de la entrevista tropecé con su Facebook live sobre astrología y creatividad, y allí fue cuando descubrí que a cada elemento le corresponde un saber hacer. Y que todos, sin excepción, pasamos por todos los estadios. Gracias, Marta 💛  

Para los perspicaces, el Fuego es Aries, Leo y Sagitario; Agua es Cáncer, Escorpio y Piscis; el Aire es Géminis, Libra y Acuario; y Tauro, Virgo y Capricornio son signos de Tierra. Que vivan los astros. 
 
Por cierto, yo me atasco siempre en el agua, y tiendo a hiper-analizar mis emociones porque muchas veces me abruman. Tú, cuéntame, ¿con qué elemento te topas más a menudo y cómo lidias con eso?  
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Adictos al móvil. Desengancharse es más fácil de lo que pensamos

La propuesta del minimalismo digital para amar sanamente a tu smartphone

A veces las normas que nos hacen civilizados, sensatos y seguros saltan por los aires. Tarda demasiado en activarse nuestra alarma interna, y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde: ya te comiste esos tres bombones de más, fuiste sincero en exceso, o te estás tomando una cerveza extra que será, probablemente, la que triture tu promesa de fidelidad.

A mí me pasó el otro día. Me di cuenta demasiado tarde, cuando la tentación ya me había atrapado como arena movediza.

La escena del desliz fue simple:

Viernes. 23.30h. Yo, en el sofá. Mis ojos pegados a la pantalla del móvil. Estoy viendo el perfil de una chica irlandesa, que es la prima del novio de un “amigo” de Facebook.

Ya estamos otra vez.

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo puedo llevar una hora vagando por Facebook sin rumbo ni gozo? Me lo merezco. Me expuse demasiado: el sillón, la soledad y el teléfono. Un triángulo maldito que te lanza de cabeza al infierno digital.

Y es que todos corremos el riesgo de caer en las garras de la adicción al móvil: cuando dejamos de hacer tareas importantes por prestarle atención, cuando estamos nerviosos si no lo tenemos cerca, cuando nos quitamos horas de sueño, tenemos problemas con la pareja o lo miramos en situaciones peligrosas (cruzando la calle o montando en bici). El universo cuadrado nos somete y, a veces, sin que nos demos cuenta.

Minimalismo digital para desengancharte

Cal Newport, que es autor del libro Digital Minimalism: Choosing a Focused Life in a Noisy World dice que cuando estás desenganchándote de esa compulsión con el teléfono hay que ser más cuidadoso. Adictos al móvil warning: hay que substituir la atención a la pantalla por otra actividad y evitar en lo posible el vacío, porque si no llenas ese agujero negro digital con otra acción, irremediablemente sucumbirás. Sobre todo cuando eres un novato en esto de la desconexión.

Newport, que es profesor de informática de la Universidad de Georgetown y al que han bautizado como “la Marie Kondo de la tecnología”, dice más cosas. Esta es una selección de lo mejorcito:

Cinco eurekas sobre minimalismo digital

1. PROFECÍA

Según los vaticinios de Newport, a esta ansiedad que tenemos por lo digital le quedan los días contados: ocurrirá como pasó con la comida basura. Que después de atiborrarnos hasta el hartazgo y ver que no nos trae nada bueno, entonces viraremos hacia una moda light en teléfonos, internet e información digital.

¿Un poquito de spoiler?

Los estadounidenses, que ya hace mucho que son adictos al móvil porque siempre van adelantados una década con respecto al mundo, tienen ahora mismo a tres cuartas partes de sus ciudadanos buscando, como locos, métodos para desengancharse del móvil. Palabra de New Yorker.

2. DETOX

Lo que propone Newman para librarnos de la esclavitud de la pantallita es que pasemos por un proceso de desintoxicación de 30 días. El retorno –aclara- deberá ser lento y concienzudo para poder elegir cuidadosamente aquellos medios o redes sociales que más nos convienen de verdad.

En ese mes de abstinencia nos habremos dado cuenta de algo importante: que no pasa nada si no llevamos colgando a todos lados ese apéndice digital.

Eso sí, despídete para siempre de revisar tu móvil despreocupadamente (es una actividad “de baja calidad”) y de los chutes de dopamina inútil que recibes cada vez que consultas tus redes.

*Para que tu alma no se desgarre en el proceso 😉 más adelante te propongo algunos trucos de ayuda.

3. SOLUCIÓN MINI

El promedio de uso de facebook es de 9 horas al día, y eso se correlaciona con una mayor tasa de depresión. No lo dice Newport, sino un estudio reciente de la Universidad de Yale y de San Diego: “gran parte del deterioro tiene su origen en sus teléfonos”, dijeron los investigadores.

Para evitarlo, el minimalismo digital propone a los adictos al móvil invertir en cosas pequeñas, en aquellos pasatiempos que existían antes que Instagram &cia llegara a nuestras vidas. ¿Plantas? ¿Un libro? ¿un instrumento? ¿Unas cañas con los amigos? Volvamos a lo analógico para protegernos de la invasión de las nuevas tecnologías en nuestro paisaje cognitivo. Eso dice Newport.

4. FOMO

Fear of missing out o “qué miedo me da perderme algo sssúper interesante”. Por eso, asegura el autor del best-seller, muchas personas no podemos soltarnos de lo digital. ¿Cuál es el último topic trending? ¿cuántos likes consiguió mi foto? ¿quién es la it girl del momento o la peli que arrasa? ¡Ansiedad!

Hace unos años, cuando viví en Argentina, probé a estar varios meses sin leer el diario (yo, férvida periodista acostumbrada a consumir prensa de todos los colores cada mañana). ¿Resultado? Me enteré cuando se murió el entonces presidente, Néstor Kirchner; me enteré cuando hubo huelga y no funcionó el bus; me enteré cuando programó un concierto León Gieco.

No hubo consecuencias de mi desconexión. Es más, creo que disfrutaba todo más: las cosas, simplemente, venían a mí.

Adictos al móvil, adictos a la adrenalina

5. MI, ME, MÍ… MIEDO

No podemos arrancarnos el móvil de encima porque necesitamos un estímulo para mantener esa loca agitación del siglo XXI a la que estamos habituados.

El otro día me puse a pensar cuándo fue la última vez que me aburrí. ¿Cuándo fue la última vez que te aburriste, Ana Claudia? Y entonces, avergonzada, viajé durante una hora en metro con el móvil en el bolsillo. En el trayecto me di cuenta de que contestaba wasaps, leía el top 10 de El País o repasaba Facebook para tapar una basurilla interna que no tenía ganas de mirar. No recuerdo si tenía que ver con el trabajo, con mi pareja o con mi aspecto, qué sé yo. Pero sí que sé que me daba mucho palo y, sobre todo, mucho miedo ponerme a sentir todo eso.

—El mundo digital —pensé— esa coraza sofisticada.

6. NECESARIA O NO

Vale, no nos vamos a poner fundamentalistas. Las redes molan, wasap es la bomba y todo el conocimiento que tenemos disponible en Internet nos hace MUY afortunados.

Así que la cuestión, dice Newport, es saber diferenciar entre la tecnología necesaria y la opcional. La primera es el correo electrónico de tu trabajo o el wasap para hablar con tus padres. Ya me entiendes. Mientras que Pinterest o Snapchat y los memes y actualizar Instagram cada minuto… todo eso es totalmente prescindible.

¿Y cuando esto ya lo tenemos, cómo hacemos para no caer en la compulsión del momento? Allá vamos.

Siete salvavidas para no perecer en el océano digital

👉 Mantenlo lejos. Si quieres dejar de fumar no compres tabaco. Y para no caer en la tentación del teléfono una buena solución es dejarlo lejos físicamente. En la otra habitación, en el coche, en el bolso.

👉 Que viva el modo avión. El minimalismo digital está a una sola decisión de distancia, y también a un solo clic: pon el móvil en avión y céntrate en lo que tenías planeado hacer.

👉 Establece horarios. El recurso útil por antonomasia consiste en programar a qué hora vas a consultar el móvil (y para qué). Entonces abres una ventana, navegas y cierras. Nunca, nunca, nunca entres sin tener un objetivo concreto. Serás carne de cañón.

👉 Sin notificaciones. Ésta es obvia pero hay que mencionarla. Desactiva todas las notificaciones para evitar la distracción. Es algo así como cerrar la boca para que el anzuelo no tenga ninguna esperanza.  Y recuerda: al FOAM, que le den.

👉 Ayúdate de lo digital (sic). Cuando descubrí Stayed Focusd mi vida cambió. En serio. Es una extensión de Chrome que puedes instalarla, gratis, para limitar el tiempo que quieres dedicar a determinadas webs. Yo un día le dije: “quiero ver Facebook solo de 13 a 14h y de 18 a 19h” y empecé a trabajar mucho más y a utilizar mejor Facebook. Mano de santo.


Cuando descubrí Stayed Focusd mi vida cambió. En serio. Es una extensión de Chrome que bloquea el acceso a determinadas webs para que ganes concentración.

👉 Sin atractivo. Para que los colores del móvil no te encandilen, pon la pantalla en blanco y negro. Además, “esconde” las aplicaciones más seductoras para que no las tengas tan a mano. Cuando tu cerebro entre sin querer en modo automático, será más difícil que tu smartphone te someta.

👉 Motívate. Andan todos preocupados con nuestro despiste cerebral. Apple también. Así que hace poco ha facilitado la posibilidad de consultar el “tiempo de uso” que dedicas a tu móvil (para Android hay otras app). Primero, alucinarás con el informe. Luego, abrazarás con ansias el minimalismo digital.

¿Y a ti qué es lo que más te engancha de tu móvil y cómo haces para evitarlo?

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Y SI DE REPENTE: doce meses de amor – Los hits de mi primer año como emprendedora

El 21 de marzo del año pasado salía Y SI DE REPENTE al mundo. 😄 ¿Qué me pasaron en estos 12 meses como emprendedora? Las principales lecciones que aprendí entre bambalinas fueron éstas:

MES 1 – Marzo. Tu rutina amiga

“Hay que trabajar según un plan, no según tu estado de ánimo”.

Porque cuando estás arriba, ni siquiera hay que agitar las alas. Pero, ¿qué pasa cuando a la emprendedora que hay en ti le duelen los ovarios, se enfada con su padre, se le estropea el ordenador, tiene sueño o por dentro le llueve demasiado?

Plan, plan, plan: la rutina está de tu lado.

MES 2 – Abril. ¿Qué voy a comer hoy?

Cuando era pequeña pensaba que si cortabas a un cerdo (vivo) que comía bellota, saldrían bellotas flotando de la sangre. Fácil: lo que comes es lo que eres.

¿Qué pasaría ahora si yo misma me abriera un tajo en el brazo? Saldrían supurando las noticias de Trump, aparecería la paella que me comí ayer, el olor de él a madera, la llamada de esta mañana con mi hermano, frases del libro La casa de las bellas durmientes de Kawabata, una rabia pequeña pero insidiosa que no se va, un té verde calentito con menta, el gesto torcido de la bibliotecaria, y un “te quiero” suave.

Cuando alguien me coma, mi carne tendrá ese sabor.

Nota 1: De lo que se come se da.

Nota 2: el “te quiero suave” no era de la bibliotecaria.

MES 3 – Mayo. Emprendedora frente a la pantalla

—El texto a lo mejor podría trabajarse más…

—…

— El concepto, ¿no está flojo?

—…

— ¿Esta imagen? ¿Sí?

Y entonces un alma redentora que observa cómo tu perfeccionismo te empieza a estrangular, dice contundente: “Esto ya está. Publícalo”.

La mayoría de las cosas no son TAN importantes para hacerte avanzar. Para frenarte, sí.

MES 4 – Junio. El juicio

Hay unos ojos gigantes que me miran. Me acerco y reconozco dentro cientos de ojos diminutos que no me pierden de vista: son los ojos de mi tía, de mis amigas del alma, de mi gente en Argentina, de mis padres y mis hermanos, de esa chica criticona, de mi exjefe, de mi novio, de mi pareja anterior, de los del coworking, de mi profesor en la universidad… siento que hay cientos de miradas sobre mí. Me asfixio.

Por suerte, a veces ese río de ojos pestañea. Y yo respiro. Entonces aprovecho para echar un vistazo alrededor: estoy yo, feliz con los lunes; yo, concentrada en lo mío; yo, sonriendo.

Lo bueno es que esos ojos gigantes que me miran, cada vez pestañean más a menudo. A veces casi no abren sus párpados. Y yo puedo respirar cada vez mejor.

MES 5 – Julio. Consideraciones sobre el acto de vender

Voz en off 1 (con miedo): “Soy como una vendedora de enciclopedias casposa, repeinada y con traje, que ofrece puerta a puerta mil argumentos trilladas para colocar mi producto”.

Voz en off 2 (sin miedo). “Como emprendedora, te doy mi talento, mis ganas y mi energía a cambio de dinero. Me parece justo. Trabajar para ayudar al otro es un intercambio feliz”.

*Confesión: saltar de la voz 1 a la 2 costó. Hubo que entrenar duro.

MES 6 – Agosto. Siempre hay más

Llegan las vacaciones y tú aún vas adrenalínica, moviéndote a diez mil por hora, impulsada por dos motores infalibles: el miedo a fracasar y las ganas de materializar el chorro de ideas. Eres un volcán. Y entonces un día te miras al espejo, ves esas ojeritas y esas canitas prolíficas; coges el teléfono y tu sobrino te llama de “usted”; giras la cabeza y todavía están por allí los jerseys de invierno. Y de repente lo entiendes todo.

Que esta es una carrera de fondo. Que cuando acabas de hacer un gran esfuerzo, enseguida llega otro. Y que como dicen los deportistas: hay que dosificar. Hay que descansar.

MES 7 – Septiembre. Insisto

Para descansar –sin volarme la tapa de los sesos por la ansiedad- tuve que planificar a largo plazo. Y para arrancar, en septiembre, también. Nena, me dije, orden en la gestión del tiempo: se acabó eso de improvisar y organizarse de un día para el otro. 

Insisto: La paz llega cuando tienes un [buen] plan.

O, en la versión de Laurence Peter: Cuando todo lo demás falla, lea las instrucciones.

 

MES 8 – Octubre. Palanca interna

Una noticia buena y una mala. La buena es que ejecutar cualquier cosa, cualquier idea o plan es fácil: es solo cuestión de técnica y entrenamiento.

La mala es que aquello que de verdad nos impide alcanzar nuestros objetivos no se ve ni se oye ni se huele. Es silencioso y está dentro: son las trabas internas.

En octubre escribí en mi diario: “para conseguir un objetivo hay que dejar atrás las creencias (miserables) que nos frenan. Son ideas incrustadas que hay que remplazar por otras nuevas, brillantes. Por eso hay que estar dispuesto a soltar, a morirse todo el tiempo”.

Nota: Eso cuesta pero Yes, we can!

 

MES 9 – Noviembre. Dioses

La mejor forma de predecir tu futuro es crearlo.

Stephen Covey.

 

MES 10 – Diciembre. Mind the gap!

Diciembre. El mes del consumismo a tope, del amor, los turrones y las máximas oportunidades de hacer tu negocio rentable, es peligroso. El precipicio se cierne bajo tus pies de emprendedora, si entras en estrés y el cortisol acampa en tu vida. Hay un riego clave: que la agenda abarrotada mate el cuento de vivir feliz de tu talento.  

MES 11 – Enero. Automatismo del peldaño

Antes de subir el siguiente peldaño de una escalera, hay un sensor en los dedos del pie que activa el cuerpo: retuerce el estómago, crispa la mente y mantiene los ojos abiertos y tensos (sobre todo en las noches). 

No hay que hacer mucho caso. Después de subir el susodicho peldaño, el pie deja de enviar señales turbulentas. Y las vistas son mucho mejores.

MES 12 – Febrero. Prosigamos

Se sube el telón: Salgo yo, riéndome. Se baja el telón.

Se sube el telón. Salgo yo: digo “muchas gracias”. Se baja el telón.

Aplausos para todos.

Muchas gracias por estar allí. 💛

A por doce meses más.

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Oda a la concentración: mis 5 estrategias básicas para no dispersarme

Hay una culpa que no te deja trabajar.

Pueden ser tantas cosas.

Disimulas. Te sientas y abres el ordenador, como si no fuera contigo. Repasas facebook e instagram. Acabas en el perfil de un ruso, primo del amigo de una vecina. Te das cuenta y te avergüenzas. Te entra culpa otra vez. Pero es una culpa inofensiva. Es pequeña: se arregla con un café. El problema es aquella otra, la culpa que llena tu mente y te entorpece el pensamiento. Adiós concentración. Ya son las 11h y todavía no has empezado. No puedes. Hay un sentimiento negro que cae como una gotera violenta y aplasta tu atención. Te desespera.

Hasta mediodía haces todo para evitarla. Miras tu agenda, bebes agua, le echas un vistazo al diario, a la previsión del clima, a esa web con vestidos de temporada. Nada, no hay forma.

¿No te ha pasado esto alguna vez?

A mí, cientos de miles. Lo que me despista puede ser una culpa, una pena, una inseguridad, un enfado, una preocupación, un miedo denso. Son como moscas que rondan sobre mi cabeza y dispersan mi energía. ¡¿Quién es capaz de trabajar así!?

¿Concentración? Descarga primero tu mente

A estas alturas ya sabemos que emprender un proyecto —o, en realidad, hacer cualquier cosa— tiene que ver sobre todo con uno mismo: con la claridad mental que somos capaces de alcanzar para que nuestra cabeza no se distraiga y pueda dar todo de sí.

Ya lo dicen los que saben: en el futuro, la capacidad de concentración será el atributo de las personas más inteligentes.

De hecho, me he dado cuenta de que, a lo largo de la historia, han sido muchos los que han perseguido incansablemente esa capacidad de foco para poder lograr sus objetivos. Una mente clara parece ser imprescindible. Es el secreto. El as en la manga.

¿Un ejemplo? La noche aquella en que Maradona pudo dormir:

Cuando los argentinos justifican su veneración por Maradona, suelen mencionar aquel partido del Mundial de fútbol 1986 en el que su país se enfrentó a Inglaterra, el enemigo acérrimo que acababa de arrebatarles las islas Malvinas en la guerra.

Ante tal ajuste de cuentas, la noche previa, los chicos de la selección argentina estaban nerviosos, daban vueltas, no podían dormir. Al día siguiente, sobre el césped, tenían la oportunidad de reparar simbólicamente aquel agravio nacional.

Pero Maradona, en esa noche exasperante e insomne, durmió como un lirón. “Buenas noches”, dijo, y supo mantener el mando sobre su mente para poder dormir en paz.

A la mañana siguiente, ya se sabe, el diez argentino marcó dos goles, probablemente los más famosos en la historia del fútbol.

Cinco maneras de conseguir más concentración

Algunas personas —personalidades— tienen más facilidad para no perturbarse ante los devaneos externos. Pero en realidad no sé si es algo intrínseco o si tienen alguna estrategia oculta.

En mi caso, cuando estoy muy volátil, echo mano de estas técnicas para recuperar el foco. Si las combino todas me convierto en la mujer flecha, en la mujer bala. Soy un rayo láser:

  1. ALIMENTOS NI YIN NI YANG. Ya lo explicaba Núria Roura en esta entrevista: hay alimentos de energía moderada que mejoran tu concentración, te dan más centro y más claridad mental. Son los cereales integrales, por ejemplo, las semillas, los frutos secos, las legumbres, las verduras y todas aquellas frutas de temporada.
  2. REPÓN EN HORIZONTAL. Tenía una amiga en la universidad que si dormía menos de 8 horas era un ogro feo y peludo. Yo, “por suerte” tengo la facilidad de poder vivir arrastrándome con pocas horas de sueño y teniendo una productividad de menos cuatro mil (…). ¡Hay que dormir!
    *
    Conectándolo con el punto anterior: hay estudios que dicen que después de una noche bien dormida, la gente tiende a elegir alimentos más nutritivos.
  1. EJERCITA LA MENTE. Antes era cosa de hippies, pero ahora levantas una piedra y hay otro estudio que lo demuestra: meditar es la forma de adiestrar tu pensamiento para que no salte como un mono loco. Es un entrenamiento: ¡no desistas![A ver si te vale esta metáfora: la primera vez que salí a correr duré cinco minutos y pensaba que me moría. Hoy, que ya hay músculo, nadie me para antes de la media hora].
  1. MOVE, MOVE! Si haces deporte tu cerebro te lo va a agradecer: hay más oxígeno porque aumenta tu flujo sanguíneo, generas dopamina (para que las neuronas se comuniquen mejor) y endorfinas (la hormona de la felicidad), liberas estrés, rebajas la ansiedad… y tu mente se abre como una flor en primavera. Concentración, ven a mí.
  2. DESCARGA TU MENTE. Un día paseaba con una amiga y en la calle había un hombre loco que hablaba muy alto consigo mismo. “Es la vocecita que tenemos todos dentro y que nunca para”, me dijo mi amiga. “Lo único es que él la exterioriza”.Se me puso la piel de gallina.

En realidad no sé cómo es exactamente el mecanismo de la locura, pero sí sé que muchas veces, aunque no nos demos cuenta, todos tenemos un discursito silencioso que es obsesivo y machacón, y del que el muy difícil salir.

Yo cuando tengo un pensamiento en loop que me castra la productividad y me arruina el flow, me tiro en plancha sobre cualquier papel y boli. Al volcar mi monólogo interior fuera, en un lugar físico, hay algo que se alivia, que afloja y se rinde. Como resultado, en seguida se despeja la ruta para poner la atención hacia lo que realmente queremos.

¡Pruébalo!

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Gestiona tu tiempo según tu ciclo menstrual

El ciclo menstrual: qué tema, mujeres. No sabemos ponerlo a nuestro favor, ¿eh? Al máximo, elegimos nuestras vacaciones para que no coincidan con “esos días”; si estrenamos amante, volvemos antes a casa para que los besos no vayan a más; rezamos para que la suegra no llegue de visita en el primer día de la regla, para que no nos encuentre sensibles, con ojeras y pegadas a una tableta de chocolate.

Nos limitamos a marcar en el calendario los tres, cuatro, cinco días teñidos de rojo. Para esquivarlos, los señalamos con color negro, como asumiendo resignadas la sombra que mancha cada uno de nuestros meses. Nada más.

¡Ah! ¡Nada más! Porque nunca nos enseñaron que el calendario femenino puede estar de nuestro lado. Nunca nos dijo nadie que podíamos aprovechar nuestro ciclo menstrual: usarlo de guía, convertirlo en nuestro aliado íntimo.

Las 4 fases del ciclo menstrual: aprovéchate

Hace cuatro años alguien me recomendó el libro La Luna Roja, de Miranda Gray. Un poco escéptica, lo sumé a mi lista de regalos de Reyes. Y mi hermana mayor lo compró para mí. Al dármelo, un poco trajinado, dos meses más tarde, me dijo:

Qué suerte que lo hayas descubierto tan pronto. A mí me hubiera gustado saber esto más joven.  

Naturalmente, salí disparada hacia mi habitación, me encerré y empecé a ojear el libro. Fue cuando descubrí las cuatro fases de nuestro ciclo menstrual. Qué increíble. ¡¿Por qué no me lo enseñaron antes!? 

  1. Fase de la Virgen. En esta fase estamos radiantes, expansivas, nos comemos el mundo de un bocao. Empieza el quinto día después del primer día de la regla y dura más o menos una semana. Internamente nos hemos liberado de la necesidad de procrear y el foco lo ponemos en nosotras: tenemos confianza, estamos muy sociables y nos sentimos con fuerzas para mover montañas. Entusiasmo total. Por eso es ideal para empezar o dar impulso a cualquier proyecto.

  2. Fase de la Madre. Aparece cerca del momento de la ovulación (hacia el día 14 del ciclo menstrual) y nos inunda un espíritu maternal. O sea: derrochamos amor y armonía y estamos sensibles y emotivas. Durante esta semana, dice Gray, las mujeres “tienen la capacidad de asumir responsabilidades, de crear de forma productiva y de alimentar ideas y proyectos que ya existen”. Además, estamos ultra magnéticas para los otros: ni el más duro se resiste a nuestra energía.

  1. Fase de la Hechicera. Esta fase empieza cuando el óvulo se ha liberado sin ser fertilizado. Y son unos días de creatividad tremenda. A medida que nos acercamos a la fase siguiente, podemos sentirnos intolerantes y ver cómo decae nuestra capacidad de concentrarnos. Eso sí: tenemos la intuición a flor de piel, estamos inspiradas y vibrantes.

  2. Fase de la Bruja. Es la fase de la menstruación. Dejamos de buscar la expresión hacia afuera: la introspección está en su máximo apogeo. Es el momento de alejarte de lo mundano, soñar, dormir. Hay una clarividencia especial para “ver” los problemas y sus soluciones, y para aceptar el pasado y rendirse al futuro.

 

Sin regla, sin poder

Con la euforia de mi nuevo descubrimiento, hace un par de años vi el documental “Mi luna en mí”. Aluciné. Sobre todo porque me di cuenta de hasta qué punto rechazamos nuestra regla. Para ejemplificarlo en la cinta entrevistaban a un médico que se dedicaba a ¡eliminar el sangrado menstrual en las chicas! No me acuerdo en qué consistía el tratamiento (no me hagáis mirarlo de nuevo…), pero, en la pantalla, el hombre de la bata blanca cortaba indefinidamente la “molesta visita mensual” muy fácilmente, con una simple intervención ambulatoria.

Ay.

Bueno, vale. No voy a ser hipócrita. La última vez que me invitaron a dar una charla corrí al calendario rezando para que no coincidiera con mi etapa premenstrual. No es que odie ese momento (como te explico luego), pero entiéndeme, mi fase de bruja intensa, desconcentrada, exhausta y poco sociable, poco tenía que ver con la claridad necesaria para ponerse frente a un público.

Por suerte, cayó en el cuarto día del ciclo, que, según las previsiones diarias de La Luna Roja, corresponde con una energía “tranquila”. ¿No es genial? Porque Gray ha conseguido identificar no solo las cuatro etapas del ciclo menstrual, sino también la emoción o el comportamiento concreto de cada día del ciclo menstrual (como muestra la imagen). ¡Bravo, Gray!


información del ciclo menstrual para poder gestionar el tiempo



Y no creo que tengamos que obsesionarnos con que todo cuadre. Ni que este calendario sea nuestra biblia fundamentalista que marque al milímetro nuestros pasos. No. Pero estoy convencida de que nuestras variaciones internas marcadas por el ciclo menstrual nos pueden ayudar: saber por dónde viene la ola nos puede hacer mejores surfistas.

Nuestro ritmo corporal puede convertirse en una brújula que, dentro de nuestras posibilidades, marque cómo hacer con nuestra gestión del tiempo: Así como planeamos nuestra noche sexual perfecta fuera de los días del período, quizás también podamos empezar a aprovechar la claridad mental de la primera semana para planificar nuestra actividad del mes; organizar una fiesta o un encuentro social cuando ovulamos; meternos en nuestro estudio en la semana hechicera para crear con arrebato; y conectar con nuestros deseos verdaderos cuando estamos menstruando.  ¿Probamos?

Me gusta ser mujer

A mí, conocer nuestro funcionamiento interno me ha servido sobre todo para dejarme en paz: para no criticarme y para no forzarme cuando mi naturaleza femenina se expresa como le da la gana. Estar asocial, explosiva, mimosa o tajante.

Yo, últimamente, por ejemplo, cuando me viene la regla, me meto en casa y no salgo ni aunque me toque el timbre Ryan Gosling. ¿Te gusta ser mujer? Pues sí, señores de la tele. Me encanta. Y “esos días” también.

Me encanta hacerme bolita en el sofá, prepararme tés calentitos y llorar mucho viendo una serie. Y me encanta darme cuenta de la sensibilidad extrema que tengo, la claridad para saber qué tengo que desechar de mi vida (aunque duela), qué decisiones debo tomar o hacia dónde debo ir. Es la oportunidad para parar el carro, estirar las piernas, repostar y mirar el mapa. Una fina ofrenda que la naturaleza, UOU, nos brinda cada mes.

¡Mujeres! Modernicémonos de verdad. Asumamos nuestro cuerpo y nuestras emociones para avanzar con pasos firmes. No nos vayamos sin dejar el agua limpia, aunque sea la del arroyito que nos baña más de cerca. 

 

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El secreto de Babauta: Cómo eliminar lo que no sirve en tu vida

Warren Buffet decía que la diferencia entre la gente exitosa y la gente muy exitosa es que los segundos dicen ‘no’ a casi todo. ¿Y cómo lo hacen? En este podcast te cuento algunos truquis efectivos para poder desechar lo que no es esencial en tu vida; así podrás simplificar tu rutina ¡y dejar de correr!

Entre otras cosas, en este audio te hablo de mi último descubrimiento: el libro Zen to Done (Productividad Zen, en su versión en castellano) de Leo Babauta. ¡Me encanta! Babauta propone un conjunto de hábitos para que puedas organizarte y mejorar tu gestión del tiempo, para que simplifiques tu vida, tengas las cosas bajo control y, por fin, consigas que las cosas se hagan.

Una de las propuestas que me maravilla de este libro (además del octavo hábito, “simplificar”, del que te cuento en el postcast por qué me dejó helada) es que el autor no te agobia. Te dice: “ey, practica de uno a uno cada objetivo. No te agobies”. Como mucho –recomienda- céntrate en 2 ó 3 de ellos simultáneamente y en mantenerlo 30 días.

Qué maravilla: paso a paso y con calma caminamos mejor. ¿No?


¿Y qué vas a encontrar en este podcast?

0:32 – No decimos “no” por creídos o fashion
0:48 – El sentido esencial de decir que no
1:35 – La verdadera tentación
2:40 – ¿Qué acepto en mi vida solo por miedo?
3:30 – La metáfora del trapecio
3:52 – La fórmula secreta a la hora de elegir
4:33 – Último descubrimiento: Leo Babauta y su libro “Productividad Zen”
5:03 – El octavo hábito de Babauta, un hallazgo
5:15 – (1) Elimina (Lo que quité en mi vida)
6:29 – (2) En busca de lo esencial (¿cuáles son las acciones esenciales?)
7:07 – (3) Sin compromisos
7:35 – Lo que me impactó: la diferencia entre “rellenar” el calendario y actuar de forma consistente
9:08 – ¿Por qué hacemos la mayoría de las cosas?

Los diez mandamientos de Babauta

Aquí te dejo el resumen de los diez hábitos que plantea Babauta. En su libro –que no es muy extenso y que aboga por la simplicidad- dedica un capítulo a profundizar cada uno de estos hábitos.

1. RECOLECTAR. Lleva siempre contigo una pequeña libreta (o cualquier herramienta de captura de información que te sea útil) y escribe en ella cualquier tarea, idea, proyecto o cualquier otra información que produzca tu cabeza. Saca todo esto de tu cabeza y ponlo en papel. Así no lo olvidarás.

2. PROCESAR. Dejar que la información de la bandeja de entrada se acumule es atrasar en la toma de decisiones. Procesa tus bandejas de entrada (correo electrónico, bandejas físicas, buzón de voz, libreta) al menos una vez al día, y más frecuentemente en el caso en el que sea necesario.

3. PLANIFICAR. Cada semana, haz una lista de los Big Rocks (las tareas más importantes) que deseas completar durante esa semana, y prográmalas para ser las primeras que realices. Asegúrate de cumplirlas.

4. HACER. Selecciona una tarea y céntrate exclusivamente en ella. En primer lugar, elimina todas las distracciones, como el email, el teléfono móvil, Internet en el caso en el que sea posible, y el desorden de tu escritorio. A continuación, imponte una cantidad de tiempo para trabajar en dicha tarea. No permitas que nadie te interrumpa.

5. UN SISTEMA SIMPLE Y CONFIABLE. Haz listas, pero no crees un sistema complicado. Deja de probar constantemente nuevas herramientas. Es una pérdida de tiempo, tal como suena. Céntrate en lo que tienes que hacer ahora, no en jugar con tu sistema o tus herramientas.

6. PON LAS COSAS EN EL LUGAR QUE CORRESPONDA. El material entrante, gestiónalo: ponlo en tus listas, en una carpeta en tu sistema de almacenamiento, o a tu bandeja de salida si vas a delegar, o a la basura. No apiles las cosas para ordenarlas más adelante.  

7. REVISAR. Revista cada semana tus objetivos: comprueba el progreso realizado durante la última semana con respecto a tus metas anuales, y decide qué pasos seguir para acercarte a ellas durante la siguiente.

8. SIMPLIFICA. Revisar tus listas de acciones y proyectos con el objetivo de ver si es posible simplificarlas. Elimina todo menos los proyectos o las tareas esenciales, de tal forma que te puedas centrar en ellos. Asegúrate de que tus proyectos y tareas están en concordancia con tus proyectos anuales y metas en la vida.

9. RUTINAS. Intenta adoptar el hábito de crear rutinas. Un hábito matinal, por ejemplo, podría incluir examinar tu agenda, repasar tus listas, establecer tus tareas más importantes, hacer ejercicio, procesar el correo y las bandejas de entrada, y completar la acción más importante del día.

10. ENCUENTRA TU PASIÓN. Si tu trabajo es algo que te apasiona, no solo no procrastinarás, sino que te encantará hacerlo y querrás hacer más. El hábito a formar es el de buscar constantemente cosas que te apasionen, y ver si eres capaz de hacer una carrera de ellas.

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¿Qué pasa cuando te equivocas? Tres técnicas para que la frustración no te devore
La frustración es la distancia entre nuestros deseos y nuestra realidad.
Hay un circuito para evitar que su agua sucia te bloquee y tres claves para dejarla atrás:

 

Te equivocas. Le mandas un whatsapp a la persona errónea, mezclas una prenda de color con la ropa blanca en la lavadora, compras una camiseta demasiado estrecha.

Qué pasa cuando te equivocas y dices una palabra de más (imbécil, por ejemplo, de forma elegante), o una palabra de menos; cuando fallas en el cálculo de tus finanzas mensuales, cuando publicas un post fuera de lugar. Qué pasa si desvelas un secreto muy íntimo y eso (descubres luego) es demasiado para ti.

Qué ocurre, me pregunto, cuando eliges a la persona incorrecta, cuando eres madre y te das cuenta de que tu hijo no te gusta o de que la maternidad no es para ti, cuando equivocas la dirección de tu profesión y caes en la cuenta diez años después.

Me arrepiento

En un tren de alta velocidad viaja un hombre maduro -camisa azul, pantalón de pinza, piel suave-. Y de repente desde su asiento empieza a susurrar en voz baja: “Me arrepiento. Me arrepiento de todo”. Ladea la cabeza levemente, solloza discreto y luego, apretando los ojos, repite: “Me arrepiento de todo”.

La escena la leí en un libro que ahora no recuerdo, pero me impresionó y no la puedo olvidar. Quién sabe por qué.

Quizás porque, al llegar a una edad, uno, o todos, miramos atrás y decimos eso: “Me equivoqué. Llevo mucho tiempo equivocándome. Y me arrepiento de todo”.

Y cuando llega ese momento ya no podemos echar marcha atrás. No hay pintalabios, sexo salvaje o gintonic que te salve de la verdad. Lo hice mal, no tuve cuidado, no me detuve a pensar, a reflexionar, a arriesgar. Y ahora la incoherencia es una bestia que te pone al borde del abismo. En el insomnio de la madrugada, junto a un amigo, o en un tren (solo conmigo mismo), tengo que aceptarlo. Que aceptarme: me equivoqué.

Dónde crece la frustración

Al otro lado de la aceptación está la frustración. Ese valle yermo que aparece cuando el “si fuera” o el “si hubiera” se encalla y nos olvidamos de vivir.

La frustración la sentimos cuando se nos priva de algo que esperábamos conseguir. Un cutis de envidia, un día relajado, el éxito profesional o una vida con brillo. Lo hicimos lo mejor que supimos pero una mañana nos damos cuenta de que hay demasiada distancia entre nuestro ideal y nuestra realidad. El esfuerzo solo encontró la derrota. Y somos incapaces de manejar esa discrepancia maldita entre lo que deseamos y lo que hay, así que aparecen a borbotones la ira, la ansiedad, la tristeza.

“No vas a conseguir todo lo que deseas”.

Me lo dijo un día una psicóloga argentina. Al llegar a casa estuve mirando una planta dos horas seguidas. (Por eso supe que era verdad; la mentira nunca me causa tantos estragos).

“¿A cuál de las dos voces que hay en ti vas a escuchar?”- me dijo la porteña en la consulta. “¿A la que te centra, te alimenta y te lleva a tu objetivo, o a la que te debilita y te desvía de tu camino?”.

Y entonces me di cuenta de que, frente a la frustración, hay dos caminos:

UNO. Purgar los despojos internos a golpe de whisky, queja y Buwokoski. Que es lo mismo que decir: evadirte del sentimiento, negarlo o proyectarlo hacia afuera haciéndole la vida imposible al otro.

DOS. Mirar cara a cara a la frustración y drenarla para evitar que la acumulación en el tiempo dé lugar a una frustración mayor. Hay que sacar las tijeras en el momento adecuado para cortar el látigo mental que nos tortura.

¿Qué hacer con el agua sucia de la frustración?

Para cortarle el camino a la voz machacante de tu cabeza que te dice que todo está perdido, hay que digerir la frustración. No evitarla, sino usarla para avanzar. Hay varias técnicas que ayudan –sobre todo a corto plazo, que es cuando más escuece la sensación de derrota:

  • posponer el momento de juzgar el error para poder relativizarlo. En caliente, nuestro fiscal interno tiene los dientes muy afilados.
  • escribir cinco caminos alternativos que te permitan llegar a donde pretendías. Tu cabeza empieza a centrarse en la solución y no en el conflicto.
  • Piensa en alguien que admiras (o búscalo) e imagina cómo saldría de esta situación. Planifica para seguir sus pasos.

Una de las cosas que más me gustan de la frustración es que te avisa: Te dice: ¿ey, cómo te va en tu vida? ¿estás desmotivado y triste? ¿tienes envidia del vecino? ¿o te estás encargando de hacer lo que de verdad quieres hacer? Es un termómetro perfecto, una inspiración para explorarte y seguir. Claro que las preguntas te las puedes hacer antes de que el huracán entre por la puerta. Hace poco vi en Internet esta pregunta y me encantó: “¿A qué desearías haberle dedicado más tiempo en los últimos tres años?”. O lo que es lo mismo: ¿en qué te equivocaste? [¿y cómo te vas a pacificar con el error?].

¡Ah!

 

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Inspiración: ¿es posible estar «on fire» todo el tiempo?

[Tres maneras de no perder el flow]

Para una amiga mía la inspiración es lo primero. Si estás frente a ella cuando llega su musa, no importa si estás llorando, desangrándote o a punto de caerte por un precipicio: ella encuentra el modo de manotear un trozo de papel (una servilleta, un folleto cualquiera, un ticket) y anota rápidamente su idea. Mi amiga artista no deja pasar EL momento por nada del mundo.

Y es normal: las ideas vienen y se van a la velocidad del rayo. Como los sueños nocturnos cuando dices “ya me acordaré luego” y luego nada. Ni rastro de lo que soñaste. La inspiración es igual, la mayoría de las veces ahora la ves, ahora no la ves.


La inspiración como forma de vida

El otro día estuve pensando en otro tipo de inspiración. No ésta, tan efímera, sino aquella que se refiere más a un estado o forma de estar. Ya sabes: hay épocas en los que uno dice “estoy en racha” y, otras en las que la negrura se apodera de todo y somos solamente un cacho oscuro de carne y hueso.

“¿Es posible mantenerse todo el tiempo inspirado, en flow continuo con la vida?”, me pregunté. Y aunque es cierto que todo lo que sube baja, me acordé de cómo Miró sostenía su ritmo creativo (qué crack) y de varias formas de tener el alma motivada a largo plazo.

Allá vamos:

1. VACÍATE.

Aunque nos demos cierta importancia, el ser humano no es más que un recipiente con una capacidad máxima de retención. Por más que queramos aspirar aire nuevo, límpido y celestial, si no expiramos antes lo tenemos muy complicado.

La consiga es: ¡Soltemos lo viejo, lo negro, lo miserable! Hagamos espacio para dejar entrar las novedades. Desocupemos nuestro armario, despejemos el ordenador, digamos adiós a las personas que nos restan.

Hagámoslo ahora, hagámoslo por más que la cultura nos diga lo contrario. Démosle la espalda a eso de Más vale malo conocido que bueno por conocer. (En inglés, por cierto, todavía da más miedo cambiar: A known evil is better than an unknown good. El mismísimo diablo te espera al otro lado de la valentía.
*DE ESO NADA.)


2. SELECCIONA.

Dicen en la RAE que inspirar es “hacer nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios, etc”. Hacer nacer me chifla. Porque expresa cómo la inspiración es un acto consciente, que requiere de nuestra decisión si queremos que florezca en nuestra vida.

Dicho en sencillo: Si te enchufas a la prensa rosa, a la COPE o al discurso de tu vecina quejosa, ¿qué calidad va a tener tu mente y tu ánimo para crear, para buscar soluciones o planteamientos nuevos en tu vida? De lo que se come se cría, decimos, y eso mismo pasa con nuestro ánimo y con nuestra creatividad.

(Los ingleses , en su línea punki, dicen: Garbage in, garbage out. El conocido GIGO: Si comes basura, no esperes que salgan flores de ti).

Miró: su inspiración y su huella

Yo no tengo muy buena memoria, pero no logro olvidarme de una exposición que vi hace muchos años (¿veinte?) sobre la vida del Joan Miró. Me impresionó la belleza de sus últimos años, que el artista los pasaba así: en su masía, rodeado de naturaleza, escuchando música clásica y leyendo poesía. Inspiraba arte y expiraba genialidad. (¡Quiero!).

Hace menos tiempo, una decena de años, conocí a una bailarina española que emigró a Berlín: allí no solo pagaban bien a los profesionales de la danza, sino que se preocupaban por su creatividad; digámoslo así: se la subvencionan. Elisa me contaba que podía desgravar las entradas de cine, del teatro o los libros. Se entendía que la cultura era un alimento imprescindible para el trabajo de artista. (Vecinos nórdicos: vítores y ovación).

3. LET IT BE.

Viajemos del let it go (el “soltar” del primer punto), al let it be. O sea: deja que la inspiración te llegue, facilítale el camino. Y eso no tiene que ver solo con lo que consumes a nivel artístico, sino con las condiciones en las que mantienes tu cuerpo y tu espíritu.

Fíjate en cómo se mantenían en forma algunos de los principales creativos del último siglo:

Mientras Gustave Flaubert escribía Madame Bovary no descuidó las charlas diarias con su madre, sus varias horas de lectura o sus paseos con la familia. Darwin solía dar tres breves paseos a lo largo de su jornada, hacer una siesta o jugar cada tarde al backgammon con Emma, su mujer (backgammon es un juego de mesa, eh). Pablo Neruda recibía visitas cada noche, Víctor Hugo iba al barbero a diario y Beethoven no perdonaba su lectura del periódico en la taberna del pueblo.

Ahora adapta todo esto al siglo XXI – gimnasio, escapadas a la montaña, comida saludable, buenos amigos, una serie Netflix bien parida-, y arrácante el 2019 como una lady o un gentelmán.

Preparar el terreno

La rutina diaria de Paul McCartney no me la sé (confesión), pero parece que una mañana se despertó junto a Linda con la melodía de Yesterday en la cabeza. Dio un salto de la cama y corrió al piano para tocarla y retenerla.

Una vez escrita, una preocupación asaltaba la mente del Beatle: ¿habré copiado inconscientemente la canción? Para asegurar su originalidad, consultó a varios directivos de discográficas. Y todos dijeron lo mismo: “No hemos escuchado nada igual”. Así que McCartney, a los tres meses, la patentó como propia.

Solo con el paso del tiempo los-que- saben señalaron un paralelismo inesperado: el de Yesterday… con un bolero. Bésame mucho parece compartir más de un rasgo con el hit sesentero. Fíjate aquí:

 

Y es que muchas veces las cosas nos inspiran sin darnos cuenta. Se cuelan en el inconsciente en silencio y no sabes por dónde llega exactamente lo que luego sale de ti.

¿Inspirarse o copiar?

El eterno dilema. ¿Dónde está la frontera entre fusilar a lo loco e ir a buscar inspiración en la obra de otro? ¿Es homenaje o robo?
Yo tengo que reconocer que miro por la rendija las creaciones ajenas en dos casos:

UNO.

Cuando hay algo que desconozco por completo y tengo que ir a buscar a un maestro que me muestre el camino. Ya sabes, la humildad del novato.

En la facultad de Periodismo ya nos lo decían: “Si no sabes cómo hacerlo, fíjate en los grandes”. Y corríamos, nosotros, ágiles adolescentes, en busca de modelos dignos en un periódico, en la radio y en la televisión.

DOS.

Cuando estás seco de ideas. No sabes cómo pasó, pero de pronto te bloqueas frente a tu tarea; el archivo que guardas en el ordenador con “Ideas” se quedó vacío; y tú empiezas a versionarte peligrosamente sobre las mismas premisas. [Como le pasaba a Camilo José Cela cuando se copiaba en sus discursos oficiales y todos se morían de vergüenza ajena].

¿Y entonces?

Y entonces, Internet.

Y entonces, una exposición, un curso, una biografía o un paseo por la naturaleza (daría lo que fuera por espiar la mente de Gaudí cuando convirtió las hojas de una planta en una hermosa reja forjada. Me refiero a ésta).

Ojo que yo también me inspiro con una canción, un vestido bello, una conversación/ discusión, o mirando por la ventana. El estímulo está en cualquier lugar. La última vez que bailé con mi sobrina, por ejemplo, pude escribir cinco horas seguidas de un tirón.

Your voice

La clave para no caer en el plagio es lograr que el estímulo pase por tu filtro personal. Que integres lo nuevo y, a partir de ti, obtengas algo diferente con tu propia voz. No sea que te pase como al dibujante argentino Nick a quien todos señalan porque su obra se parece sospechosamente/ un montón a la de varios de sus colegas. [No hay link porque no quiero contribuir al linchamiento del pobre hombre, que ya tiene bastante con su poca originalidad. Y de la inspiración y el rechazo ya hablamos con Sergi Torres aquí, ¿te acuerdas?].

La hoja en blanco y la tentación del calco también nos ocurre cada día en nuestras vidas: cuando replicamos sin cuestionar las soluciones a las que recurrieron nuestros padres, cuando nos encorsetamos en modelos sociales rígidos o cuando nos empecinamos en establecer límites que solo son síntoma de una falta terrible de creatividad. Lo hacemos sin rechistar y eso sí, eso sí que es el demonio (ponte a correr).

*¡Bienvenida inspiración! ¡Bienvenido 2019! 💛

 

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Borja Vilaseca | “La gran inversión del siglo XXI es invertir en uno mismo”
¿Cuáles son las tres inteligencias clave para desarrollarnos plenamente?

 

La educación como salvavidas y como trampolín

Dice Borja Vilaseca que tenemos mentalidad de empleados en un mundo (laboral) que ya no funciona como antes. Estamos desfasados. Pero hay buenas noticias: hasta que el sistema educativo se ponga al día, podemos adaptarnos a la realidad aplicándonos en dos sentidos: ser autodidactas y sacar ventaja de los recursos que ofrece Internet. Borja es taxativo: “Ahora el que es ignorante es porque quiere”.

¿De qué conocimientos carecemos, que son claves para desarrollar todo nuestro potencial?

  • Educación emocional.
  • Espiritualidad.
  • Emprendimiento.
  • Finanzas.

Dice, además, que existen tres inteligencias básicas que debemos atender.

***

El escritor en cuatro décadas

Hoy Borja Vilaseca es escritor, filósofo, conferenciante, profesor y emprendedor.

Hace 30 años era un niño de siete años travieso e hiperactivo.

Hace 20, un gamberro que tapaba su angustia interior con alcohol y otras drogas.

Hace 10, estaba a un paso de crear uno de los másters más exitosos de la Universitat de Barcelona, el Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo (que ahora, en su 29 edición, dirige desde su propio centro).

Hoy, en 2018, y después de una decena de libros, cientos de conferencias y varios proyectos, dice en su web: “En el momento de escribir estas líneas, a mis 37 años, estoy comprometido con impulsar mi verdadero proyecto vital: fundar una escuela consciente y revolucionaria”.

***

La entrevista

De cerca, Borja Vilaseca es como en sus vídeos. O más. Gesticula, abre mucho los ojos, se ríe, provoca. Enciende. Y a los diez minutos de conversación, ocurre algo irreversible: te alcanza su ola expansiva y entusiasta, y fuera de su voz no existe el mundo.

Borja Vilaseca

Yo he sido muy ignorante, pero ahora estoy dejando de serlo. Ojo, ignorante no es falta de inteligencia, es falta de conocimiento, en mi caso de auto-conocimiento. A mí nadie me enseñó educación emocional: para qué estaba aquí y todas esas cuestiones esenciales para aprender a ser feliz y encontrar el sentido de tu vida. Sumido en mi ignorancia, desde muy jovencito entré en una profunda crisis existencial, un gran vacío, mucho sufrimiento, y, claro, adopté una actitud victimista, reactiva, siempre culpando a alguien o algo, hasta que al final toqué fondo, con 19 años.

¿Qué te pasó?

Encadené experiencias muy duras (imagínate: gamberradas, botellón, sexo, enfermedad, palizas…). Y ya no pude más de sufrir. Con 19 años decidí emprender una búsqueda y empecé a escribir todo el proceso emocional que estaba atravesando. Fue una especie de catarsis. En seguida me di cuenta de lo bien que me hacía la reflexión y la introspección. Además, descubrí mi gran pasión: ser escritor.

Y desde entonces hasta aquí.

A los 19 años rompí con todo. Dejé a los amigos, viajé, estudié periodismo y leí mucho a los filósofos. Iba para pedante. Y, la verdad, mucho Nietzche pero yo seguía sufriendo. Y a los 24 años tuve otro punto de inflexión: descubrí el Eneagrama, hice un curso de crecimiento personal en Madrid, y entendí que miraba en la dirección equivocada: hacia fuera en vez de hacia adentro. Entonces dejé a leer a los filósofos y empecé a leer a los sabios. Dalai Lama, Lao Tse, Sócrates, Buda… Poco a poco fue desapareciendo el miedo y la ira, y fue aumentando la confianza y la serenidad. Así se sana la autoestima y puedes descubrir quién eres y para qué estás aquí.

La incomodidad te impulsó a cambiar, pero hay personas que viven su infelicidad de una manera más modesta, menos explosiva que tú.

Esas personas están en la zona de comodidad. Te dirán, seguramente, “no, pero si yo soy feliz”. Está bien, definamos felicidad. Para mí la felicidad no tiene que ver con ninguna causa externa, con un estímulo que venga de fuera, con ningún parche. La felicidad es más bien un aspecto interior, un bienestar que nos viene de serie y que proviene de la conexión con nuestra verdadera esencia. Insisto: a mí nada ni nadie me puede hacer feliz. Tú quítale a esta sociedad las farmacias, el tranquimazín, el fútbol, la religión, la televisión, las drogas, y desnuda al ser humano. Entonces cuéntame qué tal te va con tu felicidad. Lo que pasa es que las personas estamos enajenadas y esta sociedad proporciona anestesia las 24h del día. Y con las redes sociales, con la virtualización de la vida, todavía más.

¿Y entonces?

No podemos dar sed, sólo podemos dar agua. Y el agua solo sirve cuando hay sed. Lo que he comprobado es que las personas que no están muy mal tienen mucho miedo de iniciar un proceso de transformación, porque eso supondrá también cambios externos. “Tengo miedo a perder lo que tanto me ha costado conseguir”, aunque eso sea un imperio de mierda. Una pareja infeliz, un trabajo vacío… Tenemos miedo a la pérdida y a que el futuro sea peor de lo que tenemos ahora. Por eso el cambio es un acto de fe.

Muchas personas se están dando cuenta de que llevan años negándose a sí mismos. Reprimiéndose a sí mismos.

Abrirse a lo nuevo pese a la incertidumbre.

Sí. Y cuando una persona llega a un nivel de saturación de sufrimiento, cuando el dolor es mayor que el miedo al cambio, entonces hay una apertura. Se abre a lo nuevo porque no le importa perder lo que tiene ahora, que ya no valora tanto. Entonces se vuelve humilde, honesto y valiente y empieza a mirar hacia su interior. Cuestiona, suelta el victimismo, la culpa, y toma las riendas de su vida.

A mí el sufrimiento me llegó muy jovencito y por eso soy un gran afortunado. Porque yo iba para abogado, como mi padre, como mi abuelo. Y ahora estaría con contraje y corbata, puteado, marginando al filósofo que llevo dentro y, seguramente con una crisis de los 40 monumental. Hoy en día muchas personas se están dando cuenta de que, por el tipo de sociedad en el que vivimos, por las presiones y los miedos o por la falta de educación, llevan muchos años negándose a sí mismos. Se han reprimido a sí mismos.

Borja Vilaseca y los tres recursos clave

Nos han vendido un montón de creencias y mitos. La paternidad, por ejemplo: “Es algo maravilloso, ¿cuándo te animas?”. Y nadie te explica el berenjenal que implica ser padre y cómo te cambia la vida. También hay muchos estereotipos sobre lo financiero. “El dinero es malo”, “el dinero corrompe”, “es la raíz de todos los males”. Un montón de tonterías. Lo que pasa es que a los intermediarios de la industria, como el estado, las grandes empresas y los bancos, no les interesa que las personas como tú y como yo seamos conscientes, autosuficientes, responsables, que podamos valernos por nosotros mismos. No. Interesa que seamos esclavos, dóciles, ignorantes, sumisos para poder seguir manejando el cotarro.

¿Falta educación?

Sí. Yo creo que es necesario desarrollar tres grandes inteligencias para que un ser humano pueda adaptarse, prosperar y dejar de ser un esclavo: la inteligencia espiritual, la financiera y la tecnológica.

Empecemos por la inteligencia espiritual.

Nos desvela quiénes somos verdaderamente y para qué estamos aquí. Descubrir esto es complicado porque hemos tenido todo el condicionamiento del sistema, que nos ha castrado la autoestima, mutilado la confianza y aniquilado la creatividad. Es decir, nos ha educado para obedecer y para no pensar. La mayoría de la gente tiene un miedo atroz al cambio, miedo a la libertad, a la responsabilidad. La buena noticia es que cuando vislumbras la respuesta ya empiezas a ir en línea recta.

Hablemos de la inteligencia financiera.

La inteligencia financiera nos ayuda a resolver por nosotros mismos nuestros propios problemas laborales y económicos. ¡Cerca del 65% de la sociedad está en deuda y el dinero les quita el sueño! Y la tercera es la inteligencia tecnológica. Queramos o no, el mundo es virtual, robótico, automatizado. Estamos pasando de la era industrial a la era del conocimiento. Hay nuevas reglas del juego, nuevas directrices para que tú y yo podamos prosperar. En la era del conocimiento la principal fuente de riqueza es tu talento, tu creatividad y tu inteligencia. Todo lo demás se puede imitar, se puede copiar. Si tu trabajo lo puede hacer un ordenador, o lo puede hacer alguien de forma más barata que tú, lo acabará haciendo.

¿Dónde podemos encontrar ese conocimiento?

La palabra mágica se llama Internet. Hoy en día, en la era del conocimiento, si eres ignorante es porque quieres. La información es libre, es abundante y muchas veces es gratuita. Está claro que la gran inversión en el siglo XXI es invertir en ti mismo.

Un nuevo paradigma, una nueva mentalidad

¿Esta inversión en nosotros mismos implica que seremos capaces de sostenernos económicamente?  

Bueno, no estamos hablando de un empleo tradicional: en el futuro muchas personas están forzadas a crear su propia profesión. Tenemos una ayuda porque las tecnologías contribuyen a que nuestra creatividad encuentre nuevos cauces para llegar a más personas. Me refiero a todo el conocimiento que se empieza a vender y a consumir por Internet.

A los chavales de entre 15 y 25 años se les llama “la generación perdida” porque han sido educados bajo una perspectiva industrial y no tienen herramientas para enfrentar un mundo que ya no existe. Tienen mentalidad de empleados. Creen que el estado, las empresas, los bancos se deben hacer cargo. “Yo soy la demanda y a ver qué ofertas hay para mí en el mercado. Si tengo una licenciatura y un master tendré un trabajo seguro y estable para toda la vida”. Todo eso se ha derrumbado. Y ahora mismo, para mí, la única salida razonable y sensata es ser autodidacta, porque todavía falta mucho para que el sistema educativo (las escuelas, la universidad…) se reinvente.

Éste es un movimiento de ciudadanos libres, responsables, inquietos, que sienten necesidad de cambio, que ya no se quejan ni salen a protestar con la pancarta, porque ya es igual quién gane les próximas elecciones. Es la hora del cambio individual, la revolución de la conciencia. Nos hemos dado cuenta de que nos falta inspiración y recursos, no para seguir a otros, sino para seguirnos a nosotros mismos. Estamos en un punto de impasse y cada vez hay más personas caminando hacia un cambio de paradigma, hacia otra mentalidad.

 

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Ser blogger: mi máxima incomodidad

Llevaba seis meses de blogger cuando noté algo raro. ¿Voy bien? Me pregunté. Sí. Escribo posts para el blog, alimento el facebook, doy charlas. ¿Y entonces?

No sé. Hay algo.

¿Te gusta lo que haces? Sí.

¿Te gusta los temas que tratas? Sí.

¿Te gusta el formato? Sí.

Pero el runrún seguía, machacón y sutil, escupiendo desazón desde el fondo del inconsciente.

Hay algo, lo sé.

Y mi parte geminiana se empezó a desesperar. Digo geminiano porque un día me explicaron que los que tenemos a este signo en nuestra carta natal (a mí me tocó en la luna), nos volvemos locos cuando no sabemos de qué se trata el problema, qué es lo que no funciona, cuál es el origen del malestar. Necesitamos entender el mecanismo del conflicto para estar más tranquilos, aunque luego el nudo siga estando allí.  

Me contaron, además, una situación típicamente geminiana (una exageración, lo sé). Una avería desestabiliza un avión, que enseguida empieza su caída libre. Todos los pasajeros entran en pánico hasta que el piloto informa: “Uno de los motores está inoperativo y el otro se ha incendiado. Estamos en medio del océano y aproximadamente en ocho minutos impactaremos contra el agua”. Entonces el geminiano respira aliviado. En su esquema mental ya sabe qué es lo que ocurre.

Pero a mí, en cambio, el desentuerto me llegó varias semanas después, justo cuando empezaba a sentir las consecuencias. Cierta apatía, muy poca energía en general.

—No sé qué es —le dije a Samuel, mi pareja—. Pero no me gusta.

Y esas fueron las palabras mágicas que abrieron un torrente de explicaciones.

 

Mundo blogger: Adaptarse ¿o morir?

Ya sabéis que yo empecé a ejercer el periodismo cuando no existía Internet. Muchas veces (aquí viene la ternura y el shock) nos documentábamos en las bibliotecas a través de libros de verdad. Ay. Con esto quiero decir que pasé del paleolítico a la edad moderna de la comunicación en poco tiempo, sin grandes dificultades y con bastantes alegrías. ¡Ah, Internet!

Luego llegaron las redes sociales y el tiempo de community manager. Yo seguía aprendiendo, resolviendo cada dilema paso a paso: ¿cómo hay que expresarse en Facebook?, ¿cómo manejar al interlocutor?, ¿qué es lo que hace que tenga éxito un perfil? Esas cosas.

Y más tarde llegó la independencia laboral en mi vida y, con ella, la necesidad de expulsar a mis bichos internos para poder adentrarme en el mundo de las ventas. Yo que siempre había detestado a los comerciales (perdón, chicos, no era yo, eran mis creencias), me tuve que hacer un lavado interno para sentirme limpia y digna a la hora de ofrecer mis servicios a cambio de dinero.

La adaptación, hasta allí, bien.

Pero siempre hay más. Y después de seis meses de blogger en Y SI DE REPENTE, me di cuenta de que la inquietud venía por otro lados. La espinita podía resumirse así:

¿Hasta dónde tenemos que adaptarnos a las necesidades del marketing?

  • Si yo estoy en las antípodas de Twitter y me desparramo en palabras con cada idea, ¿debo reducir mis textos porque «la gente ahora lee menos»?
  • Si tengo el título perfecto de un post, ¿debo cambiarlo por otro con una palabra clave suculenta que me posicione mejor en los buscadores y me lleve a la gloria?
  • Si la clave está en conseguir suscriptores, ¿tengo que decirte “ey, suscríbete” a cada párrafo?

Y por fin di con el nombre y el apellido de mi incomodidad: temía renunciar a mi voz por las exigencias del negocio.

—No hay otra salida. Tienes que ser auténtica­— me dijo Samuel sonriendo (creo que siempre sonríe en estos momentos cumbre. Y yo se lo agradezco con las palmas muy juntas).

La palabra “auténtica” resonó entre mis orejas. Y entonces sentí un latigazo en el pecho: era el miedo de fracasar siendo yo misma. Y al segundo, no sé por qué, vino a mi mente Björk (me imaginé a su manager intentando amaestrar su power; “¿No ha pensado, señorita, introducir unos acordes de guitarra española, que ahora se llevan mucho?”). Vi a Camilo José Cela al pie de su máquina de escribir poniendo un solo punto en la novela (para desesperación de su editor), a Agassi vistiendo con pantalones fosforito en una pista de tenis horrorizada con el sacrilegio de color.

Ahora respiro. «No pierdas tu esencia», me digo, mientras cuento los likes.

Hace poco hice una entrevista (a la coach y artista Miriam Subirana) que acabó así: “Tú eres una barca que circula en el río de la vida”, me dijo. “Encuentra tu propio cauce, que será el que te lleve al mar. Y ten precaución: fluye navegando sobre el agua pero no dejes que el agua entre en tu barca, porque entonces te hundirás”.

Sonrío yo también mientras observo mi actividad mental como si fuera una pantalla de cine. No dejes que el agua entre adentro, Ana Claudia, que las fórmulas no se apropien de ti, que las tendencias no te arrastren y que puedas reconocerte siempre. En las buena y en las malas.

Sé que el trabajo no ha hecho más que empezar y que es sutil (¿cuál es el límite entre adaptarse al medio y morir fagocitado por las tendencias?), pero también sé que esta noche por fin dormiré tranquila. Mi luna geminiana ya sabe.

 

¿Y tú qué opinas? ¿Adaptarse o morir?

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